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Los fuegos subterráneos

Los fuegos subterráneos.
Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)

A pesar de lo extraño que parece, los fuegos subterráneos son fenómenos que se producen por miles en diversos lugares del mundo. Si bien las causas son diversas, los casos más reiterados son los llamados «fuegos de veta de carbón» y son prácticamente imposibles de apagar, por lo que el subsuelo arde por tiempo indefinido, aunque generalmente duran un tiempo lo suficientemente breve para no convertirse en noticia. Pero no siempre es así.

El más viejo de estos fuegos que arden bajo la superficie terrestre es el que se desarrolla debajo del monte Wingen en el estado de Nueva Gales del Sur, a algo más de 300 km. al noroeste de Sidney, en Australia. Si bien el primer registro realizado por los colonizadores británicos data de 1828, se calcula que el fenómeno ígneo se remonta a unos seis mil años atrás.

«Sé que muchas veces dije que el lobo venía / Pero esta vez, el lobo está acá»

«Nadie sabe el tamaño del fuego debajo de Burning Mountain, solo se puede inferir –dice Guillermo Rein, profesor de ciencia del fuego en el Imperial College de Londres en el Reino Unido– Es probable que sea una bola de alrededor de 5 a 10 metros de diámetro, que alcanza temperaturas de 1.000 grados Celsius».

«Donde el fuego no ha llegado se ve este hermoso bosque de eucaliptos –continúa explicando Rein–, donde está el fuego ahora no hay absolutamente nada vivo, ni siquiera pasto, y donde estaba el fuego hace 20 ó 30 años, el bosque ha regresado, pero es un bosque diferente, el fuego ha dado forma al paisaje».

«Esta vez es en serio, no estoy mintiendo / Algo se prende fuego»

Menos añejo, pero mucho más espectacular, es el pozo de Darvazá, también conocido como «la puerta del infierno». Ubicado a pocos kilómetros de la aldea homónima, en el centro de Turkmenistán y en pleno desierto de Karakum, se trata de un pozo que se formó en 1971 (época en que esta república pertenecía a la URSS), cuando geólogos soviéticos buscaban gas y lo encontraron de la peor manera, cuando cedió una enorme cueva subterránea llena de gas natural. Mientras realizaban una perforación (un poco al tun-tun, según la tecnología disponible para aquella época), el piso desapareció con la maquinaria y todo el campamento. Afortunadamente no hubo víctimas fatales.

Para evitar problemas más graves, los técnicos tuvieron la brillante idea de prender fuego a ese gas, con la seguridad de que en pocos días se extinguiría. Craso error. Desde entonces es enorme cráter de casi 70 metros de diámetro y 30 metros de profundidad arde duro y parejo a unos 400 grados centígrados. No sabemos que habrá opinado Leonid Brézhnev al respecto, pero no descartamos la posibilidad de que algún pueblito perdido en Siberia haya recibido nuevos habitantes.

«Se prende fuego mi pelo, mi piano, mis discos / La ropa y el perro»

En el estado de Jharkhand, al noreste de la India, se encuentra el yacimiento de carbón de Jharia, aledaño a la ciudad del mismo nombre. Se trata de una de las mayores reservas carboníferas del país y representa uno de los pilares de la economía regional de la que depende gran parte de la población.

Si bien no existen registros precisos, se calcula que en estas minas existen incendios constantes desde la segunda década del pasado siglo. Aparentemente el fuego se inició de manera espontánea cuando algunas de las minas fueron cerradas de modo incorrecto, lo que habría generado la acumulación de gases que, expuestos al calor y al oxígeno, entraron en ignición y ya no hubo modo de apagarlo.

El gobierno indio ha recibido numerosas denuncias por su indolencia para con la población de la región, la que registra un constante aumento de casos de enfermedades respiratorias y cardíacas, como así también la contaminación del aire por las constantes fugas de azufre, carbono, óxido nitroso e hidrocarbonos que se filtran a través de las grietas en la tierra.

«Puede ser que otra vez no sea cierto / Pero siento como el fuego me quema por dentro»

Si bien en su momento se generó un plan de reubicación de la población, casi nada se ha avanzado en ello. Por otra parte, la mayor parte de las minas siguen siendo explotadas y no es poca la gente prefiere mantener el trabajo y arriesgar la salud.

El subsuelo de esta región de la India es un verdadero horno desde hace más de un siglo. Además de la contaminación del aire y las aguas hay que tener en cuenta los periódicos hundimientos del suelo que muchas veces se llevan edificios enteros. Se calcula que esta situación se prolongará por unos cuantos miles de años más. Si, miles de años.

«Dame un balde de agua o de arena / O pasame el matafuegos»

Hasta 1962 Centralía, en el estado de Pensilvania, limitadamente recordada por un trágico enfrentamiento entre Veteranos de la Primera Guerra Mundial y miembros del sindicato «Trabajadores Industriales del Mundo» (IWW por sus siglas en inglés) ocurrido en 1919. El conflicto culminó con el luctuoso saldo de 6 muertos, muchos heridos y varios condenados por asesinato.

El pueblo existe desde 1841, cuando Johnathan Faust fundó la taberna «Bull’s Head». Desde entonces la principal actividad económica fue la explotación de los yacimientos de carbón del lugar. Y así fue hasta que al despuntar la década de 1960 la producción decayó afectada por el apogeo del petróleo y del gas.

A la caída de la actividad, con el consecuente impacto en la actividad laboral y económica del pueblo, se sumó la imprudencia y la imprevisión. Un incendio que comenzó en un vertedero de basura ubicado en una mina abandonada generó un incendio subterráneo que persiste hasta nuestros días.

«El incendio está cerca y no voy a quemarme / Sin antes pelear»

Desde entonces el aire se contaminó con el monóxido de carbono que emanaba desde las profundidades de la tierra y profundas grietas se abrían sorpresivamente bajo los pies de los pobladores. De a poco los habitantes de Centralía fueron abandonando el lugar. Algunos por sus propios medios, otros reubicados por el Estado.

Actualmente hay cinco habitantes en el pueblo, unos pocos edificios en pie y una iglesia que ofrece un servicio semanal. El gobierno federal le retiró el código postal y los residentes deben trasladarse a poblaciones aledañas como Mt. Carmel, Ashland o Frackville para retirar su correo. El fuego arde a unos 1.600 metros de profundidad y se estima que continuará haciéndolo durante los próximos 250 años.

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