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Crónicas al Voleo

Miguel Gila, el hombre que habló con el enemigo

Miguel Gila, el hombre que habló con el enemigo
Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)

Caso particular el de Gila. Es probable que no haya mucha gente que después de haber estado frente a un pelotón de fusilamiento pueda dedicarse al humor por el resto de su vida. Aunque, mirado de otro modo, una persona que haya sobrevivido a una experiencia tan extrema está capacitada para reírse y hacer reír a cualquiera sobre cualquier asunto.

Miguel Gila, que participó en la  Guerra Civil Española como voluntario republicano, fue famoso en España y en Latinoamérica –entre otras genialidades– por un desopilante sketch que desnudaba el absurdo de una guerra, en la que desde un viejo teléfono de baquelita comenzaba un diálogo diciendo: «Hola, ¿es el enemigo?». Todo esto cuando las heridas de las guerras todavía estaban calientes en Europa.

Voluntario

Nacido en 1919 en Tetuán, cuando Tetuán no pertenecía aún a Madrid, se crió con sus abuelos ya que su padre falleció dos meses antes que naciera. En sus memorias, Gila haría mención a esa circunstancia: «El que iba a ser mi padre murió sentado en una silla, en la puerta del Hospital Clínico, con los ojos muy abiertos, como si el asombro de morir con veintidós años le hubiera provocado una hipnosis para un viaje sin retorno». Su madre, luego de su nacimiento, volvió a casarse y no lo incorporó a la nueva familia.

Dejó la escuela a los 13 años para poder trabajar y colaborar con la economía hogareña. Cuando estalló la guerra, Gila trabajaba en los Talleres Boetticher y Navarro, una importante fábrica de maquinaria pesada, y militaba en las Juventudes Socialistas Unificadas. Su ingreso como voluntario al Quinto Regimiento del  Ejército Republicano fue inmediato.

Un fusilamiento mal hecho

En diciembre de 1938, en el frente de Extremadura, Gila y otros compañeros fueron capturados por tropas del bando nacional. Tras ser detenidos, les quitaron botas, abrigos y pertenencias, y los mantuvieron horas bajo la lluvia mientras los soldados saqueaban una finca cercana. Al anochecer fueron llevados a un descampado para ser fusilados.

El propio humorista repasaría en sus memorias el suceso: «Nos fusilaron al anochecer; nos fusilaron mal. El piquete de ejecución lo componían un grupo de moros con el estómago lleno de vino- La boca llena de gritos de júbilo y carcajadas, las manos apretando el cuello de las gallinas robadas con el ya mencionado Ábrete Sésamo de los vencedores de batallas. El frío y la lluvia calaba los huesos. Y allí mismo, delante de un pequeño terraplén y sin la formalidad de un fusilamiento, sin esa voz de mando que grita: “¡Apunten!, ¡fuego!”, apretaron el gatillo de sus fusiles y caímos unos sobre otros. Catorce saltos grotescos en aquel frío atardecer del mes de diciembre. Las gallinas tuvieron poco tiempo para respirar, el que emplearon los del piquete de ejecución en apretar sus gatillos. Y sobre la tierra empapada por la lluvia, nuestros cuerpos agotados de luchar día a día».

Poco después volvió a caer preso de las fuerzas nacionales y permaneció detenido en distintos lugares hasta el final de la guerra. En la cárcel de Torrijos compartió celda con el poeta Miguel Hernández. Como si esto fuera poco, una vez finalizada la conflagración, debió cumplir con el servicio militar obligatorio.

El humor en tiempos de Franco

Sus inicios en el humor fueron a través de la gráfica. Había aprendido dibujo antes de la guerra, cuando era un aprendiz en Boettcher y Navarro. Fue recién en 1951 que logró el éxito en los escenarios, cuando actuó como «espontáneo» (es decir, amateur) en el teatro madrileño Fontalba, uno de los primeros que se abrió en la Gran Vía. En esa ocasión improvisó un monólogo sobre su experiencia como voluntario en la guerra.

Al respecto, años después expresaría que «cuando yo hablo de la guerra y llamo por teléfono al enemigo, es porque, de alguna manera, trato de ridiculizar ciertas cosas que me parecen ridículas y ponerlas de manifiesto».

Durante casi dos décadas alternó las actuaciones teatrales con las radiales con marcado éxito. Pero la situación en España era más que densa para quienes no comulgaban con el franquismo y en 1968 decidió emigra a Buenos Aires en busca de aires más amigables.

Regreso al terruño

La capital argentina le sirvió de base para proyectarse por toda Latinoamérica. Actuó en el mítico programa «Sábados circulares» que en canal 13 conducía Pipo Mancera. También creó una compañía de teatro y estrenó una revista satírica que se llamó «La Gallina» que fue un gran éxito en México. Además tuvo celebradas intervenciones radiales y televisivas en Venezuela.

Pero las cosas se pusieron un poco densas en Argentina, y luego de una poco afable visita de unos funcionarios gubernamentales («muy bien peinados, muy bien vestidos y con un Ford…¡verde!»), en 1979 se mudó a Venezuela, donde vivió algunos años hasta que entrada la década de 1980, y con el Generalísimo alimentando gusanos, regresó a la Madre Patria.

Desde su regreso a España, Miguel Gila cosechó numerosos premios y distinciones que reconocieron su trayectoria y su aporte al acervo cultural hispano. Fundamentalmente por el rescate emotivo que hizo del hombre de pueblo, a quienes defendía a cada oportunidad. «No hay ningún menosprecio al hombre del pueblo español –sostuvo en una entrevista televisiva–. Son muy sinceros, muy espontáneos y dicen las cosas como las sienten, sin temor a herir a nadie ni nada. Lo dicen porque lo sienten así. Entonces, mi personaje, o los personajes que yo creo con la boina, siempre tratan de decir cosas con esa ingenuidad, pero que les permite apearte de toda hipocresía y decir las cosas tal como las sienten».

Falleció en 2001. Pocos meses antes había hecho su última aparición en el programa «El Club de la Comedia», haciendo gala –como siempre– del leivmotiv de su vida. Decía que «el humor, como es una especie de estafa cerebral donde tienes que sorprender Hay que manejarlo de manera que la gente no sepa nunca que vas a decir. Y, en mi caso concretamente, manejando imágenes absurdas, pero que no lo son tanto. El hecho de que las cosas no hayan sucedido no quiere decir que que no puedan suceder».

El humor como forma de vida.

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