En esta sección te invitamos a conocer las historias de altagracienses que recorren diferentes partes del mundo. AGNoticias dialogó con Shaya quien se fue de Argentina siendo adolescente persiguiendo un sueño que parecía enorme: vivir de la danza. Pasó por España, trabajó como camarera, atravesó miedos, cambios culturales y hoy vive en Egipto, donde forma parte de una compañía artística internacional.
En AGNoticias la sección «Altagracienses por el Mundo» ya es un clásico de nuestro portal informativo. Un espacio dónde les acercamos los lectores historias de vecinos, amigos o familiares que dejaron su ciudad natal y que ahora están viviendo diferentes experiencias alrededor del mundo. En esta oportunidad, conocemos más a la altagraciense Shaya Savid.
A veces los sueños aparecen tan temprano que parecen formar parte de uno desde siempre. Como si hubieran estado ahí incluso antes de poder nombrarlos. Para la joven, ese sueño tuvo desde el principio el ritmo de la música, el movimiento del cuerpo y la emoción que solo le producía bailar.
Mucho antes de vivir en Egipto, de subir a escenarios internacionales o de viajar por diferentes ciudades haciendo shows, todo comenzó en Alta Gracia. En una niña que encontraba en el arte una manera de expresarse y de sentirse libre. “De chiquita siempre me gustó mucho todo lo artístico: el baile, el canto y la actuación”, recordó.
Esa conexión tan profunda con el arte terminó encontrando un lugar especial cuando comenzó a asistir al Galpón Municipal, un espacio muy querido por la comunidad artística de la ciudad y que para ella marcaría un antes y un después.

Tenía apenas 12 años cuando empezó a tomar clases con la profesora Ximena López, quien rápidamente se convirtió en una figura fundamental en su crecimiento artístico y personal. “Hoy en día mantengo una linda amistad. Ella estuvo apoyándome en cada paso que daba, ya sea en Córdoba o en cualquier otra parte del mundo”, contó.
Con el tiempo, la danza dejó de ser solamente una actividad o un hobby. Se transformó en una necesidad emocional, en una herramienta para atravesar momentos difíciles y en un refugio permanente.
“Bailar me salvaba. Cada vez que estaba triste bailaba, estaba cansada y bailaba, estaba feliz y seguía bailando. Es mi refugio en todo momento”, expresó.
Y agregó una frase que resume perfectamente el lugar que ocupa el baile en su vida: “Cuando bailo siento que puedo ser completamente yo. Ahí es donde me siento completa”.
Mientras crecía, empezó a imaginar un futuro muy distinto al que muchas personas podían esperar para alguien de su edad. Ella soñaba con escenarios, viajes y con vivir de aquello que más amaba. “Soñaba con ser bailarina y que se me conociera por eso”.



Una decisión enorme a una edad muy temprana
En noviembre de 2022, con apenas 14 años, Shaya tomó una decisión que cambiaría completamente su vida: dejar Argentina y mudarse a España. La motivación era clara. No quería quedarse con la duda de qué habría pasado si lo intentaba.
“Principalmente lo que más me motivó a mudarme a España fueron las ganas de cumplir mis sueños y poder vivir de ello”.
Así comenzó una nueva etapa lejos de su ciudad, de sus afectos y de todas las costumbres con las que había crecido. Primero vivió en Fuengirola y luego en Benalmádena Arroyo de la Miel, ambas localidades de Málaga.
Pese a que el cambio era enorme, España tuvo algo que hizo el proceso un poco más llevadero: el idioma y la posibilidad de integrarse rápidamente a través de la escuela.
“En España no me fue tan difícil adaptarme porque entré en etapa de clases y gracias a eso pude hacerme un grupo de amigos bastante rápido”.
Allí continuó sus estudios secundarios, ya que se había ido de Argentina sin terminar tercer año. “En España la secundaria es hasta cuarto año y después tenés la opción de hacer bachillerato o formación profesional. Yo empecé a hacer Bachillerato de Artes Escénicas”.

