A once años del primer Ni Una Menos, la memoria sigue siendo una herramienta fundamental para exigir justicia y mantener viva la lucha contra la violencia de género. Johana Altamirano, Silvia Maddalena, Valeria Oviedo y Romina Aiden son algunos de los nombres víctimas de femicidios que dejaron una huella imborrable en la región.
Este 3 de junio se cumple un nuevo aniversario de la movilización Ni Una Menos, el movimiento que nació en Argentina para visibilizar y combatir la violencia machista. En Alta Gracia y localidades del departamento Santa María, distintos femicidios ocurridos durante la última década dejaron profundas heridas en la comunidad y se transformaron en símbolos de una problemática que sigue vigente.
Uno de los casos que más conmocionó a la ciudad fue el de Johana Altamirano. La joven fue asesinada el 27 de abril de 2016 y su cuerpo fue hallado en el Parque García Lorca. En un primer momento se evaluó la posibilidad de un accidente, pero rápidamente la investigación determinó que se trataba de un crimen. Las pruebas de ADN y el análisis de su teléfono celular permitieron identificar y detener a Guillermo Rafael Bustos como autor del hecho.
Dos años más tarde, el 18 de mayo de 2018, otro femicidio sacudió a Alta Gracia. Silvia Maddalena, de 37 años, fue encontrada sin vida en su consultorio ubicado sobre avenida Del Libertador. A la profesional la estranguló Héctor Abel Gómez. Lograron identificarlo y detenerlo tras una compleja investigación que inicialmente no contaba con testigos ni registros concluyentes.

La violencia de género volvió a golpear a la región en enero de 2023 con el asesinato de Valeria Oviedo. Una joven de 21 años oriunda de Despeñaderos. La víctima había desaparecido luego de encontrarse con un hombre conocido de su entorno familiar. La investigación determinó que la asesinó durante una discusión y que a su cuerpo lo abandonaron en una zona rural cercana a Sacanta. El responsable quedó detenido y posteriormente condenado.

Más recientemente, en septiembre de 2024, Alta Gracia quedó impactada por la muerte de Romina Aiden, docente y preceptora de una institución educativa local. A la mujer, madre de tres hijos, la hallaron sin vida en su vivienda del barrio Don Bosco. La investigación judicial determinó que la estrangularon y apuntó a su expareja, quien posteriormente lo encontraron muerto.

A una década del primer grito colectivo de Ni Una Menos, recordar estos casos no implica revivir el dolor sino reafirmar el compromiso social de prevenir la violencia de género. Detrás de cada nombre hubo proyectos, familias, amistades y sueños truncados. La memoria, la educación y el acompañamiento siguen siendo herramientas esenciales para construir una sociedad donde ninguna mujer sea víctima de la violencia por razones de género.




