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La tragedia de Superga

La tragedia de Superga
Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)

Desde una colina al noroeste de la ciudad la basílica de Superga, como un vigía, custodia la ciudad de Turín. Destino ineludible de miles de turistas, fue construida por orden de Víctor Amadeo II de Saboya a principios del siglo XVIII y alberga las tumbas de muchos de los príncipes y reyes de la Casa de Saboya.

Superga. La sólida y noble estructura había sido edificada para soportar inmutable el rigor del tiempo. Lo que no habían previsto sus constructores era que también aguataría sin inmutarse el choque de un avión contra sus muros. Difícilmente los arquitectos e ingenieros podrían haber previsto la existencia de tales aparatos.

Pero a las 17.05 de aquel 4 de mayo de 1949 la magnífica construcción se convirtió en el punto final del vuelo del avión Fiat G.212 de Avio Linee Italiane (Aerolíneas Italianas). Un error en el altímetro le hizo creer al piloto que estaba a más altura de la llevaba y… pum! En el trágico accidente de Superga fallecieron los tripulantes y pasajeros de la aeronave que provenía de Lisboa y debería haber aterrizado en el aeropuerto de la capital piamontesa.

El violento final del mejor equipo de Europa

De por sí el accidente era una tragedia dolorosísima para la ciudad de Turín, pero con el correr de las horas se supo que los pasajeros del funesto vuelo eran, ni más ni menos, que los integrantes del equipo del Torino Football Club, además de dirigentes y periodistas, que regresaban de la capital portuguesa, adonde habían viajado para participar en la despedida del futbolista luso Xico Ferreira.

Valerio Bacigalupo, Aldo Ballarin, Dino Ballarin, Émile Bongiorni, Eusebio Castigliano, Rubens Fadini, Guglielmo Gabetto, Ruggero Grava, Giuseppe Grezar, Ezio Loik, Virgilio Maroso, Danilo Martelli, Valentino Mazzola, Romeo Menti, Piero Operto, Franco Ossola, Mario Rigamonti, Július Schubert, Arnaldo Agnisetta, Ippolito Civalleri, Egri Erbstein, Leslie Levesley, Renato Casalbore, Renato Tosatti y Luigi Cavallero son los nombres que integran el trágico listado.

«Il Grande Torino» era, por aquellos años, el equipo sensación de la máxima categoría de la Liga Italiana. Había ganado todas las temporadas desde que se retomaron las competencias profesionales en 1945, al finalizar la Segunda Guerra Mundial. También había ganado la última que se jugó antes de que el fragor de la contienda.

Campeón en medio del dolor

La catástrofe de Superga conmocionó a toda Italia y al mundo del fútbol entero. El Torino era considerado el mejor equipo de la Tierra en ese momento y a falta de 4 fechas era virtual ganador de la temporada 1948/1949. «Il Toro» aportaba 10 de los 11 jugadores titulares de la selección azzurra. Medio millón de personas se congregaron en la Piazza Castello, frente al Palazzo Madama, para despedir a los héroes del «Il Granata»

Como el show debe continuar, el torneo italiano se continuó desarrollando con normalidad y el Torino debió jugar por la 35ª fecha cuatro días después de la tragedia. Como gesto de duelo, empatía y acompañamiento, los rivales que debió enfrentar el equipo turinés presentaron alineaciones juveniles, para estar en igualdad de condiciones (casi no quedaban jugadores profesionales en la plantilla de la escuadra piamontesa). Y a la vista de los resultados (2 – 0 vs. Torino, 4 a 0 al Genova, 3 a 2 vs. el Sampdoria y 3 a 0 sobre el Palermo) yo creo que un poco se dejaron ganar los contrincantes. Tras la goleada sobre los palermitanos, en el Stadio Comunale Vittorio Pozzo, más que una vuelta olímpica hubo una procesión fúnebre en medio de un respetuoso y compungido silencio.

Solidaridad desde el otro lado del océano

Apenas la noticia del accidente de Superga cruzó el Océano Atlántico, el Club Atlético River Plate ofreció su plantel para jugar un partido amistoso a beneficio de las familias de los fallecidos. Pocos días después el plantel «millonario» viajó a Italia y el 26 de mayo participó en un encuentro contra un combinado de la Serie A llamado «Torino Simbolo». El equipo argentino puso en cancha a todas sus figuras (Alfredo Di Stéfano, Ángel Labruna, Amadeo Carrizo y Pipo Rossi). A pesar de que el costo de las entradas era elevado, el estadio estuvo a rebosar y tuvo gran repercusión en toda Italia. Desde aquel día se ha forjado una imperecedera amistad institucional entre turineses y gallinas.

