En tiempos donde la economía aprieta y una realidad que obliga a hacer cuentas hasta para viajar, las falencias y crisis aparecen. Y el transporte en Alta Gracia no queda excento.
El transporte en Alta Gracia se divide en dos grandes grupos, por un lado los de transporte solicitados y por otro los de recorrido asignado.
La realidad de taxis, remises y aplicaciones
En el primer grupo encontramos a los taxis, remises y desde hace un tiempo a esta parte se suman los choferes de aplicaciones (llámese Uber, Didi, etc).
En Alta Gracia existen tres empresas de remisería, Villar Iglesias, Capicua y Nuevo Rayo, además de los Taxis y ahora los choferes de aplicaciones.
Sobre la realidad de este sector las redes son el fiel reflejo de lo que sucede. A la eterna guerra fría entre taxistas y remiseros se le suman las nuevas tecnologías que irrumpieron el mercado y sacudieron las realidades y sobre todo los números.
Con el avance de plataformas que te llevan de un lado a otro con precios que son hasta incluso más de tres veces más económicos que los tradicionales se reconfigura un nuevo escenario.
Hoy la realidad es que el ciudadano que necesita un traslado, por la realidad económica, va a optar por la alternativa más económica. Y en ese mismo contexto son cada vez más los vecinos y de otras localidades los que optan por bajarse una app y sumar ingresos.
Sin embargo la competencia desleal, que aseguran desde algunos sectores, pone en tensión la relación y las exigencias son cada vez mayores hacia el Municipio. El sector tradicional incluso deslizó, con ironía (y no con tanta) devolver todas las chapas y dedicarse a usar aplicaciones.
El transporte urbano de colectivos
Por otro lado y no excentos a esta realidad está el colectivo urbano de Alta Gracia. Un terminal que se sostiene con respirador y en coma.
Hoy la realidad de los colectivos en la ciudad es crítica, sostenidos casi exclusivamente por el subsidio que realiza el municipio mensualmente los números no cierran.
Líneas que viajan vacías, unidades que no pueden ser modernizadas ni mucho menos reemplazadas por más nuevas, hoy son el sostén de un sector de la población, que de no existir el colectivo quedarían marginados y aislados de llegar a destino. Hablo de jubilados, estudiantes y personas con discapacidad.
Y es acá donde aparecen los números y las preguntas incómodas.
Alta Gracia supera hoy los 60.000 habitantes y cuenta con tres empresas que explotan el transporte urbano: Garay, Good Travel y Martínez. La comparación inevitable aparece rápidamente: la ciudad de Córdoba, con alrededor de 1,5 millones de habitantes y una superficie cercana a los 576 kilómetros cuadrados, sostiene su sistema urbano con cuatro grandes operadoras.
Alta Gracia, en cambio, posee una superficie cercana a los 12 kilómetros cuadrados. Traducido en números simples: Córdoba tiene aproximadamente 25 veces más habitantes y casi 50 veces más superficie, pero solamente una empresa urbana más.
La ecuación expone una realidad difícil de ignorar. Más empresas significa más estructuras administrativas, más costos operativos distribuidos entre menos pasajeros y una demanda que, según reconocen distintos actores del sector, resulta insuficiente para sostener el sistema sin asistencia económica.
La pregunta entonces deja de ser cuántas empresas existen y pasa a ser otra: ¿el modelo actual de transporte sigue respondiendo a la realidad de Alta Gracia?




