Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)
El primer antecedente del Chicken Ranch lo encontramos allá por 1844. Fue cuando abrió en La Grange, un pueblo distante unos 100 kilómetros de Austin, en el Estado de Texas, el negocio de una mujer conocida como señora Swine (evidentemente un apodo, ya que significa «cerda»), una viuda que vio el nicho y le metió para adelante.
El burdel de la Sra. Swine funcionaba en un hotel cercano al «salón». Las muchachas, tres chicas llegadas de Nueva Orleans, alternaban con los parroquianos en el vestíbulo y cuando algún cliente decidía contratar los servicios de alguna de ellas, utilizaban uno de los cuartos del hotel que la madama alquilaba para tal fin.
Las cosas marcharon muy bien para Swine y sus chicas por lago más de una década, hasta que llegó la guerra de Secesión. Trascendió que la regente era Yankee y fue cortés y firmemente invitada a abandonar La Grange por las fuerzas confederadas. Y no estaban los tiempos para estar haciéndose la rebelde.

Llega Miss Jessie
Pasó la guerra y recién con el nuevo siglo volvemos a encontrar registros sobre el que terminaría siendo el Chicken Ranch. En 1905, una mujer llamada Faye Stewart, pero por esos temas de los antecedentes policiales se hacía llamar Jessie Williams, adquirió una propiedad a orillas del río Colorado, en los suburbios de La Grange, y abrió un lupanar.
Miss Jessie —como ya era conocida Williams / Stewart— aplicaba un riguroso derecho de admisión y excluía prolijamente a los borrachos. Asimismo, recibía gentilmente a políticos y agentes de la ley. Estas dos características hicieron que el negocio fuera tolerado sin problemas por las autoridades, muchas de las cuales eran asiduos clientes.
Como el negocio funcionaba, alrededor de la casa de Miss Jessie fue creciendo rápidamente una verdadera zona roja. Los piringundines brotaban como hongos luego de la lluvia. Esto —naturalmente— escandalizó a una parte de la población que, en 1917, se lanzó una intensa campaña en contra de las casas de tolerancia y a favor de la moral y las buenas costumbres.
La vida rural
Sin intención de intervenir en conflicto alguno, Williams decidió mudarse fuera del ejido municipal. A tal fin compró un terreno de unas cuatro hectáreas a pocos metros de la transitada ruta que une Houston con Austin. En este emplazamiento el local comenzó a llamarse oficialmente Chicken Ranch.
En esa época, dos hermanas que trabajaban en el establecimiento y que además de alternar estaban a cargo de las relaciones públicas, en un acto de lo que podríamos denominar «marketing patriótico», comenzaron a enviar cartas y paquetes a ciudadanos de La Grange que se encontraban luchando en la Primera Guerra. Cuando volvieran, aquellos que sobrevivieran, serían potenciales clientes.

También fue entonces que el Chicken Ranch comenzó a hacer publicidad a través de volantes y cartelería en la ciudad. Este hecho y el aumento del parque automotor contribuyeron para que la concurrencia al local fuera en constante aumento.
La propiedad parecía una típica casa de campo texana, como tantas veces hemos visto en películas. En el exterior no había ningún anuncio que indicara que allí funcionaba un burdel y la entrada era discreta y carecía de iluminación. El que quería llegar, podía llegar.
Llegan los pollos
A los servicios propios de un lupanar, el Chicken Ranch (o más bien su dueña y sus trabajadoras) agregó uno aún más infame: el de informante de la yuta. Cada noche el Sheriff local, Will Loessin, visitaba el local para controlar que todo estuviera tranquilo y enterarse de los últimos chismes. Las chicas le contaban si algún cliente se había jactado de haber cometido algún crimen y Loessin procedía en consecuencia. Varios delitos se resolvieron entre las luces de colores del establecimiento.
La gran depresión afectó a todos los sectores comerciales de los Estados Unidos y el Chicken Ranch no se salvó. Al caer dramáticamente el número de clientes, Jessie Williams comenzó a aceptar canjes y fijó el precio por cada acto sexual en un pollo vivo. Y fue entonces cuando el negocio justificó su nombre. Debe haber sido todo un espectáculo esa procesión de clientes peregrinando al caer la noche con un pollo revoloteando en sus coches.
En 1946 Will Loessin se acogió a los beneficios de la jubilación y su cargo de Sheriff fue ocupado por Jim T. Flournoy. Y se sabe: nuevo sheriff, nuevas reglas. Flournoy no viajaría más cada noche a tratar de enterarse de las novedades del submundo que solía convocar el Chicken Ranch. El alto jefe policial se inclinó por la practicidad y la tecnología e hizo colocar una línea telefónica directa para que Williams y sus chicas le transmitieran toda información que pudiera ser de su interés.

