Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)
Las historias de espías suelen estar ambientadas en capitales europeas como Münich, Roma, París o Londres. Hay que hacer un ejercicio de imaginación muy grande para que la escenografía sea la 18 de Julio, el Parque Rodo, Durazno y Convención o dónde la calle Llupes encuentra a Belvedere.
Sin embargo, la geografía en la que una de las espías más importantes de la era soviética desarrolló buena parte de su carrera fue Montevideo. Fue en la capital uruguaya donde, bajo la fachada de su trabajo como modista, tuvo la oportunidad de relacionarse con la alta sociedad oriental.

Formación tradicional
África de Las Heras nació en 1909 en Ceuta, una de las provincias coloniales que España aún mantiene en el norte de África. Hija de Virtudes Gavilán de Pro y Zoilo de Las Heras, un militar de rango medio descendiente de una familia tradicional ceutí.
De tradición católica, estudió en el tradicional y prestigioso Colegio Sagrado Corazón de Jesús en Madrid, para continuar su educación en el colegio del monasterio de la ciudad de Melilla. Si bien no existen muchos datos sobre su juventud, se sabe que estuvo casada con Francisco Javier Arbat Gil, con quien tuvo un hijo que falleció de meningitis a temprana edad.
Matar a Trotsky
En 1934 participó en la Revolución de Octubre en Asturias, como miembro del Partido Comunista de España, y dos años después se sumó a las Juventudes Socialistas de Cataluña. Durante la Guerra Civil comandó una de las patrullas ciudadanas de Barcelona con sede en el Real Club Náutico. En esta época se casó con Luis García Lago, antiguo empleado bancario y militante comunista.
En ese contexto conoció a Ramón Mercader, quien en 1940 asesinaría a León Trotsky en la Ciudad de México. Gracias a esta relación, África se incorporó a los servicios de inteligencia de la Unión Soviética, la NKVD, antecesora de la tristemente célebre KGB.
«Después de la Guerra Civil, lo siguiente que se sabe de África de las Heras ya es que se ubica en México a finales del 39 en el entorno de Ramón Mercader y en el plan para asesinar a Trotsky. Hay algunos testimonios que la sitúan dentro de la casa de Trotsky, donde habría empezado a trabajar como ayudante con el nombre de María de la Sierra. Pero de eso no hay una confirmación real. Sí se sabe con seguridad que ayudó a Ramón Mercader» dijo a la BBC el periodista Javier Juárez, biógrafo de Las Heras.

Reinserción en París
Perpetrado el magnicidio, África es evacuada de México en un carguero soviético. Su destino fue Moscú, cuando la Segunda Guerra gastaba sus primeros cartuchos. Casi inmediatamente se une a una compañía de partisanos que operaba detrás de las líneas nazis en Ucrania. Allí se encargaba de la comunicación con los altos mandos moscovitas, permaneciendo en zona de combate hasta las postrimerías del conflicto.
Luego de la guerra, África reaparece –ya como miembro pleno de la KGB– en París con el nombre de María Luisa y con el oficio de modista. En la Ciudad Luz comienza a frecuentar algunas tertulias a la que solían concurrir personajes hispanoamericanos de la alta sociedad.
Allí conoce al escritor y compositor uruguayo Felisberto Hernández, con quién contraería enlace en 1948 con la bendición de la KGB. Poco después se mudan a Montevideo, desde donde María Luisa comenzó a tejer una impresionante red de espías en toda América del Sur. Su matrimonio con un miembro de la sociedad montevideana le servía para poder actuar sin levantar sospechas.
«En cuanto ella obtiene los papeles de la ciudadanía por su matrimonio con Felisberto, se separa de él –indica Javier Juárez–. Creo que fueron tres años lo que convivieron. Él estaba muy enamorado de ella. Evidentemente, ella no. Claramente fue utilizado».

Una red de espías
Tras el divorcio reincidió en el matrimonio, en este caso con el italiano Valentino Marchetti. Se sospecha que no fue enamoramiento sino una indicación de Moscú. Marchetti también era espía soviético y la URSS había elegido a Montevideo para coordinar la inteligencia en la región.
Uruguay era el país ideal para que la Unión Soviética instalara el centro neurálgico de sus actividades de inteligencia. Había permanecido neutral en la Segunda Guerra, ofrecía estabilidad económica y condiciones positivas para los negocios, y era uno de los pocos que mantenía relaciones diplomáticas con Moscú.
Según Raúl Vallarino, el periodista uruguayo autor de «Mi nombre el Patria», una novela biográfica sobre Las Heras, «si había un agente que tenía que instalarse en Ecuador, por ejemplo, o en Chile, tenía que pasar por Uruguay primero para que le hiciera los documentos María Luisa, o sea, África. Ella era la jefa de todo el servicio de espionaje en toda América del Sur».
En el Uruguay permaneció hasta 1969 sin que nunca nadie sospechara que la costurera mantenía una vida secreta. Sin embargo, las cosas habían cambiado tres años antes de la partida, con el fallecimiento de Marchetti.
Si bien el certificado de defunción indicaba que la muerte había sido por causas naturales, siempre existieron sospechas que había sido África / María Luisa quien había apurado los trámites. Lo cierto es que Marchetti se había puesto un poco crítico con la URSS mientras que Las Heras mantuvo siempre una lealtad incorruptible.

La niñera de los Ramos
En los años en Montevideo, Las Heras también ejerció el oficio de niñera. Así fue que trabajó para la familia Ramos, integrada por Jorge Abelardo Ramos y Fabriciana Carvallo, dos argentinos militantes de izquierda que, por avatares de su actuación política, debieron radicarse un tiempo en el vecino país.
Los hijos de la pareja, Víctor y la escritora Laura Ramos, nunca sospecharon de la verdadera ocupación de la señora que los iba a buscar al colegio y les servía la merienda. Laura la recuerda como «una persona de pelo entrecano, muy sobria, completamente anodina, con faldas largas que carga un paquete de masitas de la confitería Oro del Rhin. De trato muy agradable, de igual a igual, pero no cálida ni cariñosa con nosotros».
El impacto de descubrir, recién en 2018, que su niñera era una espía soviética la llevó a escribir el libro «Mi niñera de la KGB», el que narra su experiencia e investiga sobre la vida y las actividades de la mujer bautizada al nacer como África, renombrada en la Unión Soviética como Patria y que ella conoció como María Luisa.
Regreso con gloria
El regreso de África (o Patria, o María Luisa) a Moscú se produjo con honores de heroína, recibió el rango de Coronel de la KGB y fue condecorada con la Orden de Lenin. En Rusia se dedicó a entrenar nuevos espías y asesorar al gobierno sobre América Latina.
En 1988, meses antes del desmoronamiento de la URSS, falleció en Moscú. Su lápida en el cementerio de Khovanskoye dice, en ruso: «Coronel África de las Heras, 1909-1988» y, más abajo, una palabra en castellano: «Patria».




