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Crónicas al Voleo

El goleador inalcanzable

Las increíbles cifras goleadoras de Josef Bican. Un romperredes tremendo y un inclaudicable luchador por la libertad.

Por Germán Tinti (para Crónicas al Voleo)

Tremendo goleador. Con una categoría admirable, Lionel Messi acarició suavemente el balón con el empeine de su pie izquierdo y engañó al arquero del Atlético de Madrid. El esloveno Jan Oblak, mientras se dejaba caer hacia su izquierda, veía que la pelota ingresaba lentamente junto al palo contrario. En aquel Camp Nou vacío y silencioso el astro argentino llegaba a su gol número 700 en partidos oficiales. De este modo Messi ingresaba al exclusivo club en cuya mesa se sientan ni más ni menos que Gerd Müller, Ferenc Puskas, Romário, Pelé, Cristinano Ronaldo y Josef Bican.

Sin pensar demasiado podemos hacer un muy rápido repaso de características puntuales de la mayoría de estas figuras históricas del fútbol. Gerd Müller, el “Bombardero de la nación” fue el goleador del Mundial de 1974 y el artillero histórico de la Bundesliga. Puskas era el líder de los “Magiares Mágicos” que brillaron en el Mundial de Suiza y dieron pelea en una final que, como casi siempre, terminó ganando Alemania. Del “Chapulín” Romario sólo diré que, en alguna oportunidad, Víctor Brizuela dijo que era lo más parecido al mejor jugador que vio en su vida: Miguel Antonio “Wanora” Romero. De Pelé y Cristiano tampoco se puede decir nada novedoso, la maravillosa obra de ambos está a la vista, y la del lusitano –gracias a Dios, a Oxala y a Belenos– se sigue escribiendo dentro de los campos de juego.

El chico que jugaba descalzo

De todos los miembros del selecto club de los 700, el menos famoso, el que no ha sido distinguido con el reconocimiento universal, es justamente quien más goles anotó en encuentros de fútbol oficiales tanto para la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol (IFFHS por sus siglas en inglés) y la Rec.Sport.Soccer Statistics Foundation (RSSSF).

Josef “Pepi” Bican nació en 1913 en Praga (que por entonces formaba parte del Imperio Austrohúngaro) y cuando era apenas un bebé su familia se trasladó a Viena. Se crió en el distrito de Favoriten, un sector de la capital austríaca habitado por inmigrantes de clase obrera, muchos de ellos –como los Bican– arribados desde regiones vecinas a Austria, como Moravia, Bohemia y Hungría. Como suele ocurrir, la única diversión (y en algunos casos la mejor salida laboral) para un niño pobre descendiente de inmigrantes que habían llegado de lejos en busca de una incierta prosperidad, era el fútbol.

Ya de pequeño Pepi se destacó por dos motivos. La primera de cada diez oportunidades de gol, desperdiciaba tan solo una o dos, aun jugando con chicos más grandes que él. La otra característica era que jugaba descalzo. ¿El motivo? Solamente tenía un par de zapatos y tenía severamente penado ensuciarlos o romperlos corriendo detrás de una pelota.

Siempre goleador

Como futbolista federado empezó a jugar en el club de su padre, el ASV Hertha Wien, en donde conoció y compartió equipo con otra figura histórica del fútbol de Europa Oriental: Matthias Sindelar, el “bailarín de papel”. Poco tiempo después fichó para el Rapid de Viena, tal vez el club más importante del fútbol de Austria de todos los tiempos. A pocos días de cumplir 18 años debutó en la primera división del “albiverde” vienés. En las categorías menores era una verdadera sensación que había registrado un promedio superior a un gol por encuentro. En su primer partido en la categoría superior (nada menos que el clásico de la ciudad, ante el Austria Viena), convirtió tres de los cinco goles de su equipo. La prensa destacó este encuentro como un combate generacional entre el consagrado Sindelar y el ascendente Bican.

Aquella temporada marcó 10 goles en 8 partidos. En la siguiente convirtió 17 en 18 compromisos. Que fuera convocado para integrar la selección austríaca era, a esa altura, una obviedad indiscutible. Aquella selección de Austria, que participó con notable suceso en el Mundial de Italia de 1934 y en los Juegos Olímpicos de Berlín dos años más tarde, es recordada como el Wunderteam (“equipo maravilloso). Fue cuarto en el Mundial de Mussolini y medalla de plata en las Olimpiadas de Hitler.

Rechazo al autoritarismo

Luego de que Alemania anexara Austria en 1938, Josef Bican se negó a integrar el seleccionado de fútbol nazi y emigró a Praga, adonde firmó para el S. K. Slavia Praha. La guerra descalabró los mapas, las fronteras y las naciones. Bican, en 1939 y con las trincheras activas en toda Europa, jugó un partido ¿amistoso? entre los seleccionados del protectorado de Bohemia y Moravia (controlado por Alemania) y el equipo nacional nazi. Empataron 4 a 4 y Pepin hizo un hat trick.

Pero luego de la guerra, la situación no mejoró. Era evidente que Bican sentía aversión por los regímenes totalitarios y si bien integró el seleccionado de Checoslovaquia en unas pocas ocasiones, rechazó la mayoría de las convocatorias. Por ello fue atacado por el establishment pro soviético, que lo calificó como “ídolo burgués” e intentó esmerilar su popularidad. Pero fueron infructuosos los intentos del régimen de Klement Gottwald primero y Antonín Zápotocký después, para arrebatar a Pepin del cariño popular.

Jugó profesionalmente hasta 1955, siempre en Checoslovaquia. La Juventus intentó contratarlo en varias oportunidades, pero Bican se negó siempre. Después de casi 15 años en el Slavia fichó para el S. K. Vítkovické (actual MFK Vitkovice de Ostrava, que juega en la Segunda División checa), luego una temporada en el Škoda Hradec Králové y cerró su carrera con tres temporadas en el Dynamo de Praga. Fue goleador en todos los equipos en los que jugó.

Flores frescas para el goleador

Luego de colgar los botines volvió a trabajar. Fue obrero de la construcción, chofer de ómnibus y empleado del zoo de Praga. Apenas tuvo un fugaz y casi olvidado paso como entrenador.

La estadística oficial, esa que hoy eleva a nuestro admirado Lionel Messi al selecto grupo de futbolistas que han superado los 700 goles, indica que Pepin convirtió 805. Si consideramos todos los goles a lo largo de toda la carrera (lo cual siempre está acechado por la inexactitud y poco rigor estadístico) la cifra crece hasta los 1.468 tantos. Y si le hacemos caso al propio Bican, tenemos que redondear en 5.000. Al menos eso es lo que le dijo al periodista español Miguel Vidal, agregando luego que “si como dicen, Pelé hizo 1.500 sumando todo, no hay comparación posible, y le contaban los entrenamientos. Y eso que la Segunda Guerra Mundial me sacó siete años de los mejores, cuando me encontraba en la plenitud. ¿Cuántos goles más tendría entonces?”

El máximo goleador de la historia jugó para tres selecciones, aunque solamente participó en un solo mundial, y rechazó abiertamente los dos regímenes autoritarios más sanguinarios que haya debido soportar Occidente durante el siglo pasado.

Josef “Pepin” Bican falleció el 12 de diciembre de 2001. Pero no murió. Flores frescas que permanentemente dejan manos anónimas en su tumba del Cementerio Vysehrad vienen a recordarnos, una vez más, que los ídolos populares nunca mueren.

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