Pero además de estudiar, siguió buscando la manera de crecer dentro del mundo artístico. Durante un tiempo también asistió al conservatorio ESAEM de Antonio Banderas, una experiencia que alimentaba todavía más su sueño.
Sin embargo, la realidad de emigrar también comenzó a mostrarle otra cara: la necesidad de trabajar y sostenerse económicamente. “Dejé ambas cosas para trabajar. Mi plan era empezar a dar clases de baile, pero en España no era tan fácil”.
Entonces apareció otra experiencia completamente distinta: el trabajo en hostelería. Durante un largo tiempo trabajó como camarera, una rutina intensa que sostuvo hasta apenas dos semanas antes de mudarse a Egipto.
Lejos de romantizar la experiencia de emigrar, contó que vivir afuera implica aprender a adaptarse constantemente, resolver problemas y empezar de cero muchas veces. “Cada país tiene sus dificultades y facilidades”.
En España, por ejemplo, notó que uno de los mayores obstáculos para quienes llegan desde otros países son los requisitos burocráticos. “Al principio es complicado porque piden muchos papeles. Si venís sin documentación se hace más difícil conseguir trabajo o alquilar un lugar”.
No obstante, aseguró que cuando uno logra insertarse laboralmente, todo comienza a fluir de otra manera. “Una vez que empezás a trabajar, ya sea en restaurantes o hoteles, todo se vuelve más dinámico”.


El salto más arriesgado: mudarse sola a Egipto
Cuando todavía estaba en España, apareció una oportunidad que parecía impensada: trabajar profesionalmente como bailarina en Egipto.
Y aunque implicaba irse sola a un país completamente diferente culturalmente, decidió apostar una vez más por su sueño. “En Egipto fue literalmente arriesgarme por mi sueño”.
Actualmente vive en Hurghada, una ciudad turística ubicada sobre la costa del Mar Rojo, conocida por sus playas, hoteles y vida nocturna. Allí forma parte de una compañía artística que reúne distintos grupos de baile y estilos.
Hoy su rutina gira completamente alrededor de aquello que soñó desde niña. “Estoy trabajando de lo que más amo y de lo que soñé tanto”, dijo con emoción.
Los días en Egipto suelen ser intensos. Los ensayos, los shows y los viajes forman parte de su cotidianeidad. “Todos los días tenemos shows en diferentes lugares. Vamos a festivales grandes que se hacen acá y a veces también nos toca viajar a otra ciudad llamada Marsa Alam”.

Aunque finalmente pudo vivir de la danza, la adaptación no fue sencilla. Egipto representó un cambio mucho más fuerte que España. El idioma fue una de las principales barreras. “A mí todavía me cuesta bastante manejarme con eso y a veces se me complica comunicarme”.
También sintió la dificultad de llegar sola a un ambiente completamente nuevo, donde las relaciones sociales funcionan distinto. “Acá se me hace más difícil porque es un ambiente laboral y no es tan fácil hacer amigos”.
Aun así, encontró contención dentro de la comunidad artística y especialmente entre otros latinos y bailarines. “Gracias a Dios, en el entorno donde estoy hay muchos latinos y bailarines, entonces eso me ayuda muchísimo”.
Vivir entre culturas completamente distintas
Uno de los aspectos que más destacó Shaya de su experiencia es todo lo que aprendió al convivir con culturas tan diferentes.
En España encontró una sociedad multicultural, dinámica y acostumbrada a recibir personas de distintas partes del mundo. “Lo que más me gustó de Málaga fueron las ferias y el ambiente que se vive en ellas, especialmente la Feria de los Pueblos”.
Ese evento multicultural le permitía sentirse cerca de Argentina incluso estando lejos. “Me encantaba poder ver representada la cultura argentina junto con muchas otras culturas”.
También valoró mucho la tranquilidad y el orden cotidiano: “La limpieza y la seguridad hacen que se viva muy bien y con tranquilidad”.