Para tenerlos presentes, el combinado italiano formó con Sentimenti IV (Juventus); Manente (Juventus), Furiassi (Fiorentina); Annovazzi (Milan), Giovannini (Inter), Achilli (Inter); Nyers I (Inter), Boniperti (Juventus), Nordhal III (Milan), Hansen (Juventus) y Ferraris II (Novara). Luego ingresaron Moro (Bari), Angeleri (Juventus), Muccinelli (Juventus) y Lorenzi (Inter). River presentó a Amadeo Carizzo; Ricardo Vaghi, Lidoro Soria; Norberto Yácono, Néstor Rossi, José Ramos; Ángel De Cicco, Roberto Col, Alfredo Di Stéfano, Ángel Labruna y Félix Loustau. La camiseta color borravino que a veces utiliza el club de Núñez es en homenaje a la amistad institucional surgida desde entonces.

Curiosidades en medio de la tragedia
Ferrucio Novo junto a Giuseppe Grezar,
muerto en el accidente.

El presidente del Torino, Ferruccio Novo, alma mater del club y hacedor del equipo que brillaba en Europa, no pudo viajar a Portugal con el plantel a causa de un estado gripal. La tragedia dejó devastado al dirigente que mantenía un vínculo casi familiar con buena parte de los jugadores. Uno de sus hijos había sido bautizado con el nombre de Valentino en homenaje a Valentino Mazzola, una de las estrellas del equipo. Novo no pudo reconstruir el equipo y renunció a su cargo en 1953.

Quien sí se subió a aquel avión Fiat G.212 estrellado en Superga fue el manager Erno Egri Erbstein. Nacido en la entonces ciudad húngara de Oradea (actualmente pertenece al territorio de Rumania). No se destacó como futbolista, jugó en el Budapest AK, el Olympia Fiume (Fiume era el nombre italiano de la actual ciudad croata de Rijeka; el Vicenza y en el Brooklyn Wanderers de Nueva York.

Como manager tuvo una más destacada trayectoria y se perfilaba como uno de los mejores en lo suyo. Hasta que Mussolini publicó, en 1938, el «Manifiesto de la Raza»; en el mismo, entre otras cosas, afirmaba que «los judíos son la única población que nunca se ha asimilado en Italia, ya que se compone de elementos raciales no europeos, absolutamente distintos de los elementos que dieron origen a los italianos».

Erno Egri Erbstein, manager y genio que «armó» a Il Grande Torino.

A partir de entonces los judíos residentes en Italia comenzaron a perder sus derechos ciudadanos. Eso hasta que, con la guerra golpeando las puertas, decide abandonar Turín, donde residía desde unos años atrás. En el camino a Holanda la policía nazi le revoca sus visas y deben dirigirse, a marcha forzada, a Budapest. Cuando Alemania invadió Hugría, a Erbstein lo enviaron a un campo de trabajo, del que pudo escapar gracias a los buenos oficios de la Embajada de Suecia. Finalizada la guerra volvió a Turín y formó el equipo que ganaría todo hasta que aquel avión se estrelló contra un muro de la Abadía de Superga.

Tres no fueron suficientes

No menos llamativa es la historia del entrenador de aquel malogrado equipo, Leslie Lievesley. Nacido en Inglaterra, jugó en varios equipos británicos de segunda o tercera línea. Como director técnico había debutado en el Heracles Almelo de Holanda y en 1947 asumió como el encargado de las divisiones juveniles del Torino.

Durante la guerra se unió a la Real Fuerza Aérea como paracaidista. En una misión fallida su avión fue alcanzado por fuego amigo y derribado. Todos murieron, menos Leslie, claro. Durante aquella guerra, bajaron otro avión en el que volaba, aunque no Lievesley no recordaba ningún detalle. En 1948, cuando viajaba con el equipo juvenil del Torino, hubo una falla en los frenos del avión durante el aterrizaje en el aeropuerto turinés. Una de las alas se enganchó en un hangar, lo que frenó la nave y evitó que se estrellara contra el edificio de la terminal.

La cuarta es la vencida.

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