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Crónicas al Voleo

El oso que luchó en la Segunda Guerra

El oso que luchó en la Segunda Guerra
Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)

En 1939 las tropas alemanas invadieron media Polonia y dejaron oficialmente inaugurada la Segunda Guerra Mundial. Casi al mismo tiempo la Unión Soviética hacía lo propio con la mitad restante. En aquel tiempo Stalin, tal vez despechado porque no pudo hacer una alianza con Gran Bretaña y Francia en contra de Alemania; se juntó a tomar unas birras con Hitler y acordaron una alianza en contra de Francia y Gran Bretaña. La amistad no duraría mucho y finalmente Winston Churchill y el líder de la Francia Libre, Charles De Gaulle, coincidieron que lo primero era ocuparse de los nazis. Y recibieron a Iósif Vissariónovich Dzhugashvili como un querido amigo.

Hasta entonces, alemanes y soviéticos hicieron estragos en Polonia. Su ejército, al momento de la derrota, contó más de 66 mil bajas. Los Alemanes tomaron más de medio millón de prisioneros, en tanto que los rojos mandaron de tour a Siberia a unos 100.000 presos, de los cuales casi la mitad eran militares. Tras un acuerdo con Gran Bretaña y luego de un invierno sufrido en tiendas de campaña y con temperaturas de hasta 50 grados bajo cero, los sobrevivientes fueron evacuados a Irán donde fueron acogidos por los británicos.

Un osito en las montañas

Una vez recuperados de un año de penurias en las frías estepas, los soldados polacos fueron enviados al Líbano, donde se encontraban fuerzas de compatriotas. Era la larga caravana de camiones que recorría penosamente los dos mil kilómetros que separaban Teherán de Beirut. Cuando atravesaban la zona montañosa del noroeste de Irak encontraron un muchacho que llevaba un cachorro de oso pardo bastante maltrecho. Los soldados alimentaron al joven y le compraron el osezno, que fue adoptado como mascota de la 22ª Compañía de Suministros de Artillería.

Bautizado Woyjtek el oso acompañó a las tropas polacas en su larga estancia en Líbano, donde al principio fue alimentado con biberones improvisados en botellas de vodka y luego con raciones de carne y golosinas que le daban los soldados, que encontraban en la simpatía y el cariño del plantígrado un pequeño descanso a los rigores de la vida militar en guerra.

Cuando los polacos fueron movilizados para participar en la sangrienta batalla de Monte Cassino, se llevaron a Woyjtek. Para ese entonces el plantígrado había cambiado las precarias mamaderas con leche condensada diluida en agua por la cerveza. A punto de embarcar en Alejandría los británicos informaron que no se podían llevar mascotas, por lo que el oso tendría que quedarse en Egipto. Para evitar esto, Woyjtek fue alistado al ejército de Polonia y entonces pudo subir al buque. Dicen que el oficial inglés que controlaba el embarque examinó sorprendido las credenciales del oso, hizo un gesto de resignación y le dio la bienvenida a bordo.

Woyjtek entra en combate

Los polacos entraron en combate en Monte Cassino en el mes de abril. Su misión era abastecer de alimentos y munición a las tropas de avanzada, en medio de una escarpada y peligrosa geografía. Literalmente, Woyjtek se ofreció para transportar las pesadas cajas que eran enviadas en mulas al frente de batalla.

Sin dar muestras de fatiga, y sin asustarse en ningún momento por el ruido de las continuas explosiones, el animal colaboró con su gran fuerza y su recia resistencia al heroico papel de los polacos en Monte Cassino, que culminaría en mayo con la toma de una milenaria abadía y la colocación de la bandera polaca en sus ruinas. Entonces, la imagen del oso cargando una voluminosa pieza de artillería se convirtió en el emblema de la 22° Compañía de Suministros de Artillería.

Llega la paz

«Una vez finalizada la contienda, los soldados polacos fueron trasladados a Gran Bretaña y, como no podía ser de otro modo, Wojtek fue con ellos. Llegaron a Glasgow, en donde fueron recibidos triunfalmente por la población. Pero la gran atracción era sin duda Wojtek, que desfilaba orgulloso al frente de sus compañeros por las calles de la ciudad escocesa. Ese fue el gran momento de gloria del que era ya popularmente conocido como el Oso Soldado» relata el periodista español Jesús Hernández en su libro «Historias asombrosas de la Segunda Guerra».

El «Oso Soldado» convivió con la tropa polaca hasta que esta fue desmovilizada y todos los soldados adquirieron condición de civiles. Impedidos de volver a su país, ocupada totalmente por la Unión Soviética. Entonces, antes de seguir cada cual su camino, intentaron liberar a Woyjtek en algún bosque inglés, pero las leyes británicas no permitían tal cosa (ni aun tratándose de un héroe de guerra), por lo que fue enviado a un zoológico de Edimburgo, donde fue recibido como una celebridad.

Un triste retiro

«Sus antiguos compañeros, ahora civiles, le visitaban a menudo –apunta Hernández; una vez allí, le llamaban por su nombre y el oso, conociéndoles, les saludaba levantando una pata. Algunos de ellos saltaban la valla y pasaban unos minutos jugando con él disputando un combate de lucha libre». Sin embargo, los años fueron pasando, muchos veteranos murieron o abandonaron Gran Bretaña, y las visitas de sus amigos fueron cada vez menos y más espaciada.

Woyjtek fue envejeciendo y deprimiéndose. En los últimos años prácticamente ya no respondía a los estímulos exteriores. Permanecía acostado, impávido ante los gritos del público que requería su atención. Ni cerveza le daban.

Murió el 15 de noviembre de 1963 sin poder llegar a conocer el país por el que peleó. Las autoridades del zoológico erigieron una placa en su memoria, en una ceremonia a la que asistió una buena cantidad de veteranos polacos y británicos, como así también altas autoridades militares inglesas.

Héroe de guerra

Estatuas en su memoria se erigen en el Imperial War Museum de Londres, en el Canadian War Museum de Ottawa y en innumerables plazas y parques de Polonia, en homenaje a este animal que entró con todos los honores en la historia militar, no solo por su espíritu de sacrificio, sino por la camaradería y amistad demostrada durante la guerra.

También es altamente reconocido en múltiples organizaciones militares europeas de infantería y vehículos. Asimismo, recibió (post mortem) la máxima condecoración al valor en combate y en la actualidad es considerado un héroe en el país que lo adoptó pero nunca pudo pisar.

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