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Altagracienses por el Mundo

La historia de Bruno: “Incluso con un trabajo básico podés vivir tranquilo en Australia”

La historia de Bruno: “Incluso con un trabajo básico podés vivir tranquilo en Australia”

En esta sección te invitamos a conocer las historias de altagracienses que viven en diferentes partes del mundo. AGNoticias dialogó con Bruno quien dejó Alta Gracia con la idea de buscar mejores oportunidades laborales. Hoy, instalado en el norte de Australia, comparte cómo fue empezar desde cero y encontrar equilibrio entre el trabajo y la vida familiar.

En AGNoticias la sección «Altagracienses por el Mundo» ya es un clásico de nuestro portal informativo. Un espacio dónde les acercamos los lectores historias de vecinos, amigos o familiares que dejaron su ciudad natal y que ahora están viviendo diferentes experiencias alrededor del mundo. En esta oportunidad, conocemos más al altagraciense Bruno Fertonani.

Desde chico, Bruno creció escuchando historias sobre Italia, sobre los abuelos y sobre la posibilidad —alguna vez lejana— de conocer el país de sus raíces. Su papá hablaba con frecuencia de esa tierra, y en casa se respiraba una conexión con la cultura italiana: la comida, los gestos, las costumbres, la idea de buscar horizontes más amplios.

Además, un tío que vivía en España mantenía viva la curiosidad por el exterior.Mi papá siempre fomentó en casa una cultura muy ligada a Italia. Además, tenía a mi tío viviendo en España, y eso me despertó la curiosidad por conocer el exterior”, recordó hoy, a miles de kilómetros de Alta Gracia.

Esa semilla, sembrada en la infancia, germinó lentamente. Mientras estudiaba en la facultad para convertirse en Técnico Superior en Actividad Física y Entrenamiento Personalizado, Bruno ya tenía claro que su camino probablemente no terminaría en Argentina.

“Desde que estaba en la facultad tenía en mente terminar la carrera y emigrar en busca de algo mejor, sobre todo en el aspecto económico, ya que Argentina es un país bastante inestable y difícil en ese sentido”, relató.

La decisión de emigrar no fue impulsiva. Fue un proceso de años, de madurar una idea, ahorrar, planificar y animarse. “Básicamente, emigré buscando una vida más estable y mejores ingresos”.

Pero detrás de esa frase hay un cúmulo de razones compartidas por muchos jóvenes argentinos: la incertidumbre económica, la búsqueda de oportunidades y el deseo de experimentar cómo se vive en otros lugares del mundo.

De Europa a Oceanía: el camino hacia el otro lado del mapa

El joven no se fue directo a Australia. Su recorrido por el mundo fue, como el de tantos migrantes, una sucesión de etapas, aprendizajes y reinvenciones. Junto a su novia, eligieron como primer destino España, un país que los recibió con su idioma familiar, pero también con sus propios desafíos.

“Arrancamos en un pequeño pueblo llamado Calamocha, donde tengo amigos. La idea inicial era que, como yo ya tenía la ciudadanía italiana, podía trabajar, y mi novia no. Entonces queríamos hacer pareja de hecho para que ella también pudiera obtener la residencia y juntar algo de dinero, señaló.

España fue su hogar durante casi un año y medio. Allí Bruno conoció de cerca el ritmo de la vida europea y la realidad del trabajo en distintas áreas.

Durante ese tiempo, fue jardinero, mozo y empleado en una fábrica de jamón crudo. Oficios que nada tenían que ver con su formación profesional, pero que le enseñaron la versatilidad y el valor de adaptarse. “Cuando uno emigra, deja de elegir tanto. Lo importante es poder mantenerse y seguir adelante”.

Más tarde, se trasladaron a Sicilia, Italia, donde vivieron alrededor de medio año. En ese lugar, además de reencontrarse con sus raíces familiares, iniciaron los trámites de ciudadanía italiana para su novia, un proceso largo y burocrático.

“El trámite se demoró bastante, pero una vez que los dos obtuvimos la nacionalidad italiana, decidimos venirnos a Australia con la visa Work and Holiday para los dos, sostuvo.

El salto a Oceanía marcó un antes y un después. Después de haber probado Europa, Bruno y su pareja buscaban un destino con otro ritmo, más naturaleza y la posibilidad de mejorar económicamente.

Así llegaron primero a Melbourne, una ciudad grande, moderna y multicultural donde vivieron seis meses. Pero fue en Cairns, al norte del estado de Queensland, donde encontraron el equilibrio que buscaban.

Vivir en Cairns: naturaleza, estabilidad y nuevos desafíos

Cairns es una ciudad tropical, rodeada por selva, montañas y el mar del Coral. Es la puerta de entrada a la Gran Barrera de Coral, uno de los lugares más impactantes del planeta. “Acá todo es verde, hay árboles por todos lados y una conexión constante con la naturaleza”.

“Eso me encanta. Incluso con un trabajo básico podés vivir tranquilo, algo que en muchos países no pasa. Es un país estable, con calidad de vida y respeto por las normas”, expresó Bruno.

Actualmente trabaja en el área de mantenimiento de un hotel, donde se encarga de que todo el edificio esté en condiciones. Su jornada combina tareas técnicas, contacto con huéspedes y un entorno laboral muy diverso.

“Australia tiene una gran comunidad internacional. En mi trabajo hay gente de todos lados: europeos, asiáticos, latinos. Eso lo hace más entretenido y también te obliga a practicar el inglés todos los días”, comentó.

