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¿Vos cómo lo ves?

¿Vos cómo lo ves?. Hoy: «Retos peligrosos»

¿Vos cómo lo ves?. Hoy: "Retos peligrosos"
Lic. Patricia Orofino (*) Psicopedagoda Psicoterapeuta Familiar
Mat. 5108-76

Mientras la sociedad espera ansiosamente que finalmente se haga justicia para Fernando Báez Sosa, la vida sigue girando y las noticias de violencia en todas sus formas continúan y no dejan de sorprendernos… ¡No hay tregua!

Una adolescente de 12 años en la Provincia de Santa Fe, nos conmueve por su muerte tan absurda, ocurrida por cumplir con un reto de Tik Tok a pedido de sus amigas de las redes sociales.

No es el único caso, es una práctica extendida en varios países y con retos tan descabellados e insólitos, que nunca se nos hubiera ocurrido que existieran. Y la consigna de estos desafíos pareciera ser que cuanto más peligrosos… ¡mejor!

La plataforma premia el comportamiento más arriesgado, por lo que el miedo a perder es tan significativo que actúan sin pensar en las consecuencias. Necesitan sentir que están perteneciendo… sentirse parte de un grupo.

Este reto en particular, llamado “Blackout challenger” se trata del desafío de contener la respiración, ayudada por un objeto atado al cuello hasta llegar al desmayo, al mismo tiempo que se va grabando esta acción.

Uno se preguntaría… ¿qué lleva a los niños y adolescentes a llegar a estos extremos?

Cuando se va creciendo y se va dejando la etapa de la primera infancia, los retos están ahí. Como un juego y un modo de alcanzar metas: “a ver quién llega más lejos”, «¿quién se anima a trepar al árbol?”… y esto es normal que suceda. ¡Necesitan igualarse!

Pero, en este contexto social en el que estamos viviendo, lo digital tiene un papel preponderante en nuestras vidas y los retos virales son tan cautivadores en la etapa de la adolescencia, que los van llevando a una situación extrema en lo emocional y en la salud.

Hablemos de lo que pasa en la adolescencia

¡Una revolución de hormonas! Al mismo tiempo que aparecen cambios físicos, también con idéntica fuerza aparecen los amigos, salidas, los riesgos, mensajes distorsionados de las redes sociales y el propio miedo a crecer. ¡Hay que lidiar con todo esto!!

En esta etapa, los jóvenes son más vulnerables. Aún no tienen en claro sus metas; son invadidos muchas veces por el bajo nivel de frustración y la baja autoestima. Reforzado esto, si en la escuela o grupo de pares han sufrido bullying.

La vida social se abre amplia y se lanzan al complejo mundo de las amistades. Allí encuentran nuevo sostén y modelos para copiar.

Los jóvenes intentan darle sentido a sus pensamientos y acciones a través de los valores de la libertad, la amistad, la lealtad y el sentido de la vida.

Esta búsqueda es tan intensa, que pueden aparecer conductas adictivas, riesgosas y violentas que son maneras de mostrar angustias y soledades.

En esta edad de la rebelión contra los padres… si por alguna razón no están presentes, tal vez la sensación de vacío, de abismo y de ausencia… al no tener contra quien rebelarse, cometan transgresiones.

La impaciencia gobierna sus vidas  y todo lo prenden y apagan, esperando que el mundo funcione igual.

Destaco el valor de la lealtad, porque es muy valioso en esta instancia de la etapa evolutiva, más allá de las distorsiones. Sobre todo cuando los grupos se vuelven sectarios y la pertenencia se basa en tener enemigos.

 Esta lealtad la vemos reflejada en ejemplos recientes en los que los rugbiers imputados se mostraron leales hacia su grupo de pertenencia en el caso del crimen de Fernando Báez Sosa. Y en el caso de la adolescente que participó del reto viral, su lealtad fue hacia unas amigas que la presionaban.

Cuando los jóvenes sienten que los horizontes no existen, se generan perturbaciones y conflictos y es ahí cuando pueden comenzar los peligros. Se suma a esto la necesidad de distanciarse de los padres en un claro intento por diferenciarse.

Mafalda decía: «Paren el mundo que me quiero bajar””
¿Y cuál es la realidad social actual?

Existe una crisis estructural, cambio de paradigmas y creencias. La victimización y la falta de empatía son moneda corriente. La desconfianza que genera grietas; las fórmulas mágicas para resolver conflictos complejos, persistiendo a su vez en la repetición, la cual nos lleva indudablemente al error una y otra vez.

Se suma a todo ello la frustración de no tener continuidad en los proyectos;  el justificar lo innegable; la falta de respeto a la ley y la sensación de no haber una justicia justa y así minimizando lo verdaderamente importante.

Dentro de este contexto vemos que hasta la alegría se festeja con violencia… basta ver como ejemplo los festejos en los campeonatos de fútbol, etc…

En el pasado las fiestas se compartían; en la  actualidad cada uno hace la suya. Hacen mucho ruido, golpean, gritan… rompen y en eso quedaron atrapados los adolescentes.

Tal vez les gustaría expresarse de otra manera, pero no la encuentran.

Por todo ello es muy importante que la familia participe como sostén y referentes confiables en medio de tanta revolución.

Es muy difícil ser padres en esta época… y no es fácil adecuarse a las exigencias actuales; revisar viejas creencias y aceptar que las cosas van cambiando a una velocidad vertiginosa.

“Que el mundo no avance tanto, tan ciego, tan duro, tan implacable” canta Sabina

Haciendo una mirada retrospectiva, vemos que para huir del autoritarismo en el que muchos vivenciamos como padres y otros como hijos, en los años 70/80, el diálogo no era cosa común… se ordenaba desde un lugar superior.

Entonces, actualmente por temor a ser demasiado estrictos, se puede caer en dejar desierta la función de autoridad, la cual no es lo mismo que autoritarismo. Se estableció una suerte de paridad entre hijos y padres… a veces sin distinguir bien los roles.

La autoridad es mostrarse coherente con lo que se dice y lo que se hace. El límite les enseña lo que está bien y lo que está mal.

La enseñanza de la libertad es mostrar que no es hacer lo que uno quiere, sino lo que tiene sentido para su proyecto de vida.

La educación en la fuerza de voluntad no se logra dándoles, sino que se den cuenta que en la vida las cosas cuestan ganarse.

El desafío para los padres es poner límites sin sentirse mal por ello y saber que un NO, es esencial para el sano desarrollo del adolescente.

Hasta la próxima queridos lectores.

                                                                   ¡Que tengan un buen fin de semana!