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Crónicas al Voleo

El Vuelo 19 y el mito del Triángulo de las Bermudas

El Vuelo 19 y el mito del Triángulo de las Bermudas
Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)

La tarde del 5 de diciembre de 1945 despegaron cinco aviones de la Estación Aeronaval de Fort Lauderdale perteneciente a la Marina de los Estados Unidos. Era una flotilla de cinco bombarderos TBM Avengers al mando del Coronel Charles Carrol Taylor y se trataba de una misión de adiestramiento.

En mayo de ese año Alemania había firmado su rendición incondicional, y en septiembre hizo lo propio Hirohito. Esto significa que no existía ninguna hipótesis de conflicto ni riesgos que no fueran los propios de la actividad. Los aviones volarían sobre un trayecto predeterminado y dejarían caer algunas bombas en un peñasco designado como blanco.

Habían pasado un par de minutos de las dos de la tarde de aquel miércoles cuando las cinco aeronaves despegaron. Las condiciones climáticas eran absolutamente normales, la visibilidad normal y el mar mostraba un oleaje normal para la época.

La patrulla perdida

Aproximadamente una hora después, el Coronel Taylor reportó que, tal como estaba previsto, se habían dejado caer las bombas sobre los blancos indicados. Hasta ahí, todo iba según el plan. Pero entonces sucedió lo inesperado.

Una hora y media más tarde, cuando la flotilla ya debería haber aterrizado, en la torre de control se recibió el siguiente mensaje: «Llamando a la torre… Esta es una emergencia. Parece que estamos fuera de curso. No podemos ver tierra. Repito; no podemos ver tierra. No estamos seguros de nuestra posición. No podemos estar seguro de dónde estamos. Parece que nos hubiéramos perdido». El contenido del mensaje y el tono de Taylor alarmaron a todos en la base.

Cuando la torre le indicó a Taylor que virara al oeste, recibió una respuesta desconcertante: «No sabemos qué dirección es el Oeste. Todo está mal… extraño. No podemos estar seguros de ninguna dirección. Ni siquiera el océano tiene el aspecto que debería tener…»

Lo cierto es que los aviones nunca regresaron a Fort Lauderdale. Inmediatamente, ante la ignorancia sobre el destino de las cinco aeronaves y sus tripulantes, se dispuso el envío de un vuelo de rescate. El hidroavión PBM Mariner despegó en busca de la cuadrilla extraviada, se reportó pocos minutos después de su partida y desde entonces no se supo más nada de él.

Seis aviones desaparecidos en el curso de una tarde. Las perspectivas no eran nada tranquilizadoras para las autoridades de la Estación Aeronaval que, de momento, atribuían las desapariciones a «causas desconocidas».

Entrada la noche, poco después de las 21 hs. el SS Gaines Mills informó haber observado una explosión que alcanzó los 30 metros de altura y ardió durante 10 minutos cerca de la última posición reportada del PBM Mariner. Por este motivo se atribuyó su desaparición a una explosión en pleno vuelo.

Desde entonces se han echado a volar un sinfín de teorías que explicarían la desaparición de los cinco aviones que conformaban el Vuelo 19. Las explicaciones van desde el agotamiento del combustible o la desorientación del capitán de la flotilla hasta portales temporales y dimensiones paralelas.

De nada sirvieron las sucesivas operaciones de búsqueda que recorrieron minuciosamente millones de kilómetros cuadrados entre las islas Bermudas, Miami y San Juan de Puerto Rico. Nacía entonces el mito del Triángulo de las Bermudas.

El Star Tiger

El 30 de enero de 1948, cerca de la medianoche, partió desde el aeropuerto de Ponta Delgada en las islas Azores con rumbo a Bermudas, el Star Tiger, un avión Tudor que operaba la British South American Airways.

A las 3.15 del 31 de enero, el Capitán B.W. McMillan, que pilotaba el avión, solicitó su posición a Bermuda. Esto era algo rutinario y no había motivo para el pánico. Tras recibir su posición, McMillan estimó la llegada para las 5:00. Aquel fue el último contacto con el Star Tiger.

La hora señalada llegó y el avión no aterrizó en Bermuda, de modo que el Ministerio de Aviación Civil inició la búsqueda y paralelamente una investigación a gran escala, pero no hubo rastro del Star Tiger ni de sus 29 ocupantes.

Un año después, otro Tudor de la misma empresa partió desde el L. F. Wade International Airport en Bermudas con rumbo a Jamaica con 20 pasajeros, Luego de reportar que todo iba bien, el avión desapareció sin dejar rastros.

Ya no podía tratarse de una casualidad, sobre todo si tenemos en cuenta que 20 días antes había corrido igual destino un Douglas DC-3 que viajaba de San Juan de Puerto Rico a Miami con 32 personas a bordo. Luego de las infructuosas expediciones de rescate, la comisión investigadora concluyó que no se podían sacar conclusiones. Argumentó que no hubo suficiente información disponible para determinar una causa probable del accidente debido a la falta total de evidencias físicas y de comunicación final.

Portales espacio temporales y otras pamplinas

Los más memoriosos recordaron un hecho incluso anterior al Vuelo 19, cuando en 1918 desapareció para siempre el buque carbonero USS Cyclops que iba de Barbados a Baltimore con 309 personas a bordo. Y después del Douglas  se produjeron al menos media docena de hechos más. Nunca se volvió a saber nada de las naves (barcos y aviones) que desaparecieron.

Como ya se dijo, la ciencia y las investigaciones lanzaron varias hipótesis: errores en la navegación, bruscos cambios de tiempo, la influencia de la Corriente del Golfo, fallas mecánicas e incluso olas gigantes fueron algunas de las explicaciones que se publicaron. También estuvieron las teorías más disparatadas como la intervención de extraterrestres, la apertura de portales espacio-temporales o agujeros dimensionales, la presencia de bases submarinas de origen desconocido, cristales de energía de la Atlántida, el continente perdido, o experimentos militares secretos.

Sin embargo, el gran desarrollo que se produjo en la cobertura de los satélites y radares, la marcada mejoría en los sistemas de navegación y posicionamiento, el desarrollo de la meteorología y la fabricación de naves (aéreas y marinas) más seguras hicieron que el mito del triángulo de las Bermudas quedara definitivamente en el pasado.

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