Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)
Cada año para esta época, ya avanzada la primavera boreal, París se viste de gala. Claro que más de uno dirá que la antigua Lutecia está de gala 24/7 durante todo el año y es altamente probable que tengan razón. Pero esta gala a la que me refiero suele estar teñida de polvo de ladrilo.
Y es que el Abierto de Tenis de Francia, que se disputa en las fantásticas instalaciones del Stade Roland Garros, a orillas del Bois de Boulogne en el 16º Distrito parisino, es una de las cuatro competencias tenísticas más importantes del mundo, junto a Wimbledon, Australia y Estados Unidos y convoca a la flor y la nata del deporte blanco.

Sí, estamos hablando del famoso Torneo de Roland Garros, esa competencia en la que brillaron, entre muchos otros, los argentinos Guillermo Vilas (que lo ganó en 1977 y fue finalista en otras tres ocasiones). O Gabriela Sabatini, Gastón Gaudio (que lo ganó en 2004), David Nalbandián y Guillermo Coria, por citar algunos.
Fascinado por los aviones
Entonces, llega un punto en que nos preguntamos: ¿Quién caraj… rayos fue Roland Garros?. En primer lugar hay que aclarar que el tipo jamás se destacó por jugar al tenis, aunque lo hizo. Y en todo caso, también jugó al fútbol y al rugby, y ocasionalmente al poker. Como casi todo el mundo. Y a casi nadie le ponen su nombre en un estadio.
Eugéne Adrien Roland Georges Garros nació en Saint Denis, la ciudad más grande y capital de la isla de Reunión, territorio francés de ultramar (o sea, una colonia). Lugar ubicado a pocas millas marinas de Madagascar, en la costa oriental del continente africano.

Tenía 11 años cuando lo llevaron a la Grande Semaine d’Aviation de la Champagne en Reims y al tipo se le chifló el moño. Supo en ese momento que se dedicaría a volar y apenas había superado los 20 años hizo su sueño realidad, pilotando un monoplano conocido como Demoiselle (Libélula en francés) que era un avión que solamente podía ser tripulado por un piloto de bajo peso.
En 1913 realizó el primer vuelo a través del mar Mediterráneo, cuando unió Frejus (una localidad cercana a Saint Tropez) con Bizerta en Túnez, uno de los puntos más boreales del continente africano. El vuelo, aunque desde el siglo XXI podría considerarse corto, fue una verdadera epopeya y no estuvo despojado de algunos inconvenientes, uno de los cuales lo llevaron a realizar un aterrizaje de emergencia en Córcega. Además llegó a destino con apenas cinco litros de combustible.
El mito del primer combate
Un año más tarde, cuando estalló la Gran Guerra, se alistó en las entonces modernas fuerzas armadas francesas. Obviamente se unió a la fuerza aérea y en general piloteó un Morane-Saulnier Type L, un monoplano de ala alta que era la joya de la ingeniería aeronáutica del país galo. Participó en diversos combates y obtuvo cuatro victoria (se llama victoria en un combate aéreo cuando un piloto derriba, destruye o inutiliza un avión enemigo).

Alrededor de Roland Garros se difundió el mito de que había protagonizado el primer duelo aéreo de la historia de la aviación. Según esta leyenda, Garros habría estrellado su avión contra un Zeppelin, destruyendo ambas aeronaves, muriendo en el acto los tripulantes del dirigible y el propio piloto francés. Sin embargo, en la fecha en que supuestamente se produjo el hecho (agosto de 1914), Garros se encontraba en París sano y salvo.
Datos históricos hallados posteriormente desestimaron el mito y confirmaron que el primer combate entre un avión y un zeppelín fue entre el 6 y el 7 de junio de 1915, cuando el piloto británico Reginald Warneford, volando un Morane-Saulnier Type L, interceptó el zepelín alemán LZ 37 sobre Bélgica. Warneford lanzó bombas pequeñitas sobre la parte superior del dirigible, provocó un incendio y lo destruyó.
La jornada fatal
Era todo risas hasta que, en 1915, la nave de Garros fue derribada y cayó en manos del enemigo. Fue prisionero de las fuerzas alemanas durante tres años, hasta que, en 1918, logró escapar junto al teniente Anselme Machard y logró regresar a Francia y reincorporarse al servicio activo.
Sin embargo las cosas no terminarían bien para el aviador nacido en la isla de Reunión. En la víspera de su cumpleaños número 30 fue alcanzado por metralla enemiga cuando participaba en una misión en Vouziers, cerca de la frontera con Luxemburgo. Faltaba solamente un mes para que terminara la guerra.

Su fallecimiento no pasó desapercibida para las generaciones posteriores y su figura fue motivo de numerosos homenajes. Pasó a integrar el panteón de los pioneros del combate aéreo junto a aviadores como Georges Guynemer y René Fonck. Además, se erigieron monumentos en distintos lugares de Francia, especialmente en la región de Vouziers, donde cayó abatido. Varias calles, plazas, escuelas y aeroclubes franceses fueron bautizados con su nombre.
Para la posteridad
Pero el homenaje más conocido y perdurable llegó cuando se cumplía una década de su muerte. Cuando Francia decide construir un estadio para albergar su cada vez más prestigioso torneo de tenis en París, el dirigente deportivo y ex rugbier Émile Lesieur, amigo personal y excompañero de armas de Roland Garros, insistió para que el predio fuera bautizado en su honor.
Desde entonces, decenas de miles de personas pueblan sus tribunas y sus canchas cada primavera, derrochando –sobre todo en sus gradas, pero por qué no en sus courts de ladrillo– glamour y estilo con el mejor tenis del mundo como excusa. Y podríamos apostar que un altísimo porcentaje de quienes concurren a las instalaciones o siguen el certamen por televisión alrededor del mundo no tienen ni idea que Roland Garros bien podría haber creído que la pelotita picaba porque tenía una ranita adentro.




