En esta sección te invitamos a conocer las historias de aquellos altagracienses viviendo en diferentes partes del mundo. AGNoticias dialogó con Camila quien estudió, trabajó en oficinas y vivió una vida «normal». Pero un día se animó a dar el salto: vendió todo y empezó a recorrer el mundo, con el buceo como brújula y el Caribe como nuevo hogar.
En AGNoticias la sección «Altagracienses por el Mundo» ya es un clásico de nuestro portal informativo. Un espacio dónde les acercamos los lectores historias de vecinos, amigos o familiares que dejaron su ciudad natal y que ahora están viviendo diferentes experiencias alrededor del mundo. En esta oportunidad, conocemos más a la altagraciense Camila Oberti.
La decisión de dejar todo atrás y cambiar de vida rara vez llega de un día para el otro. En el caso de Camila fue el resultado de un profundo malestar con la rutina y una atracción persistente por la vida nómada. “Siempre me gustó viajar, conocer lugares, ir y venir. Ese estilo de vida siempre me atrajo”.
Durante tres años trabajó en una obra social en Córdoba capital. Tenía estabilidad económica y una rutina ordenada. Sin embargo, la insatisfacción era constante. “Lo odiaba con toda el alma. No me gustaba estar encerrada, ni los horarios de oficina. Tener que trabajar un año entero para tener apenas quince días de vacaciones —o menos— me parecía insoportable”, recordó.






Fue entonces cuando algo hizo clic. “Mi destino está en otro lado”, se repitió, y comenzó a buscar alternativas que se alinearan con su deseo de moverse, de no quedarse quieta. Así fue como encontró su lugar en el mundo… o más bien, sobre el mundo: empezó a trabajar en cruceros.
Pasó alrededor de cuatro años embarcada, con contratos de ocho meses recorriendo distintos países, seguidos por breves regresos a Argentina para visitar a su familia. “Fue una etapa muy linda”, dijo con una sonrisa.
Pero la pandemia llegó para cambiarlo todo. En uno de sus viajes, quedó varada en alta mar. “Tuve que hacer cuarentena encerrada en una habitación durante bastante tiempo. Ahí dejó de ser tan bueno lo de los cruceros”.




Durante esos años, la joven altagraciense tuvo la oportunidad de conocer algunos de los destinos más deslumbrantes del planeta. “Recorrí casi todo el Caribe”, relató, y también mencionó haber pasado un tiempo en Londres y otras zonas del Reino Unido. Además, sumó varias experiencias en Europa continental, siempre aprovechando cada puerto para salir a explorar.
Tras el COVID-19, y luego de haber quedado varada durante semanas en una cabina de crucero, finalmente pudo regresar a la Argentina. “Una vez que me liberaron, por decirlo de alguna manera, decidí no volver a trabajar en los cruceros”.










El mar la llamó y ella respondió: convirtió su pasión por el buceo en profesión
Fue entonces cuando su pasión por el mar tomó otro rumbo. “Hacía tiempo que me gustaba el buceo —ya había buceado en varios lugares cuando tenía la oportunidad—, y entonces tomé la decisión de hacer carrera en eso”, explicó. Lo que comenzó como un simple pasatiempo, terminó por transformarse en una carrera profesional.
“Hasta ese momento lo había practicado como un hobby, algo que me encantaba”. Fue en el tiempo de transición post-pandemia cuando decidió apostar a fondo por esa pasión. Empezó a formarse en una escuela local de Córdoba, donde completó los primeros niveles: Open Water, Advanced y Rescue Diver.




Pero su recorrido no terminó ahí. Con la decisión tomada de profesionalizarse, se mudó a México por un año, donde trabajó mientras se preparaba para obtener su certificación como Divemaster, un paso clave para quienes buscan dedicarse al buceo de forma profesional.
Tras ese intenso año, se trasladó a Estados Unidos con el objetivo de trabajar y ahorrar algo de dinero, y desde allí dio el salto a República Dominicana, donde vivió durante dos años. “Trabajaba en el mismo centro de buceo, con la misma compañía. Estaba bastante bueno porque trabajaba mientras me capacitaban”.
En ese mismo lugar logró certificarse como instructora de buceo, y poco después fue promovida a dive boss, un rol clave dentro del equipo: “Es como ser la mano derecha del jefe del centro. Estaba todo muy bueno, realmente fue una experiencia muy linda”.






