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Fela, el héroe del gueto

Fela, el héroe del gueto
Por Germán Tinti (Especial para AGnoticias)

«Estaba justo en el corazón de África, hablamos de la experiencia negra, Nosotros éramos los únicos blancos ahí y fue demasiado intenso. Pero cuando la música sonó me puse a llorar, fue uno de los momentos musicales más increíbles de mi vida. La banda era estupenda». Paul McCartney rememora, en el filme «Finding Fela» su encuentro con ese músico que venía ganando adeptos en Europa y que llegaba desde lo más profundo de la África negra.

Fela Aníkúlápó Kuti (bautizado con el nombre de Olufela Olusegun Oludotun Ransome-Kuti) nació en 1938 en la ciudad de Abeokuta, a pocos kilómetros al norte de Lagos, capital Nigeria. Su padre era un pastor anglicano y maestro llamado Israel Oludotun Ransome-Kuti, mientras que su madre, Funmilayo Ransome-Kuti, era una de las primeras luchadoras sociales en favor de los derechos de las mujeres en su país, una pionera del activismo feminista, abogando constantemente por el sufragio femenino. Funmilayo fue la primera mujer en manejar un automóvil en Nigeria.

Negro busca departamento en Londres

Hacia el final de su adolescencia se instaló en Londres, primero para estudiar medicina, pero finalmente se inscribió en la Trinity School of Music. Desde niño había recibido lecciones de piano y tenía una formación clásica, pero en Inglaterra se inclinó por el saxofón, fascinado por ritmos y cadencias que desconocía.  Así se encontró con el jazz, el bebop, la salsa y otros ritmos surgidos en América con indisimulables raíces africanas.

Fue en la capital británica donde empezó a tomar conciencia del racismo en la sociedad europea. Cuando buscaba un departamento para alquilar, los anuncios solían poner la aclaración «no se admiten perros ni negros». No obstante ello, Fela no se desanimó y continuó desarrollándose como músico de jazz, integró algunas bandas londinenses y a mediados de la década de 1960 regresó a Ghana en donde adquirió un cierto renombre fusionando ritmos Yoruba (basados fundamentalmente en la percusión que ejercieron gran influencia en la música brasileña y en la murga uruguaya), el Highlife (un género surgido en Ghana que se caracteriza por el predominio de los bronces): nacía el «Afrobeat».

Cantándole a la sopa

A principios de la década de 1970 realizó una gira por Estados Unidos y allí entabló relación (en todo sentido) con la cantante y activista por los derechos civiles Sandra Izsadore. Integrante de las Panteras Negras, Izsadore (que en ese entonces se apellidaba Smith) modificó la perspectiva musical y política de Fela.

«Los escuché ensayar y me gustó –recordaría Izsadora años más tarde– pero no tenía idea de qué decían. Así que le pregunté ‘Fela, ¿qué estás diciendo?’ y me contestó que cantaba sobre su sopa, sobre nada. Me reí y le contesté: ‘Eso no tiene sentido, deberías usar tu música para educar. Escribe canciones que tengan sentido’. Buscaba orgullo africano, pero él me dijo que no había orgullo en África. Estaba impresionada».

Un país propio

Por aquella época fue que Paul McCartney lo escuchó y decidió conocer al fenómeno in situ. También fue cuando las canciones y las declaraciones de Fela Kuti empezaron a molestar al poder de turno. Escandalizaba con su poligamia (llegó a tener 27 esposas) y asustaba con la popularidad que adquirió desde la República de Kalakuta, la micronación que fundó en su propia casa, en la que vivió con su familia y los miembros de su banda.

El «país» se ubicaba en el número 14 de Agege Motor Road, en la capital nigeriana. Disponía de un centro de salud gratuito y un estudio de grabación. Fela declaró su independencia de Nigeria después de volver de Estados Unidos en 1970.

Llevaba un estilo de vida desaforado. La periodista Sagrario Luna, autora de la biografía en español más completa del músico explica que comenzó a acercarse a su figura como fan, pero que pronto se dio cuenta de que era un enfoque imposible: «Conforme lo iba conociendo me di cuenta de que había momentos en los que era un hijo de puta, un machista y en otros momentos un revolucionario. Yo tenía que digerir todo eso y darme cuenta de que era un ser humano».

