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Altagracienses por el Mundo

La historia de Victoria: lo que nadie te cuenta de empezar de cero en Barcelona

La historia de Victoria: lo que nadie te cuenta de empezar de cero en Barcelona

En esta sección te invitamos a conocer las historias de altagracienses que viven en diferentes partes del mundo. AGNoticias dialogó con Victoria, quien fue profesora de Educación Física en Alta Gracia y hoy trabaja en una tienda de ropa. Pero su relato es mucho más que un cambio laboral: entre alquileres complicados, sabores nuevos y festivales que parecen no tener fin, descubrió cómo adaptarse, aprender y sentirse en casa lejos de casa.

En AGNoticias la sección «Altagracienses por el Mundo» ya es un clásico de nuestro portal informativo. Un espacio dónde les acercamos los lectores historias de vecinos, amigos o familiares que dejaron su ciudad natal y que ahora están viviendo diferentes experiencias alrededor del mundo. En esta oportunidad, conocemos más a la altagraciense Victoria Martin.

Como tantos otros argentinos de su generación, Victoria sintió que las dificultades económicas y la inseguridad en el país empujaban a buscar nuevos horizontes. Pero su decisión de dejar Alta Gracia no estuvo motivada únicamente por las carencias: había un deseo profundo de cambio, de experimentar la vida en otro lugar del mundo.

“Siempre me gustó la idea de viajar, y la oportunidad apareció. Era el momento de salir de la zona de confort, de animarse a lo nuevo y dejar atrás lo conocido, rememoró. Con esa convicción, en mayo de 2023 emprendió viaje a Barcelona junto a su pareja.

Los primeros días fueron de descubrimiento y adaptación. Pero pronto decidieron dar un paso estratégico: trasladarse a Italia, a la comuna de Cesano Maderno, cerca de Milán. Allí la joven inició el trámite de ciudadanía italiana, que le abrió puertas laborales y de residencia en toda Europa.

Ese proceso, que duró cuatro meses, fue un punto de inflexión: “Era necesario para poder proyectar a largo plazo. Una vez resuelto, volvimos a Barcelona con otra tranquilidad”.

Trabajo: de la docencia al cambio de rumbo

En Alta Gracia, Victoria ejercía como profesora de Educación Física. Se formó y trabajó en su ciudad natal, rodeada de alumnos, escuelas y la rutina que construyó durante años. Sin embargo, emigrar significó también replantearse su lugar en el mundo laboral.

“Decidí que no quería hacer lo mismo que en Argentina. Cambiar de país era también cambiar de vida, y eso incluye la profesión. Sentía que necesitaba explorar otras opciones”, explicó.

Actualmente en Barcelona la joven está trabajando en una tienda de ropa cuya marca japonesa, llamada Uniqlo, hace alrededor de nueve meses. Anteriormente estuve en Decathlon,  una cadena de establecimientos dedicada a la venta y distribución de material deportivo.

Asimismo, acá en Uniqlo hace dos semanas rendí un examen y pasé a un nivel más alto de vendedora. De a poquito voy creciendo.

Barcelona, una ciudad cosmopolita, ofrece un abanico laboral diverso. Si tenés los papeles en regla, el acceso al trabajo es relativamente sencillo. Hay ofertas en gastronomía, hostelería, servicios y comercio. En ciudades grandes tal vez sea más complicado trabajar en negro, pero no es imposible. Lo importante es moverse, buscar y adaptarse”.

Su experiencia le enseñó a valorar la flexibilidad y la capacidad de reinventarse. Hoy Victoria no descarta en el futuro retomar su vocación pedagógica, pero admitió que por ahora disfruta del cambio: “Es parte de este proceso, animarme a probarme en otros terrenos”.

El gran desafío: conseguir vivienda

Si encontrar trabajo con papeles en regla es relativamente accesible, lo contrario ocurre con la vivienda. “Barcelona es una ciudad muy demandada: llegan estudiantes, inmigrantes y también turistas que optan por alquileres temporarios. Eso hace que haya poca oferta y que los requisitos de los propietarios sean muy exigentes.

Contratos de larga duración, avales, depósitos de varios meses y referencias son algunos de los pedidos habituales de inmobiliarias y dueños. “Nosotros tuvimos suerte, porque se nos fueron dando las cosas, pero sé de muchos que tardan meses en conseguir un departamento. Es un proceso que requiere paciencia y constancia”.

La pareja se instaló en un departamento pequeño pero bien ubicado, lo que les permite moverse en transporte público y aprovechar al máximo la ciudad.

“La vida en un departamento también cambia costumbres: en Argentina disfrutaba de la pileta, el patio, los perros; acá es distinto, más urbano. Aprendés a valorar los espacios verdes públicos que la ciudad ofrece”.

