Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)
La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón, conocidos en el barrio como Los Templarios, fueron una orden religioso / militar fundada aproximadamente en 1118. Nace como consecuencia de la conquista de Jerusalén por parte de Los Cruzados y las consecuentes y numerosas peregrinaciones que se generaron.
Surgen como iniciativa de un pequeño grupo de caballeros franceses, encabezados por Hugo de Payns. Con el objetivo inicial de convertirse en una hermandad dedicada a proteger a los peregrinos en los inseguros caminos hacia Jerusalén.

Con los años, eso de «pobres» fue quedando en el olvido. Fueron una de las congregaciones más poderosas de su época. Se ganaron la simpatía de reyes, nobles, papas, comerciantes y peregrinos (que no eran menesterosos ni mucho menos) y se convirtieron en una organización poderosa militar y económicamente.
Todo iba bien hasta que al iniciarse el siglo XIV cayeron en desgracia y el Rey Felipe IV de Francia ordenó la disolución de la Orden y la detención de todos sus miembros. Allí nace la leyenda.
Con rumbo sudoeste
Aparentemente una flota templaria escapó de Europa y llegó a América un siglo y medio antes que Cristóbal Colón. Y, según esta teoría, estos muchachos habrían llegado a nuestro continente con una parte de sus riquezas y con su mayor tesoro: el Santo Grial.
¿Qué diantres es el Santo Grial? Según los lingüistas, provendría del término latino «gradalis» que implica la idea de un plato que es llevado a la mesa en diferentes momentos («gradus») de una comida. En la tradición cristiana se refiere a la copa que habría utilizada por Jesús en la última cena.
La leyenda suma ramificaciones y el sencillo objeto va sufriendo transformaciones que van desde un recipiente misterioso a objeto sagrado. De allí pasa a ser la copa de la Última Cena, convirtiéndose por ende en una reliquia de Cristo y, en consecuencia, en un objeto de poder sobrenatural.

Probablemente lo más serio que se haya publicado al respecto haya sido la película «Indiana Jones y la última cruzada». Allí, el personaje de Harrison Ford encuentra el preciado objeto que era custodiado por un templario milenario y lo usa para salvar la vida de su padre, para luego dejarlo en el templo secreto que comenzaba a derrumbarse.
La cruz paté
Pero volviendo a la flota templaria, de la que no existe documentación histórica alguna, muchos suponen que la misma puso proa hacia un aún no descubierto continente Americano. Y la suposición nace por algunos indicios que serían huellas del paso de la Orden por nuestra tierra si le pusiéramos mucha voluntad e imaginación.
La cruz paté (o croix pattée) es un tipo de cruz cuyos cuatro brazos se ensanchan hacia los extremos, como si cada brazo tuviera forma de pata. El nombre viene del francés patte (“pata”). Este diseño ha estado vinculado históricamente a los Caballeros Templarios y algunos arqueólogos han encontrado, o creído encontrar, este símbolo en piedras y construcciones de la Patagonia.

Sin embargo, esta cruz no ha sido de uso exclusivo de los templarios. También fue utilizada por distintas órdenes religiosas y militares. Y posteriormente, se convirtió en un símbolo bastante extendido. Por eso, encontrar una cruz de ese tipo no demuestra por sí solo una presencia templaria. Como ejemplo basta recodar que era la que dibujábamos en las velas de la Santa María, la Niña y la Pinta.
Un mítico fuerte
El Fuerte Argentino es una enorme meseta rocosa situada al sur de Las Grutas, en la costa rionegrina, de unos 6 km de extensión y alrededor de 190 metros de altura. El sitio habría sido usado por los Templarios como punto de arribo y de observación.
La versión afirma que en el lugar habrían escondido buena parte de la fortuna en piezas de oro que se habrían llevado de Europa cuando cayeron en desgracia y —obvio— el mismísimo Santo Grial. El sitio tendría una conexión con la ciudad mítica de los Césares, algo que fue (y es) buscado por colonizadores, historiadores, aventureros y creyentes de leyendas fabulosas en general. Fuerte Argentino es, también, el primer paso en el camino a la meseta de Somuncurá.

Ajá. ¿Y que caraj… demonios es la meseta de Sormuncurá? Se trata de una enorme meseta basáltica ubicada entre Río Negro y Chubut, muy aislada y de gran valor arqueológico y natural. No es una ciudad ni una construcción: es un paisaje de mesetas, cañadones, cerros, lagunas y pequeños poblados.
La mágica meseta
Sucede que determinadas corrientes esotéricas del siglo XX comenzaron a ubicar allí un supuesto centro templario. De acuerdo con estas teorías, los templarios habrían utilizado la meseta de Somuncurá como una especie de territorio sagrado o refugio, relacionándolo también con el Santo Grial. Hay versiones que sostienen la existencia de túneles, ciudades subterráneas, tesoros ocultos y antiguos asentamientos europeos. El problema —como siempre— es que no existe evidencia arqueológica que respalde esas afirmaciones.

Una de las organizaciones que defiende con mayor énfasis la presencia del Santo Grial en nuestro sur es el Grupo Delphos, liderado por Fluguerto Martí. «Nosotros mantenemos como hipótesis que el Santo Grial llegó a la Patagonia alrededor del año 1307 pero ignoramos su ubicación actual. Por eso continuamos estudiando, investigando y explorando los sitios claves para este tema. Considero que la búsqueda en la que estamos comprometidos es la mayor misión de mi vida, pues el Grial es la realidad física y metafísica mayor y más trascendente de todo el Mundo y de toda la Historia», declaró en alguna ocasión Fluguerto Martí.
Hipótesis, teorías, líneas de investigación… pero nada en concreto. Y, honestamente, quien esto escribe aguarda con ilusión vergonzante la aparición de un indicio. Una moneda, unos huesos humanos, restos de una cota de malla o de un yelmo. No espero el Santo Grial ni cuestiones sobrenaturales, simplemente rezagos de una pista que nos aliente a creer en estas hazañas.