Hoy, ya de regreso en nuestra ciudad, admitió que el entorno es distinto. “Acá en Alta Gracia no se puede practicar buceo como allá, porque no tenemos ningún dique apto para eso”.
Sin embargo, no descarta la posibilidad de seguir conectada con el mundo subacuático. “Hace un par de fines de semana estuvimos haciendo una limpieza del fondo, buceando en Embalse. Así que, como poder, se puede hacer acá… pero sin dudas el mar es mucho más lindo”, señaló con una sonrisa nostálgica.










¿Cómo es la realidad de conseguir trabajo y vivienda en el extranjero?
En un rubro tan específico como el del buceo profesional, encontrar trabajo podría parecer complicado. Sin embargo, para la altagraciense fue sorprendentemente fluido.
“Por suerte conocí este centro de buceo, a ellos les gustó mi forma de trabajar y a mí me gustó la compañía, así que seguí siempre vinculada a ellos”. Esa conexión profesional se convirtió en una puerta siempre abierta: “Cada vez que necesitaba trabajar, sabía que podía contar con ese lugar. De hecho, todavía hoy sigo teniendo esa posibilidad”.




Más allá de ese vínculo puntual, expresó que en el mundo del buceo existen redes internacionales que facilitan el acceso a oportunidades laborales. “En general hay muchos grupos en Facebook donde podés enviar algo así como un currículum o una presentación, y centros de buceo de distintas partes del mundo te contactan”.
Eso sí, no todos los destinos son igual de accesibles. “A veces, siendo argentino, se complica un poco trabajar en Europa por el tema de la visa laboral y otros requisitos”. No obstante, puntualizó que en regiones como Centroamérica y el Caribe el panorama es muy distinto: “Es bastante fácil conseguir trabajo en el rubro del buceo”.






Tres países, tres realidades: Camila y su experiencia de vida entre el Caribe, México y Miami
Luego de viajar y visitar distintas regiones del globo terráqueo, Camila acumula un abanico de vivencias que le dejaron aprendizajes culturales, profesionales y personales.
De México, por ejemplo, se enamoró del mar y de su gente. “El buceo en México es realmente hermoso, y viajar por el país también es maravilloso: tiene playas increíbles”. Pero reconoció que, al principio, puede resultar difícil integrarse: “Los mexicanos pueden ser un poco duros al comienzo, pero una vez que te plantás y marcás tu posición, te respetan”.
En países como México y República Dominicana, ser mujer implica ciertos desafíos. “No sé si es falta de respeto, pero muchas veces piensan que pueden gritarte o decirte cualquier cosa solo por ser mujer, y que está bien hacerlo”, reflexiona. A pesar de esto, aseguró que hay formas de manejarlo. “Si estás trabajando con un grupo y marcás claramente tus límites, y te mantenés firme, ellos te respetan. Al menos a mí eso me funcionó”.




En cuanto al paisaje submarino, no duda: “Tanto en México como en Dominicana, el mundo subacuático es fascinante”. Las playas también, aunque el contraste con Miami es inevitable.
“Quizás allá las playas no son tan lindas y el mar no es gran cosa, pero lo que sí tiene Miami es comodidad: colectivos, trenes, transporte por todos lados. Todo es mucho más accesible que en el Caribe”.
Asimismo, subrayó la importancia del inglés en todos sus trabajos vinculados al turismo. “En los tres países siempre usé el inglés como idioma principal. Si vas a trabajar en turismo, sí o sí es importante saberlo”. Por suerte, señaló sentirse cómoda hablándolo.






Por otro lado, la comida fue otra experiencia distinta en cada lugar. “La dominicana no me gustó tanto. Su dieta se basa en plátano frito y arroz, cosas que a mí no me atraen”, confesó. México, en cambio, le resultó delicioso: “Me encanta lo picante y todo ese sabor típico mexicano”. Sobre Estados Unidos, no dudó: “La comida en Miami me pareció horrible. Todo es chatarra, procesado. Incluso ir al supermercado era raro… no confiaba en esa comida”.
A pesar de las diferencias, hay algo que los tres destinos comparten y que para la altagraciense fue un plus: el clima. “Me encanta el calor, la playa. Por ese lado, estaba feliz”, sonríe. Y, como en otros aspectos, también aprendió a manejarse en lo social: “Cuando entendí cómo se manejan culturalmente los hombres en esos países, aprendí a poner límites. Ellos valoran el respeto, y si lo das y marcás cómo querés ser tratada, te respetan”.