Palabra del hijo

«Me acuerdo de sus primeros hits en 1971 y la manera en que competíamos con mis hermanas para ver quién aprendía primero las letras o quién sacaba los mejores pasos de baile –recuerda uno de sus hijos, Femi Kuti–. Lo vi tener un éxito tras otro desde entonces y lo vi perder todo lo que tenía después de los primeros ataques de la policía. Recuerdo cuando incendiaron su casa en 1977, cuando asesinaron a mi abuela, cuando lo encarcelaron injustamente o cuando lo golpearon tan brutalmente que hasta quebraron huesos de su cabeza. Es aterrador pensar que seguimos viviendo en la misma situación de entonces, pero la intención desde siempre fue llevar con nuestras canciones esta antorcha. Y si el mensaje es una pastilla muy amarga, la música es el trago agradable que la acompaña».

Es que la persecución contra Kuti se tornó feroz, particularmente después de que fundara su propio partido político («Movimiento del Pueblo») y se postulara a presidente en 1979, aunque su candidatura fue rechazada.

Los allanamientos de su hogar eran casi cotidianos y la violencia ejercida por los agentes del gobierno era cada vez mayor y más descontrolada. Su casa, tal como cuenta Femi, fue quemada dos veces en ataques que el gobierno nunca reconoció como propios, pero esas cosas se saben. En el primero los invasores arrojaron a la madre del músico por una ventana. La mujer murió poco después.

En manos de un caradura

Luego de esa traumática experiencia, Fela Kuti entró en una deriva mística y violenta. Se apegó a un chamán que se hacía llamar Profesor Hindú y descargaba violentos castigos físicos a quienes ponían en dudas los consejos del gurú. El «héroe del gueto» mutaba en un manipulador violento de quien se alejaban sus antiguos seguidores.

Para el cineasta brasileño Joel Zito Araujo, director del documental «Mi amigo Fela», «el profesor hindu era un caradura que percibe su fragilidad, que era su deseo de seguir en contacto con su madre fallecida. Esta es la gran contradicción de Fela: fue muy machista con sus esposas pero las personas mas importantes de su vida fueron mujeres».

Cárcel y decadencia

Panafricanista y socialista, apoyó especialmente a los presidentes de Ghana, Kwame Nkrumah y de Burkina Faso,Thomas Sankara, al tiempo que seguía de cerca los pasos del movimiento del Poder Negro Americano, una de sus influencias políticas.

En 1983 volvió a postularse a presidente, pero fue encarcelado bajo cargos de contrabando y condenado a prisión. Luego de 20 meses encarcelado, fue liberado por un nuevo gobierno.

Después de ello, su actividad comenzó a disminuir. En 1986 actuó en el estadio de los Gigantes de Nueva Jersey en los conciertos de Amnistía Internacional junto a Bono, Carlos Santana, y The Neville Brothers. En 1989 lanzó el disco «Bestias sin nación» en el que atacó duramente a Margaret Tatcher, Ronald Reagan y al gobierno militar de Nigeria. Luego, prácticamente dejó de editar discos. Algunos años después comenzó circular el rumor de que había contraído VIH, lo que se confirmó el 2 de agosto de 1997, cuando se anunció su muerte. Tenía 57 años.

Un muerto que no para de nacer

Desde su muerte su popularidad no ha parado de crecer en todo el mundo. En Buenos Aires, cada año, se lleva a cabo el FELA (Festival Latinoamericano de Afrobeat). En una encuesta reciente, la revista Rolling Stone lo ubicó en el puesto 188 entre los mejores 200 cantantes de la historia y el año pasado estuvo a punto de ingresar al Salón de la Fama del Rock And Roll.

Creó un estilo musical que hoy es global, le transmitió a sus coterráneos el orgullo de su africanidad, enfrentó a poderosos y corruptos, sufrió persecución, cárcel y proscripción, se casó con 27 mujeres y luego se divorció de 20, y también le hizo fumar a Paul McCartney el mejor porro de su vida. Fela Kuti, el héroe del gueto.