Durante las últimas audiencias del juicio oral, psicólogos y psiquiatras expusieron informes que describen un patrón de violencia sostenida, manipulación y graves secuelas psicológicas en la denunciante. Los testimonios complican aún más la situación judicial del acusado Blumenthal.
El avance del juicio oral y público contra Federico Blumenthal ha sumado elementos contundentes que agravan su situación procesal. En las últimas audiencias, las declaraciones de dos psicólogos y dos psiquiatras, sumadas a los informes periciales oficiales incorporados a la causa, trazaron una radiografía minuciosa sobre el comportamiento del acusado y el severo daño psíquico sufrido por la denunciante, Valentina Bustos Lluch.
Los testimonios técnicos expuestos ante el tribunal coincidieron en que la violencia ejercida no era un hecho aislado, sino parte de una dinámica estructural de opresión.
De acuerdo a los especialistas a cargo de evaluar los perfiles de los involucrados, el acusado demostró una constante tendencia a sostener lo que denominaron un «vínculo asimétrico de poder».
El perfil del acusado: Control, «doble fachada» e impulsividad
Las conclusiones de los análisis psicológicos realizados a Federico Blumenthal arrojaron rasgos de personalidad sumamente complejos. Según consta en las actas periciales, el acusado «despliega conductas impulsivas-agresivas sin control racional con la finalidad de lograr destacar su yo, su prestigio social (ostentación) y su superioridad«.
Este patrón se complementa con una marcada «doble fachada», una característica que le permitía mostrarse exteriormente como un sujeto socialmente adaptado mientras mantenía conductas dominantes en el ámbito privado.
Los expertos indicaron que el criterio de realidad de Blumenthal se encuentra «atravesado por aspectos egocéntricos y exaltación de la propia personalidad«. Lo que deriva directamente en una «escasa capacidad para controlar racionalmente los impulsos que debe expresar circunstancialmente dentro de un contexto social-relacional«.
En la sala de audiencias, resonó con fuerza la descripción de su modus operandi cotidiano:
«Siempre intentaba controlar y disciplinar. Las herramientas para controlar su ira era la represión: aguantar, aguantar, aguantar y ahí venía el estallido con todo«.
Debido a esto, los profesionales advirtieron que la valoración del riesgo de violencia en una personalidad con estas características es «altísima». Implicando una escalada orientada a «llegar a mayores» si sus estrategias de control fallaban.
Valentina Bustos Lluch: Secuelas de un «daño psíquico profundo»
Por su parte, los informes psicodiagnósticos realizados a la víctima, Valentina Bustos Lluch, ratificaron el impacto devastador de los hechos investigados. La valoración profesional y conclusiones determinaron de manera taxativa que «se detectaron indicadores que permiten inferir la existencia de Alto Riesgo y de peligro de vida mientras la pareja estuvo en convivencia».
El dictamen técnico de los peritos oficiales determinó que la joven presenta claros «signos de victimización por violencia de género», detallando indicadores emocionales que dan cuenta de que «su condición de mujer ha sido doblegada, tal situación le habría ocasionado baja autoestima y sentimientos de inferioridad«.
Actualmente, Valentina se encuentra diagnosticada con estrés postraumático, manifestando un cuadro de:
- Tristeza, ansiedad y retraimiento profundo.
- Ataques de pánico recurrentes.
- Un «estado de alerta constante».
Los especialistas explicaron que la joven atraviesa un «estado traumático», definido clínicamente como la necesidad de hablar una y otra vez del hecho padecido. Reconstruir su bienestar representa un desafío mayúsculo para los profesionales de la salud:
«Es muy difícil lograr que esa persona vuelva a su estado natural, a esa Valentina de hace 7 años atrás, por la cantidad de violencia psicológica, física, verbal y sexual que vivió la víctima».
Durante la jornada también se definió que el próximo 17 de junio, a las 9:30 h, se realizarán los alegatos y se definirá la sentencia final.