Asume Edna
Al comenzar la década de 1950, Miss Jessie comenzó a sufrir artritis y comenzó a delegar funciones en una pupila que hacía poco se había incorporado al staff: Edna Milton. La joven ganó la confianza de la ya veterana dueña y se fue haciendo cargo de muchas de las cotidianas responsabilidades administrativas del negocio.
Jessie Williams falleció en 1961 y entonces Milton compró la propiedad y le cambió el nombre. El Chicken Ranch pasó a llamarse «Edna’s Fashionable Ranch Boarding House». Pero en general mantuvo las directivas básicas de su antecesora: Las chicas no podrían socializar con la gente de La Grange, ni beber ni hacerse tatuajes. Además, cada nueva pupila debía presentar un certificado de antecedentes y dejar su fotografía y sus huellas digitales. Semanalmente las pupilas debían visitar al médico del pueblo para prevenir enfermedades infecto-contagiosas.
Asimismo, Edna Milton tendió lazos con la comunidad de La Grange. Compraba los suministros del negocio en tiendas locales de forma rotativa y se involucró en causas cívicas, lo que la convirtió en una de las filántropas más importantes del lugar.
Modelo de negocios
Desde entonces el Chicken Ranch (todos lo continuaban llamando así) tuvo un éxito inusitado. Tenía clientes de las bases militares de la región y de la Universidad de Texas A&M. De hecho se corrió el rumor de que muchas de sus chicas eran estudiantes de esa universidad.
Cada prostituta tenía entre cinco y veinte clientes al día. En la década de 1950, cobraban 15 dólares por quince minutos (equivalente a 180 Dólares actuales), de los cuales se quedaban solamente con el 25%. El resto debían entregarlo a Milton, que asumía todos los gastos de alojamiento, manutención y médicos. En sus años dorados, durante la década de 1960, el Chicken Ranch generaba medio millón de Dólares por año (lo que hoy serían más de cinco palos verdes). Las chicas ganaban unos 300 Dólares por semana (más de más de tres mil en la actualidad).

El final
En la década siguiente comenzaron los problemas. En 1972 sufrió su primera clausura cuando el Departamento de Seguridad Pública de Texas constató que en dos días habían ingresado casi 500 clientes. Si bien al poco tiempo reabrió, fue objeto de una investigación periodística encabezada por Marvin Zindler y la repercusión que tuvo en todo el estado de Texas llevó al gobernador Dolph Briscoe a cerrarlo definitivamente. No obstante, durante meses siguieron llegando potenciales clientes que debían volverse decepcionados.
En 1973, el trío texano ZZ Top publicó el álbum «Tres hombres» (así, en castellano) en el que incluyen el tema «La Grange», un homenaje al lenocinio con poderosos riffs de guitarras. «Corre el rumor por ese pueblo de Texas / sobre aquella casita a las afueras de La Grange, / y ya sabes de qué hablo. / Solo avísame si quieres ir a ese lugar en plena campiña; / tienen un montón de chicas lindas / Bueno, dicen que está bien / Si tienes tiempo / Y los diez para entrar. / Y dicen que se pone a tope casi todas las noches / Pero bueno, puede que me equivoque».