Experiencias personales y consejos para aquellos que están pensando en vivir en otro país
Camila tiene claro que lanzarse a la aventura de vivir en el exterior no es una decisión sencilla. Pero también sabe que vale la pena intentarlo. Por eso, cuando le preguntan qué le diría a alguien que está dudando, no lo piensa dos veces: “Si querés viajar, hacelo. No tengas miedo”.
Para ella, el primer paso es animarse. “Lo peor que puede pasar es que no te guste, no te sientas bien y decidas volver. Y está bien. Tu casa en Argentina va a seguir estando, tu familia también. Lo importante es que lo intentaste, diste el paso”, declaró convencida.




Además resaltó el valor de la información previa. En tiempos de conectividad global, considera que hay muchas herramientas al alcance de la mano: “Hoy en día, Internet te ayuda muchísimo. Si tenés miedo de viajar, metete en Facebook, buscá grupos, foros, comunidades. Hay un montón de espacios donde podés conocer a muchísimos argentinos —y personas de otros países también— dispuestos a ayudarte”.
Esos lazos se vuelven esenciales cuando uno está lejos. “Cuando estás afuera, cualquier persona de tu país que conozcas se convierte, en cierta forma, en tu familia. Son tu grupo de apoyo, las personas a las que vas a recurrir si te pasa algo”.
Pero más allá del entusiasmo por lanzarse a la aventura, hay un punto que destacó como innegociable: viajar con seguro médico. “Es muy importante irte con un buen seguro. A veces por querer ahorrar uno lo pasa por alto, pero puede ser un error gravísimo”, advirtió.






Y lo dice con conocimiento de causa. En su paso por Dominicana contrajo dengue y debió estar internada durante quince días. “Otra vez, el seguro médico fue clave”, rememoró. También atravesó un episodio complicado cuando le diagnosticaron COVID en un barco y debieron desembarcarla cerca de Londres. “Por suerte tenía seguro, y eso me salvó”.
Por eso, su mensaje es claro: “Andate con miedo, sí, pero andate. Y no escatimes en el seguro médico”.
¿Volver a Argentina?
Hay algo que Camila, más allá de las playas paradisíacas o las aventuras laborales, siempre echa de menos cuando está lejos: la posibilidad de acceder a la salud sin obstáculos.
“Lo que más extraño de Argentina, después de mi familia, es el sistema de salud”, aseguró sin dudar. Y añadió: “La comodidad de poder decir ‘necesito algo, voy al hospital’, sin la preocupación de que me quieran vender cualquier cosa o que un médico me cobre de más solo por verme como turista”.






La comparación con el exterior es inevitable. En muchos de los países donde vivió, percibió cómo su condición de extranjera la dejaba expuesta a abusos económicos en el sistema médico. “Allá puede pasar eso: te ven la cara y piensan ‘a este le cobro una fortuna por una simple consulta’”.
En ese sentido, subrayó lo que considera uno de los grandes beneficios de vivir en Argentina: el acceso a la salud pública. “Es algo que acá muchas veces no valoramos, pero cuando salís del país te das cuenta de lo importante que es poder ir a un hospital sin preocuparte por si te alcanza la plata”.
Sobre un regreso definitivo a Alta Gracia, Camila no descarta la idea. No obstante, admitió que no es una decisión sencilla. “Es un poco incierto. Por el momento creo que sí, que me quedaría acá de manera definitiva, pero no es una decisión fácil”.






La dificultad, según comentó, no pasa tanto por lo material o lo profesional, sino por lo emocional y lo social. “Hace varios años que vengo viajando, y adaptarme a todo de nuevo es difícil”.
Su psicóloga fue clave para tomar conciencia de lo que implicaba el regreso: “Me hizo darme cuenta de lo que significaba adaptarme a la gente de nuevo, a cómo funciona mi familia, a mis amistades, a una casa…”.
Aunque hoy está instalada en Alta Gracia, el desafío de volver a echar raíces es un proceso que lleva tiempo. Y mientras lo transita, se permite la duda: ¿será este regreso el definitivo?












