AG Noticias
Crónicas al Voleo

Matthias Sindelar, el hombre de papel

Matthias Sindelar, el hombre de papel
Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)

Hace algunos días, el seleccionado argentino enfrentó a Austria por la zona de grupos del Mundial. «Das Team» (El Equipo) no llegaba a una confrontación ecuménica desde 1998 y en general sus participaciones han sido bastante discretas, a excepción de tercer puesto en Suiza 54 y el cuarto de Italia 34.

Lejos está, por estos días, de las mejores épocas del fútbol austríaco, las que se remontan a los años posteriores a la Primera Guerra Mundial y la consecuente caída el Imperio Austro – Húngaro.

A inicios de la década de 1920 se instaló en Europa el Wunderteam —el equipo maravilla— un seleccionado austríaco que llegó para cambiar los cánones futbolísticos que abrazaba el viejo continente por aquellos años.

Es que, por entonces, Austria estaba gestando su propia «generación dorada», con jugadores de la talla de Karl Sesta y Franz Cisar, dos cancerberos en la zaga, Josef Bican, uno de los máximos goleadores del fútbol austríaco (https://www.altagracianoticias.com/el-goleador-inalcanzable/) y, según las palabras del periodista Jorge Giner, «un delantero espigado, de movimientos electrizantes, con un toque de mago y una habilidad innata para zafarse de los rivales una y otra vez. Un ariete con alma de enganche, que jugaba y hacía jugar a los suyos gracias a su dominio del balón. Él era Matthias Sindelar, el hombre de papel».

Desde un pueblito checo

Nacido en 1903 en la pequeña ciudad bohemia de Jihlava, que actualmente pertenece a la República Checa pero que por entonces era parte del Imperio Austro – Húngaro. Fue el mayor de cuatro hermanos y cuando apenas era un niño su familia se trasladó a Viena. Allí su padre Johan trabajó alternadamente como herrero y en una fábrica de ladirllos, en tanto que su mamá, Marie Švengrová, se desempeñó como lavandera para aportar a la precaria economía familiar.

A los 14 años su padre falleció combatiendo en la Gran Guerra y Matthias debió hacerse cargo de la manutención de su familia. Fue entonces que surgió la posibilidad de empezar a jugar al fútbol de manera profesional en el Hertha Viena.

Debutó en primera en 1921 y su habilidad para la gambeta rápidamente lo hizo titular en su equipo. Y con su liderazgo el albiazul vienés llegó a consagrarse en tres ocasiones en la Federación Austríaca. Sin embargo, no pasó mucho tiempo en el Hertha, porque en 1924 fue transferido al Austria Viena (club al que pertenecían muchos miembros de la comunidad judía, aunque Sindelar provenía de una familia católica), donde desarrollaría el resto de su carrera.

Nace el equipo maravilla

La convocatoria al seleccionado nacional fue una consecuencia natural a sus grandes actuaciones ligueras. A pesar de las dudas sobre su condición física que mantenía el entrenador Hugo Meisl (una gloria del fútbol austríaco, «el Mozart del fútbol»), cerebro del ya citado Wunderteam, se vio convencido por las sólidas actuaciones de Sindelar y la presión de aficionados y periodistas. Debutó el 28 de septiembre de 1926 en un amistoso ante Checoslovaquia, disputado en Praga. Austria ganó 2-1 y tuvo un estreno soñado: marcó el gol de la victoria.

Ese equipo clasificó y logró una de sus mejores actuaciones en una Copa Mundial. Fue en Italia 1934. Y salió cuarto porque el equipo local —dirigido técnicamente por Vittorio Pozzo, aunque el que armaba el equipo (y el partido, y designaba a los árbitros) era el propio Benito Mussolini (si hubiera existido el VAR lo habría manejado él)— se dedicó a fajar prolija y metódicamente a Sindelar durante el partido de semis, para así ganar uno a cero y clasificar a la final.

El Reich toma Austria

El clima en Europa se hacía cada vez más irrespirable y las relaciones internacionales cada vez más tensas y frágiles. Una cosa fue llevando a otra y en 1938 Hitler terminó invadiendo Austria, entre otras cosas porque esa era su tierra natal y el tipo tenía nostalgia. Era eso o componer chacareras.

Tal vez la medida menos cruenta y quizás más trivial que adoptaron los invasores haya sido disolver el equipo nacional, que hacía poco había logrado la clasificación al Mundial que se realizaría ese año en Francia. Sin embargo, en plan de «reconciliación», las autoridades de las fuerzas de ocupación organizaron un partido entre «Ostmark» (nombre que los nazis le dieron a Austria para evitar llamarlo por su nombre) y «Altreich» (que literalmente significa «Viejo Reich»).

Con la excusa de que los uniformes de ambos equipos eran iguales, Austria evitó usar los colores tradicionales y utilizó una casaca roja, pantalones blancos y medias también rojas, recreando la bandera austríaca.

Un gol incómodo

Los jugadores austríacos recibieron la orden del general de turno de no convertir goles. Según las crónicas, los locales pasaron por arriba a los representantes del viejo Reich. Sindelar la rompió y generó numerosas ocasiones de gol, pero fallaba sospechosamente. Hasta que a poco de finalizar el primer tiempo no se aguantó más y la mandó a guardar. El festejo de Sindelar sorprendió a todos, porque ejecutó un baile burlón frente al palco de autoridades que no divirtió a ninguna de ellas. (Como cuando Riquelme le hizo el Topo Gigio a Macri). Finalmente, Austria (bueno, Ostmark) ganó dos a cero con doblete de Sindelar.

Ese fue el último acto del fútbol austríaco antes de la Segunda Guerra. Todos los contratos de fútbol profesional se rescindieron por resolución del 31 de mayo de 1938 con efecto inmediato. Los clubes judíos (como el Austria Viena, el de Sindelar) fueron prohibidos, algunos de sus jugadores fueron arrestados y muchos abandonaron el país.

Sindelar fue convocado en varias oportunidades al seleccionado alemán, pero nunca aceptó vestir otros colores que no fueran los de Austria. Después la autoridad de ocupación prohibió a los judíos ejercer el deporte profesional y el fútbol se terminó para «el hombre de papel», que —como ya se dijo— no pertenecía a la comunidad, pero estaba fuertemente identificado con ella.

Muerte de etiología dudosa

El 23 de enero de 1939 su cuerpo sin vida fue hallado en su domicilio junto al de su pareja. La causa eficiente del deceso fue intoxicación con monóxido de carbono, aunque los motivos nunca fueron esclarecidos. Desde la investigación oficial se sugirió suicidio. Pero los archivos de la investigación, sugestivamente, desaparecieron durante la segunda guerra. Hay quienes sostienen que los nazis nunca le perdonaron aquel bailecito frente al palco de autoridades.

En 1945 el escritor Friedrich Torberg le dedicó el poema «A la muerte de un jugador de fútbol». Allí describía a Sindelar como alguien que «jugaba al fútbol como ninguno / ponía gracia y fantasía / jugaba desenfadado, fácil y alegre / siempre jugaba y nunca luchaba».

nakasone