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Altagracienses por el Mundo

La historia de Gioia: entre el aroma a café en Roma y el sueño del bar propio

La historia de Gioia: entre el aroma a café en Roma y el sueño del bar propio

En esta sección te invitamos a conocer las historias de altagracienses que recorren diferentes partes del mundo. AGNoticias dialogó con Gioia quien con apenas 19 años dejó Alta Gracia para cumplir un sueño que llevaba desde chica. Hoy vive en Roma, trabaja como barista y asegura que emigrar le permitió encontrarse consigo misma.

En AGNoticias la sección «Altagracienses por el Mundo» ya es un clásico de nuestro portal informativo. Un espacio dónde les acercamos los lectores historias de vecinos, amigos o familiares que dejaron su ciudad natal y que ahora están viviendo diferentes experiencias alrededor del mundo. En esta oportunidad, conocemos más a la altagraciense Gioia Passarelli.

A Gioia, de 21 años, el mundo siempre le pareció un lugar inmenso que necesitaba explorar. Lejos de conformarse con la rutina, sentía que una parte de su identidad estaba incompleta. Un rompecabezas al que le faltaba una pieza fundamental que, finalmente, fue a buscar cruzando el océano Atlántico.

Hace dos años, tomó la valiente decisión de emigrar a Roma, la histórica capital italiana. Y aunque la aventura de vivir en el exterior siempre ejerce un magnetismo especial por el encanto de los idiomas y las diferentes culturas, en su caso el viaje tenía un componente profundamente emocional e identitario.

La historia de Gioia: entre el aroma a café en Roma y el sueño del bar propio

«La verdad es que desde muy chica siempre tuve el sueño de vivir en otro país. Me llamaban mucho la atención los idiomas, las diferentes culturas, las rutinas y la forma de vivir en otros lugares«, relató.

Sin embargo, la motivación principal llevaba un apellido: «En mi caso, también había algo muy personal: mi papá es italiano, entonces sentía muchas ganas de conectar con esa parte de mi familia y de mi identidad«.

Hoy, caminando por las milenarias calles de una de las ciudades más imponentes del mundo, vive el presente que alguna vez proyectó en su imaginación infantil.

«Desde chica pensaba que una parte de mí estaba incompleta, que necesitaba conocerme y siempre me vi viviendo y trabajando acá de más grande», confesó emocionada. Demostrando que la intuición muchas veces es la mejor brújula.

La historia de Gioia: entre el aroma a café en Roma y el sueño del bar propio

La gastronomía como lenguaje universal y el sueño de emprender

El rubro gastronómico siempre estuvo presente en su vida. Con experiencia previa en bares y restaurantes, una pasión que además viene de un fuerte legado familiar, llegó a Italia con el objetivo claro de sumergirse en la meca del espresso.

Actualmente trabaja como barista en Roma, un oficio que en el país europeo requiere de una precisión y un respeto casi religioso por el producto. «Siempre quise crecer profesionalmente dentro del mundo gastronómico y del café, que es algo que me apasiona muchísimo», explicó.

El entorno romano le está brindando las herramientas exactas que buscaba para su desarrollo. «Sentía que vivir en Italia me iba a permitir expandir mis conocimientos, aprender nuevas formas de trabajo y también crecer como persona».

La historia de Gioia: entre el aroma a café en Roma y el sueño del bar propio

La experiencia laboral en el viejo continente le abrió un abanico de aprendizajes técnicos y humanos que van más allá de la barra de un bar.

Durante estos dos años de inmersión total, no solo perfeccionó su técnica con el café. Sino que también se adentró en los secretos de la pastelería, la producción y los innumerables detalles profesionales que pulieron su perfil de manera integral.

Todo este arduo camino de formación tiene un objetivo claro y ambicioso en su horizonte: «Todo eso me inspira mucho porque uno de mis grandes sueños es, algún día, poder abrir mi propio bar«.

Para Gioia, la dinámica de la vida europea tuvo una forma casi mágica de alinear sus pasiones con las personas correctas.

«Siéndote sincera, siempre tenía esa cosa de que necesitaba encontrarme a mí misma y no entendía qué me faltaba. Y es muy loco, porque acá todo me conectó con el mundo del café, con gente que hoy en día me ayuda a crecer profesionalmente y rodeada de gente tan buena y siempre encaminada a lo que quiero», reflexionó sobre su presente laboral.

La realidad del emigrante sin filtros: buscar trabajo y dónde vivir

A la hora de desmitificar cómo es establecerse en el extranjero desde cero, Gioia ofreció una mirada realista, sin romantizar los obstáculos. Pero sumamente alentadora para quienes dudan en dar el salto. ¿Es difícil conseguir trabajo y dónde vivir en una ciudad tan masiva como Roma?

Respecto al ámbito laboral, su experiencia rompe con muchos prejuicios. «El trabajo siento que es mucho más fácil de conseguir de lo que muchos creen, sobre todo si uno tiene ganas de trabajar y adaptarse«, aseguró. Y aunque el idioma puede presentarse como una barrera inicial intimidante, sostiene que «con paciencia y tiempo todo se aprende».

En este sentido, destacó un factor fundamental que juega a favor de los compatriotas: «Algo que noto mucho es que el argentino suele adaptarse rápido porque es muy trabajador y muy resolutivo, y eso acá se valora muchísimo».

No obstante, el tema habitacional es la otra cara de la moneda y presenta desafíos mucho más complejos. En las grandes metrópolis europeas, independizarse requiere sacrificios, planificación y ceder en comodidades, al menos durante los primeros años.