Una ciudad que abraza

Si algo destaca Victoria de Barcelona es la enorme oferta cultural y recreativa. “Siempre hay algo para hacer: festivales, conciertos, ferias gastronómicas, actividades deportivas, caminatas en la montaña o tardes de playa”.

La ciudad es hermosa y muy diversa, y lo que la hace más cálida es la gente que conocí acá. Sentís que te abraza, que te recibe.

Barcelona combina el mar Mediterráneo con la cercanía de los Pirineos, lo que permite pasar del calor playero a los paisajes de montaña en apenas un par de horas. “Eso es increíble, porque un mismo fin de semana podés vivir experiencias completamente distintas”.

El clima: entre similitudes y contrastes

Sobre el clima, la altagraciense encontró semejanzas con Córdoba. “El verano es húmedo y caluroso, y el invierno es frío y húmedo, muy parecido al nuestro. La gran diferencia está en la luz: en verano anochece a las nueve y media, y en invierno a las cinco ya es de noche.

“Eso modifica el ritmo de vida: los días largos de verano se disfrutan a pleno, mientras que en invierno las jornadas se sienten más cortas”.

Para ella, las mejores estaciones son primavera y otoño. “Son meses ideales porque no te agobia el calor y se pueden hacer muchas actividades al aire libre”.

Gastronomía: entre la paella y el asado ausente

La comida fue otro terreno de descubrimiento. “La dieta es más variada: pescados, mariscos, frutas y verduras frescas de mercado. Me animé a probar platos típicos como la paella, las tapas y el jamón ibérico”.

Pero reconoció que hay ausencias que pesan. “El asado argentino es insustituible. Acá, en los departamentos, las parrillas suelen ser eléctricas o a gas, y no es lo mismo. Eso es lo que más extraño, junto a los domingos en familia y los encuentros con amigos.

A esa nostalgia se suman detalles simples pero significativos: En Alta Gracia me gustaba sentarme a comer una mandarina en el patio, con mis perros alrededor. Esas escenas cotidianas no se reemplazan fácilmente”.

Idioma y trato hacia los argentinos

En Cataluña conviven el castellano y el catalán. Al principio, la segunda lengua fue un obstáculo: Era un idioma completamente nuevo para mí, nunca lo había escuchado. Pero con el tiempo el oído se acostumbra y empezás a entenderlo”.

Por otro lado, en lo social, Victoria expresó que siempre se sintió bienvenida. “El trato hacia los argentinos es muy bueno. Somos reconocidos por nuestra simpatía, nuestra capacidad de trabajo y también por el fútbol. Yo nunca tuve experiencias negativas”.

Lecciones de vida y consejos para emigrar

De su experiencia en el exterior, la altagraciense rescató un aprendizaje central: la resiliencia. “Vivir afuera es aprender a no bajar los brazos, a buscar soluciones y ver el lado positivo de las cosas”.

“Cambiás la actitud: dejás de quejarte y te concentrás en avanzar. En mi caso, tener al lado un compañero con quien nos apoyamos mutuamente es clave.

Por eso, a quienes sueñan con emigrar pero no se animan, les deja un mensaje claro: “Somos miles los argentinos en el mundo, y la mayoría está dispuesta a ayudar. A nosotros nos dieron una mano, y hoy tratamos de hacer lo mismo con los que quieren venirse”.

“Hay redes de apoyo, información, grupos en redes sociales. No es un salto al vacío: siempre hay alguien dispuesto a orientarte.

¿Volver a Argentina?

Aunque la nostalgia aparece en momentos puntuales, sobre todo al pensar en su familia, en los amigos de toda la vida o en esos rituales sencillos que marcan la identidad de Alta Gracia, Victoria no imagina por ahora un regreso definitivo a la Argentina.

“De visita, sí, siempre. Pero sentimos que acá estamos muy bien”, comentó. Su respuesta es serena y a la vez categórica: valora el presente que construyó en Barcelona, con la estabilidad que le da su trabajo, la seguridad de la ciudad y la posibilidad de proyectar el futuro junto a su pareja.

Lo curioso es que no habla de Barcelona como un destino final, sino como una etapa. “No sé si será el lugar donde nos quedemos para siempre, pero por ahora nos hace felices”. Esa felicidad se apoya en lo cotidiano: pasear por calles que siempre tienen movimiento, descubrir rincones nuevos cada semana, y vivir con la certeza de que la vida puede sentirse propia en cualquier geografía.

El regreso a Alta Gracia queda reservado para las visitas. Allí, cada viaje se transforma en un reencuentro cargado de abrazos, asados y sobremesas que duran horas.

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