Tras el diagnóstico de una enfermedad poco frecuente en su hija, Jenni atravesó años de lucha, incertidumbre y sacrificio. Hoy, con Maia en recuperación, su historia emociona y se convierte en un mensaje de fuerza, esperanza y acompañamiento para otras familias que atraviesan situaciones similares.
La historia de Jenni es una de esas que atraviesan. De las que duelen, pero también enseñan. De las que muestran que, incluso en los momentos más oscuros, el amor puede sostenerlo todo.
Su hija Maia, de 8 años, fue diagnosticada con aplasia medular, una enfermedad poco frecuente en niños que afecta directamente a la médula ósea. “De un día para el otro dejó de funcionar”, recuerda. A pesar de los estudios realizados, nunca pudieron determinar el origen exacto del cuadro.
Fueron momentos muy difíciles. Internaciones, tratamientos y una incertidumbre constante marcaron el inicio de una lucha que aún continúa. Sin embargo, hoy el presente es otro. Maia está en recuperación y, con los cuidados necesarios, puede llevar una vida relativamente normal: va a la escuela, comparte con otras personas y vuelve, de a poco, a disfrutar de su infancia.
En medio de ese proceso, Jenni destaca algo que nunca olvidará: la solidaridad. “Apareció mucha gente que no conocíamos, que estuvo como familia cuando más lo necesitábamos”, cuenta. Donaciones de sangre, mensajes de apoyo y gestos de cariño que hicieron la diferencia en los momentos más duros.
Como muchas familias atravesadas por una enfermedad, el impacto no fue solo emocional. También hubo consecuencias económicas. Durante el tratamiento, contrajeron deudas para poder afrontar estudios y gastos médicos. A eso se sumó una situación personal que las obligó a dejar su casa y comenzar de nuevo.
Hoy viven en un pequeño espacio prestado por la madre de Jenni. Su vivienda anterior, de tipo prefabricada, sufrió daños al ser trasladada y deberá reconstruirse prácticamente desde cero. “Estamos comprando materiales de a poco, como podemos”, explica.
A pesar de todo, no se detiene. Siempre encuentra la manera de seguir adelante. Hace trabajos ocasionales y organiza iniciativas para sostener el día a día, adaptándose a la rutina que requiere el cuidado de su hija.
El tratamiento de Maia continúa, con cobertura parcial de salud, lo que implica seguir afrontando gastos mensuales. Por eso, Jenni también apela a la colaboración de quienes puedan ayudar. Su número de contacto es 3547 45-1428 y su alias es Mayu.2018.
Más allá de las dificultades, hay algo que se mantiene intacto: su fortaleza. Esa que la llevó a no bajar los brazos ni en los momentos más críticos. Esa que hoy le permite mirar hacia atrás y entender que todo fue parte de un proceso.
“Verla correr, saltar, reírse… para mí es todo”, dice. Y en esa frase, simple pero profunda, resume el verdadero sentido de su lucha.
Pero además, hay un mensaje que Jenni quiere dejar. Acompañar a otras madres que atraviesan situaciones similares. “Si del otro lado hay una mamá que necesita hablar o un abrazo, acá voy a estar”, asegura. Porque sabe lo que es pasar por ese dolor y entiende la importancia de no sentirse sola.




