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El batallón de las cartas perdidas

El batallón de las cartas perdidas
Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)

No siempre es del todo valorada la importancia que tenían las cartas que recibían los soldados en el frente durante la Segunda Guerra Mundial. Recibir una misiva de su familia podía ser uno de los momentos más esperados de toda la semana o del mes. No era solamente una comunicación: era una conexión con la vida que había quedado atrás.

El soldado podía estar a miles de kilómetros de su hogar, rodeado de compañeros, ruido, barro, frío, miedo y muerte. La carta de su madre, esposa, novia, padre o hijos le recordaba que existía una vida más allá del frente. En cierto sentido, la carta decía: «Todavía pertenecés a ese mundo. Te estamos esperando». Esto era particularmente importante para quienes llevaban meses, e incluso años, fuera de sus hogares.

El alto mando norteamericano se percató de esto recién en las postrimerías de una guerra a la que se había sumado en 1941, luego del ataque japonés a la base de Pearl Harbor en Hawaii. Hasta entonces, Franklin Delano Roosevelt se había mantenido neutral.

Las chicas del 6888

Los jefes, en 1945, se anoticiaron que había, en diversos galpones ubicados en territorio dominado por los aliados, 17 millones de cartas que esperaban ser entregadas a los soldados que intentaban sobrevivir en las trincheras europeas.

En este punto es donde entra en acción el 6888º Batallón Central del Directorio Postal, integrado por 855 mujeres de diversas etnias, pero en su mayoría negras. A ellas el Pentágono destinó en Birmingham para afrontar y solucionar un monumental atraso en la entrega de correspondencia, que en algunos casos superaba los tres años.

Por primera vez en la historia, una mujer negra estaría al frente de una división en el extranjero en el Ejército de los Estados Unidos. La Mayor Charity Adams, una joven de 26 años natural de Carolina del Norte, quedó al mando de un grupo de mujeres que deberían afrontar una tarea ciclópea.

El 6888 partió de los Estados Unidos el 3 de febrero de 1945, navegando en el transatlántico Île de France y llegando a Greenock, cerca de Glasgow. En el trayecto se cruzaron con varios submarinos alemanes. Lo que obligó al barco a realizar maniobras evasivas, pero llegó a Escocia sano y salvo. El batallón fue transportado en tren a Birmingham.

Deplorables condiciones

Desde el principio, en las instalaciones del King Edward’s School, debieron trabajar en un medio absolutamente insalubre, con polvo, humedad y moho. Esto, además de la compañía de cientos de ratas que buscaban (y encontraban) comida en mal estado en las enormes pilas de paquetes atrasados.

Además, las integrantes del «six triple eight» tuvieron que afrontar la falta de instalaciones sanitarias adecuadas y discriminación sexista y racista. Debían higienizarse en condiciones por demás precarias y alimentarse separada del resto de los soldados. Inclusive, en diversos locales comerciales y en medio de transporte, algunos soldados exigían que se respetaran las leyes de segregación racial vigentes en Estados Unidos.

Como si todo esto fuera poco, también soportaron las habladurías y rumores que insinuaban que el batallón no estaba en Europa para los fines anunciados, sino para «entretener» a las tropas. Aun así, muchas de ellas se sentían mejor tratadas por la población local que por sus propios compatriotas.  Y en este contexto, el 6888 debía cumplir su misión en un plazo perentorio de seis meses.

Trabajo sin pausa

Con la premisa de que la falta de comunicación con seres queridos afectaba la moral de la tropa, estas mujeres encararon la tarea a toda máquina. Divididas en tres turnos de ocho horas, trabajaron 24 horas al día, los siete días de la semana

El 6888 ideó su propio sistema para gestionar el retraso en el envío de correo. Este incluía la creación y el mantenimiento de un fichero, que llegó a contener 7 millones de fichas de personas con nombres iguales o similares, utilizando números de serie militares para distinguirlas. Cada turno gestionaba aproximadamente 65 000 piezas de correo. En muchos casos debían lidiar con referencias que poco ayudaban a su tarea, como destinatarios poco precisos tales como «Jim – 5ª División».

Con esta forma de trabajo, lo que se calculaba que llevaría medio año fue solucionado en la mitad del tiempo. En solamente tres meses el Six triple eight normalizó la entrega de correo en Gran Bretaña y Francia.

Traslado a Francia

Finalizada esta primera parte de la misión, el batallón del correo fue trasladado a Rouen, al norte de Francia, para solucionar el atraso en la entrega de correo en la región, que acumulaba correspondencia de hasta tres años.

En octubre de 1945, el correo en Rouen había sido despejado y el 6888 fue enviado a París. En la recuperada Ciudad Luz marcharon por la ciudad y se alojaron en un hotel de lujo, donde recibieron un trato de primera clase. Durante este tiempo, debido a que la guerra había terminado, el batallón se redujo en 300 mujeres, y otras 200 serían dadas de baja en enero de 1946.

Desde entonces, el 6888 fue deslizándose hacia el olvido. La historia, durante muchos años, desdeñó la importancia de la labor de estas 855 mujeres. Si bien en su momento recibieron merecidas condecoraciones, recién el 15 de marzo de 2016 fue incorporado al Salón de la Fama de la Fundación de Mujeres del Ejército de los Estados Unidos.

La deuda de la historia

Damani Davis, archivista experta en registros afroamericanos, expresó que «la falta de reconocimiento que sufrieron estas mujeres negras a su regreso ejemplificó la indiferencia general, e incluso la hostilidad, que los veteranos negros recibieron por parte del público estadounidense en general después de la Segunda Guerra Mundial. Pero al igual que sus compañeros varones negros, la experiencia en el extranjero de estas mujeres les brindó la motivación y la determinación adicionales para luchar aún con más ahínco contra las desigualdades en su país».

El 14 de marzo de 2022, el presidente Joe Biden firmó un proyecto de ley para otorgar la Medalla de Oro del Congreso al 6888º Batallón Central de Directorio Postal. Hasta esa fecha, Anna Mae Robertson, Cresencia Garcia, Fannie McClendon, Gladys E. Blount, Lena King y Romay Davis eran las únicas supervivientes del 6888.º Batallón.

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