Egipto, en cambio, le mostró una realidad completamente distinta, atravesada por otras costumbres, otra religión y otra manera de vivir. “A veces puede ser un país más complicado por las diferencias culturales y religiosas”.
Lejos de cerrarse a esa experiencia, decidió aprender y empaparse de esa cultura milenaria. “Me gustó mucho aprender sobre su historia, conocer más sobre su cultura y ver de cerca sus esculturas y monumentos, que me parecen impresionantes”.
Cada experiencia fue transformándola poco a poco. “Vivir en el exterior me hizo valorar muchísimo más las cosas simples de Argentina y la forma en la que nos relacionamos allá”.
Lo que más extraña de Argentina
Hoy está cumpliendo su sueño artístico, pero hay cosas que la distancia nunca logra reemplazar. Shaya extraña profundamente a su familia y la calidez de los vínculos argentinos. “Extraño muchísimo todo, sobre todo a mi familia y toda la cultura que me quedó allá”.
Y en esa nostalgia aparecen las pequeñas escenas cotidianas que muchas veces pasan desapercibidas hasta que uno está lejos. “Extraño juntarme a tomar mates, comer facturas con la familia o los típicos asados de los domingos”.
También reconoció que emigrar le hizo entender cuánto valora la cercanía emocional que existe en Argentina. “Siento que allá la gente es mucho más cercana y sociable. Siempre hay alguien organizando algo o juntándose aunque sea un rato”.


Según explicó, en otros países percibe relaciones más distantes. “En otros lugares siento que la gente suele ser más cerrada y cada uno está más en la suya”.
A pesar de eso, asegura que siempre recibió un trato muy cálido por ser argentina. “Cada vez que digo que soy de Argentina automáticamente me hablan de Messi, del fútbol o del mate”, contó entre risas.
Y agregó: “Nunca viví una situación fea por ser argentina. Al contrario, siento que les llama mucho la atención y siempre tienen curiosidad o buena onda conmigo”.
“Hay que salir a buscar el sí”
Con tan solo unos años viviendo fuera del país, Shaya atravesó experiencias que la hicieron crecer rápidamente. Aprendió a empezar de cero, a adaptarse, a sostenerse emocionalmente lejos de su familia y a seguir adelante incluso en los días difíciles.
“Hay días que cuestan más que otros, pero siempre trato de seguir adelante pensando en mi futuro y en todo lo que quiero lograr”.
Por eso, cuando piensa en otros jóvenes artistas que quizás tienen miedo de perseguir sus sueños, intenta dejarles un mensaje muy claro: vale la pena intentarlo.


“Yo creo que realmente nunca tenemos la certeza de que las cosas vayan a salir exactamente como las planeamos, pero el ‘no’ ya lo tenemos asegurado, así que hay que salir a buscar el ‘sí’”.
Para ella, salir de la zona de confort fue una de las decisiones más difíciles, pero también una de las más transformadoras. “Obviamente da miedo porque es algo nuevo y diferente, pero también ahí es donde aparecen las experiencias más lindas y donde más crecemos”.
Y aunque admitió que emigrar no es fácil, insiste en que muchas veces el miedo termina alejándonos de oportunidades únicas. “Muchas veces por quedarnos en lo cómodo nos perdemos momentos muy hermosos”.
Un sueño que todavía sigue
A pesar de todo lo vivido, Shaya siente que recién está comenzando. Sueña con seguir recorriendo países, continuar creciendo profesionalmente y seguir bailando en distintos escenarios del mundo.
Por supuesto, Argentina sigue estando presente en su corazón y la idea de volver existe. “Tengo muchísimas ganas de volver, sobre todo para ver a mi familia y volver a estar en mi país”.
No obstante, hoy siente que su camino todavía continúa lejos. “Por ahora mi idea sería volver de visita, porque quiero seguir viviendo en diferentes países y seguir ejerciendo mi profesión mientras conozco nuevas culturas y experiencias”.
Y aunque hoy su presente transcurra entre escenarios de Egipto, festivales internacionales y nuevas culturas, hay algo que permanece intacto desde aquella niña que empezó a bailar en Alta Gracia: la certeza de que la danza siempre será su hogar.
Porque mientras haya música, movimiento y un escenario, Shaya seguirá haciendo aquello que soñó desde muy chica: bailar por el mundo.






