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La historia de Ana: trabaja en un spa en los Alpes y sueña con seguir viajando

La historia de Ana: trabaja en un spa en los Alpes y sueña con seguir viajando

En esta sección te invitamos a conocer las historias de aquellos altagracienses viviendo en diferentes partes del mundo. AGNoticias dialogó con Ana quien dejó atrás la comodidad de lo conocido para buscar nuevas experiencias. En pleno corazón de los Alpes franceses trabaja en un spa, vive con amigos argentinos, estudia online y enfrenta los desafíos del idioma y el clima. Esta es su historia de adaptación, trabajo y sueños en movimiento.

En AGNoticias la sección «Altagracienses por el Mundo» ya es un clásico de nuestro portal informativo. Un espacio dónde les acercamos los lectores historias de vecinos, amigos o familiares que dejaron su ciudad natal y que ahora están viviendo diferentes experiencias alrededor del mundo. En esta oportunidad, conocemos más a la altagraciense Ana Caffarena.

Desde muy joven, Ana supo que su destino no estaba atado a un solo lugar. “Desde chica siempre quise viajar”, confesó con una sonrisa que delata la pasión intacta por el camino andado. Aunque siempre soñó con Italia —«no sé por qué, pero ese país siempre me llamó la atención», admitió—, su historia es una mezcla de intuición, perseverancia y encuentros fortuitos.

El primer gran salto lo dio cuando, a través de un programa de intercambio cultural, se trasladó a Boston, Massachusetts, donde vivió durante dos años. A su regreso a Argentina, y luego de una breve estadía de seis meses, tomó la decisión de dar un nuevo paso: mudarse a Italia para gestionar su ciudadanía.

“Allí estuve cuatro meses”, recordó. El pueblo donde se instaló era pequeño y, según relató, con una mentalidad bastante cerrada. “Era bastante machista, así que era casi imposible conseguir empleo”, lamentó. La falta de oportunidades laborales en ese contexto la llevó a buscar nuevas alternativas.

Fue entonces cuando surgió Chamonix, una ciudad francesa enclavada en los Alpes, conocida por su paisaje de postal y por ser cuna del montañismo. “Me enteré por medio de amigos. Tenía dónde llegar y posibilidades de conseguir trabajo, así que decidí venirme para este lado”, cuenta Ana.

Lo que comenzó como una estadía temporal de apenas un mes y medio —incluso tenía ya el vuelo de regreso a Argentina—, terminó por convertirse en una experiencia mucho más prolongada.

“Me encantó este lugar”, dice sobre Chamonix, donde ya lleva siete meses instalada. El plan ahora es seguir ahorrando un poco más para continuar su travesía. “Viajar es lo que realmente me apasiona”, afirmó con convicción.

Con apenas unos años de vida adulta, Ana ya suma tres países en los que ha residido: Estados Unidos, Italia y Francia. Pero si algo queda claro en su relato, es que su camino todavía tiene muchas estaciones por recorrer.

Mientras trabaja en un spa, construye su futuro profesional

Actualmente la joven se desempeña en un spa, en el área de mantenimiento y limpieza, una oportunidad que no llegó sin desafíos.

A la par de su trabajo en el spa, sigue estudiando de forma online desde Argentina. Está cursando la carrera de Comercio Internacional, una elección que encaja a la perfección con su estilo de vida nómada.

“Eso también influye en mis ganas de viajar, aprender más idiomas y conocer otras culturas”, reflexionó. Y agregó con convicción: “Sé que en el futuro todo eso me va a servir muchísimo para mi carrera”.

Con cada paso, Ana va tejiendo una vida marcada por la curiosidad, el esfuerzo y un horizonte siempre abierto.

¿Cómo es la realidad de conseguir trabajo y vivienda en el extranjero?

Vivir en el exterior puede sonar como una aventura idílica, pero la altagraciense sabe que la realidad muchas veces exige ingenio, adaptación y paciencia. El tema del trabajo es un poco complicado si no manejás idiomas, pero no es imposible.

Apenas llegó a Francia, no hablaba francés, y si bien domina inglés e italiano, la barrera idiomática se hizo notar desde el primer día. “Me las tuve que rebuscar”, expresó, reflejando esa mezcla de frustración y perseverancia que marca a quienes se lanzan a vivir fuera del país.

Con el tiempo, empezó a entender un poco más el francés, a pesar de que todavía no lo habla con fluidez. “Me cuesta bastante». Incluso, muchas veces cae en la tentación de responder en inglés: “Suele ser mi zona de confort, por así decirlo”.

Aun así, cree que manejar al menos inglés es clave: “Siempre digo que, al menos, hay que saber inglés. El francés es más difícil, no solo de hablarlo, sino también de encontrar gente que lo hable fluidamente”, declaró, en referencia a la diversidad de turistas y trabajadores que llegan a Chamonix.

Ana también aprendió que el momento en que uno llega puede cambiar mucho la experiencia. “Yo llegué en septiembre, justo en una especie de ‘intertemporada’”. Ese fue un período donde la demanda laboral bajó notablemente. “Me decían que necesitaban gente, pero recién dentro de un mes”, rememoró. Saber cuándo y cómo instalarse es, para ella, tan importante como saber idiomas.

Otro de los grandes desafíos fue —o podría haber sido— la vivienda. “Chamonix es una ciudad muy chica y muy enfocada al turismo”. Por eso, la mayoría de las propiedades en alquiler están destinadas a visitantes temporales.

“La gente prefiere alquilar a turistas porque pueden cobrar mucho más”, observó. Según su experiencia, quien quiera radicarse allí tiene que empezar la búsqueda con bastante anticipación: “Uno, dos o hasta tres meses antes, si se quiere conseguir algo, porque no es fácil”.