Conseguir trabajo en Australia depende mucho de la temporada. Cairns es una ciudad muy turística, por lo que la demanda laboral varía según la época del año.

“En algunos momentos sobra mano de obra, y en otros falta. A veces hay que ‘inventarse’ un currículum o experiencia para conseguir algún empleo, especialmente en hotelería o gastronomía, que son los rubros más demandados”.

Esa flexibilidad es casi una regla entre los viajeros que llegan con la Work and Holiday Visa, un programa que permite trabajar y recorrer el país durante uno o dos años, con posibilidad de renovación si se cumplen ciertos requisitos laborales.

Adaptarse a un nuevo idioma, una nueva cultura y un clima extremo

Aunque había estudiado inglés varios años, el joven admitió que el idioma fue uno de los primeros desafíos. “Hacía más de diez años que no lo usaba, así que al principio me costó adaptarme”.

“Además, el acento australiano es bastante distinto al inglés que se aprende. Pero con el tiempo uno se acostumbra. Hablar inglés fluido es una de mis metas personales, dijo.

Otro reto fue el clima. Cairns tiene un ambiente completamente distinto al de Córdoba: calor, humedad y una marcada wet season, o temporada de lluvias, que dura varios meses.

“Acá no hay una gran diferencia entre verano e invierno. Son seis meses de mucha lluvia y calor, y seis meses sin lluvia, pero también con calor. No soy muy fanático del clima tropical, pero me he acostumbrado. Durante la temporada húmeda puede llover todos los días y eso se vuelve agotador, contó entre risas.

Sin embargo, el entorno natural compensa cualquier incomodidad. En sus días libres, aprovecha para hacer caminatas por los parques nacionales, visitar playas cercanas o recorrer los pequeños pueblos costeros del norte de Queensland. “Australia tiene paisajes que parecen sacados de una película. A veces no podés creer lo que estás viendo”.

Una gastronomía del mundo y una sociedad multicultural

Por otro lado, Bruno suele decir que Australia es una especie de mosaico de culturas. “No tiene una gastronomía muy propia ni platos típicos destacados como los de Argentina, Italia o España. Es más bien una mezcla de comidas del mundo, con muchos restaurantes asiáticos y también latinos”, explicó.

Esa diversidad también se nota en las calles, los mercados, las festividades y el ambiente de convivencia entre personas de distintas partes del planeta.

Los australianos son muy abiertos. Están acostumbrados a vivir entre inmigrantes. Te saludan, te ayudan, te incluyen. Eso hace que adaptarse sea mucho más fácil”, agregó.

Extrañar sin nostalgias

Cuando se le preguntó qué es lo que más extraña de Argentina, Bruno no dudó en absoluto: Mi familia y mis amigos”. Pero enseguida aclaró que no vive con una gran nostalgia. “No tengo una gran melancolía por el país. Extraño los afectos, pero no tanto la rutina ni la situación. Me siento tranquilo acá”.

Con el tiempo, aprendió también a valorar cosas que antes daba por sentadas. “Como altagraciense, me di cuenta de que valoro mucho vivir en una ciudad chica, donde todo queda cerca y podés moverte rápido sin perder tiempo.”

Me gustaría poder establecerme en un lugar así, porque las ciudades grandes, al menos para mí, son complicadas para vivir. Necesito tener cerca un parque, una sierra o algo de naturaleza.”

Esa conexión con lo simple, con la vida tranquila, es algo que Australia le ofreció sin pedirlo.

Consejos para quienes sueñan con emigrar

A quienes piensan seguir un camino similar, el altagraciense les recomendó paciencia y planificación. “Antes de emigrar hay que informarse bien sobre todos los trámites y papeles. Es un proceso tedioso y no siempre sencillo. Si se tiene pasaporte europeo, todo es más fácil.”

“Pero en cualquier caso, lo importante es estar preparado, hacer nuevos amigos, disfrutar el camino y crear un pequeño hogar, aunque sea lejos. Eso hace más llevadero el desapego de todo lo que uno deja atrás”, declaró con convicción.

También insistió en no idealizar la experiencia. “Emigrar no es fácil, aunque en redes sociales muchas veces se vea solo la parte linda. Tenés que adaptarte a nuevas costumbres, aprender otro idioma, empezar de cero en todo. Pero también te hace crecer muchísimo. Aprendés a confiar en vos mismo.”

¿Volver a Argentina o mirar hacia adelante?

Por ahora, Bruno no piensa regresar a vivir en Argentina. “Al menos no en el corto plazo. Tengo planes de intentar quedarme a vivir en Australia. De todos modos, en unas semanas vamos a viajar de visita: ya tenemos los pasajes comprados. Así que, por ahora, de visita sí… pero para vivir, no”.

En Cairns encontró una estabilidad que durante años buscó. Hoy, entre el sonido constante de los pájaros tropicales y el verde intenso del norte australiano, siente que por fin logró construir una vida propia, hecha a su medida y con el equilibrio que tanto anhelaba.

Desde Alta Gracia hasta el otro lado del mundo, su historia refleja la de tantos jóvenes que se animan a dar un salto al vacío, con el corazón dividido entre lo que dejaron atrás y lo que están aprendiendo a llamar hogar.

El joven lo resumió con una frase que podría ser lema de toda una generación: “Emigrar te cambia, te enseña y te obliga a empezar de nuevo. Pero si uno está dispuesto a aprender, el mundo se vuelve un lugar enorme y lleno de posibilidades.”

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