«El tema vivienda sí puede ser un poco más complicado, especialmente al principio», adviertió. «En Europa, y sobre todo en ciudades grandes como Roma, muchas veces el presupuesto alcanza para alquilar una habitación compartida, compartiendo espacios con otras personas. Todo depende mucho de la zona y de la situación de cada uno».

Pese a las dificultades iniciales, envió un mensaje de tranquilidad: «Con el tiempo, todo se acomoda. Uno aprende a organizarse, encuentra mejores oportunidades y se va acomodando, pero siempre depende de lo que quiera cada uno a futuro».

A estos desafíos logísticos se le suman las inevitables trabas de la burocracia italiana, un dolor de cabeza conocido por muchos. «Obviamente no todo es perfecto. A veces los trámites son difíciles y lentos, especialmente para quienes vienen a hacer ciudadanía italiana».

También mencionó el choque cultural con «formas de pensar más tradicionales o antiguas». Pero, con una madurez sorprendente para su edad, comprende que «vivir acá implica también entender y aceptar otra cultura distinta. Italia tiene una forma muy particular de vivir y de relacionarse, y eso también forma parte de la experiencia».

Europa en tren y el redescubrimiento personal

La excelente conectividad que ofrece el continente europeo le ha permitido a Gioia aprovechar cada franco en su trabajo para convertirse en una incansable exploradora. «Algo hermoso de vivir acá es que todo está muy bien conectado, entonces cuando tengo algunos días libres aprovecho para viajar y conocer nuevos lugares», cuenta.

Ya recorrió los icónicos canales de Venecia, las vibrantes calles de Nápoles y la imponente arquitectura de Florencia. Recientemente traspasó las fronteras italianas para visitar Barcelona, en España, donde el viaje tuvo el valor agregado de reencontrarse con un amigo de Alta Gracia.

«Me gusta mucho esa posibilidad de poder moverme, conocer otras culturas y hacerlo incluso sin necesitar un presupuesto enorme. A veces con un fin de semana largo ya podés vivir experiencias increíbles y desconectar de todo el caos de la rutina, siempre o sola o con amigos que hice acá».

Sin lugar a dudas, el viaje más profundo y transformador no se mide en kilómetros ni en sellos de pasaporte, sino en el crecimiento interior. Al preguntarle qué es lo que más le gusta de su vida en Italia, su respuesta apunta directamente al autodescubrimiento.

«Creo que lo que más me gustó de Italia fue la persona en la que me convertí viviendo acá. Cuando uno se va de Argentina sabe que va a extrañar a su familia, sus costumbres y muchas cosas de su vida, pero también empieza un proceso muy profundo de conocerse a uno mismo».

La distancia le otorgó una nueva perspectiva sobre su propia resiliencia. «Creo que la mayor lección fue darme cuenta de lo fuerte que soy. Muchas veces uno no es consciente de todo lo que hizo hasta que se ve desde afuera», afirmó.

Esta experiencia la volvió «mucho más consciente, más agradecida y más conectada« consigo misma, enseñándole a valorar a la distancia a su familia, a sus amigos y los pequeños momentos de la vida.

Además, el entorno le brindó una serenidad invaluable: «Hoy siento que puedo vivir con más tranquilidad y hacer cosas que quizás en Argentina, siendo joven, se me hacían mucho más difíciles. Eso también te da paz y te permite pensar más en tu futuro».

La nostalgia intacta y un mensaje para los futuros viajeros

A pesar del innegable atractivo del estilo de vida romano donde, como ella misma describe, «hasta una rutina diaria puede sentirse especial», las raíces siguen tirando con fuerza. De Argentina extraña su núcleo vital.

«Extraño absolutamente todo: mi familia, mi comida, mi casa, mis hábitos y también nuestra forma de hablar. Aunque hoy hablo italiano de manera fluida, no existe comparación con poder expresarse como uno se expresa en Argentina. También extraño muchísimo la calidez y la calidad humana que tenemos nosotros», confesó.

Afortunadamente, ha encontrado refugio en una «comunidad argentina muy grande y muy linda» en Roma, confirmando que las costumbres nacionales resisten cualquier frontera.

Para todos aquellos altagracienses que sueñan con armar las valijas pero se encuentran paralizados por la incertidumbre, Gioia compartió una reflexión nacida de su propia experiencia:

«Muchas veces lo que más frena es lo económico o el miedo a salir de la zona de confort, y es totalmente entendible. Pero sí creo que cuando uno realmente tiene ganas de cambiar su vida, empieza a buscar la manera. A veces no se necesita tener todo resuelto para empezar. Muchas veces animarse con muy poco también es una forma de ganar».

Ella misma es prueba de ello: «Yo siempre supe que quería vivir esta experiencia. Lo soñaba muchísimo, lo manifestaba todo el tiempo y trabajé mucho para poder hacerlo realidad«.

Finalmente, de cara al futuro y ante la inevitable pregunta del regreso, dejó la puerta abierta, aunque respetando los tiempos de su propio proceso.

«Claramente me gustaría volver a Argentina en algún momento de mi vida, aunque quizás en un futuro más lejano y desde otro lugar personal. Hoy uno se acostumbra a una dinámica distinta y empieza a pensar mucho en el trabajo, en ahorrar y en organizarse para poder volver de visita».

Sin embargo, hay una certeza que ninguna distancia podrá borrar: «Argentina siempre va a ser mi casa. Mi idea sería volver más grande, con más experiencia, más aprendizaje y seguramente con otra mirada sobre la vida». Un desenlace perfecto para una altagraciense que salió a buscar sus raíces y, en el camino, construyó sus propias alas.

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