Por suerte, no tuvo que enfrentarse a ese problema de lleno. “Me dieron alojamiento en el trabajo”, comentó aliviada. Si bien le descuentan parte del sueldo en concepto de alquiler, aseguró que no es un monto elevado. Eso sí, no vive en el centro: está a media hora en colectivo.

Vivir en el centro es carísimo, casi no hay disponibilidad y los departamentos son muy pequeños. Hay que moverse bastante tanto con el tema del trabajo como con el tema de la vivienda”.

El día a día en Los Alpes: un cuento de hadas… con abrigo y mucho esfuerzo

A un mes de dejar Chamonix para embarcarse en una nueva temporada laboral en España, Ana hizo un balance de su paso por este rincón de los Alpes franceses con una mezcla de gratitud, asombro y nostalgia. “Creo que lo que más me gustó de Chamonix es la cantidad de gente de todo el mundo que hay”. Y dentro de esa diversidad, hay un detalle que la sorprendió especialmente: “Somos una comunidad enorme de argentinos”.

Durante el invierno, la ciudad se llena por todo lo relacionado al esquí, mientras que el verano atrae a atletas y aficionados de las carreras de montaña y otras actividades al aire libre. “Esa diversidad cultural a mí me encanta”, manifestó, convencida de que parte del encanto de vivir allí no está solo en el paisaje, sino también en la gente.

Pero los paisajes también tienen un lugar especial en su relato. “Este lugar, para mí, es como un cuento de hadas, literal”. Rodeada de picos nevados y naturaleza intensa, se enamoró visualmente de Chamonix. También reconoció que se llevó una sorpresa agradable con las personas.

“Yo tenía ese miedo que siempre te dicen, eso de que ‘los franceses son fríos, no les gusta que les hablen en otro idioma’”. Sin embargo, su experiencia fue completamente distinta. Me sentí muy cómoda. Me manejo solamente con el inglés y nunca tuve una mala respuesta por eso.

La comodidad fue tal que ya piensa en volver. “La verdad es que me encantó vivir acá, y creo que me encantaría volver”. Entre sus planes futuros está seguir aprendiendo el idioma francés, algo que siente como una deuda pendiente.

Más allá de lo emocional, también hizo un repaso práctico de su vida diaria en Francia. La gastronomía local, por ejemplo, no la cautivó. “Como vivo sola —bueno, con amigos que también son argentinos— no tengo tanto acceso a la gastronomía francesa. Y la verdad, por lo poco que probé, siento que no es nada del otro mundo. No me llama demasiado la atención”, contó con sinceridad.

En cuanto al clima, lo definió como una experiencia extrema. “En invierno hace muchísimo frío, y ahora en verano también hace mucho calor”. Al estar en altura, todo se siente con más intensidad.

“Chamonix tiene un invierno muy largo. En verano, con suerte, tenés dos meses donde podés estar sin buzo ni campera. El resto del tiempo —primavera y otoño incluidos— siempre hay que estar abrigado. Refresca bastante a la noche o a la tardecita, apenas se esconde el sol, y ya no la pasás tan bien.

Consejos para aquellos que están pensando en vivir en otro país

Después de haber vivido en tres países y armado una vida lejos de casa, la altagraciense no dudó en compartir lo que aprendió en el camino. Para ella, la preparación y la información son claves a la hora de lanzarse a una experiencia en el exterior.

«Mi consejo es que busquen mucha información. Hay mil formas de viajar que a veces no tenemos tan en cuenta”, explicó, y puso como ejemplo las múltiples visas de trabajo que ofrece Argentina para distintos países. “Siempre hay que averiguar bien sobre el lugar al que quieren caer”, recomendó.

Más allá de los trámites y las opciones legales, insistió en el valor del contacto humano. “Buscar argentinos que estén ahí y preguntar o pedir ayuda”, sugirió. Sabe por experiencia que quien ya atravesó esa primera etapa afuera suele estar dispuesto a tender una mano. “Uno que está afuera y ya la vivió siempre va a querer ayudar a quienes quieran comenzar esa aventura”.

Además, destacó el rol que juega hoy la tecnología en facilitar esos primeros pasos: “Hoy en día con la tecnología es mucho más fácil encontrar grupos de WhatsApp, Facebook y Telegram”.

Su consejo es claro y directo: “Unirse a todos los que puedan para sacarse todas las dudas”. Para la joven, prepararse, preguntar y conectarse con otros son tres pilares fundamentales para animarse a cruzar fronteras.

¿Volver a Argentina?

Si bien Ana se siente cómoda y agradecida por la experiencia que está viviendo en Chamonix, existe algo que ni los paisajes de cuento ni la calidez inesperada de la gente pueden reemplazar: el arraigo.

Extraño un montón de cosas de Argentina: la comida, la gente…”, confesó con nostalgia. Y pese a que los franceses no son tan fríos como le habían advertido, sostuvo que “no son como nosotros”.

En cada viaje, hay algo que se repite. “Siempre me pasa lo mismo: extraño la comida de mi familia, las juntadas familiares, los encuentros con amigos…”, enumeró, como si pudiera oler desde lejos ese plato casero del mediodía de domingo o escuchar el bullicio de una sobremesa entre risas. “Es algo muy nuestro, y no lo cambio por nada”, afirma con una sonrisa que se adivina detrás de sus palabras.

A pesar de que hoy la joven se encuentra en un buen momento, disfrutando de su estadía en Francia y planeando nuevos destinos, tiene algo muy en claro: “Me encantaría volver a Argentina. Si bien hoy me siento muy bien en donde estoy, para mí, mi hogar y lugar seguro siempre va a ser Argentina y las personas que tengo allá. Porque más allá de los mapas y las aventuras, hay afectos que no se mudan.



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