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Yo Opino. Hoy: «Fútbol y discriminación: una historia que se repite, una herida que no sana»

Yo Opino. Hoy: "Fútbol y discriminación: una historia que se repite, una herida que no sana"
Por Juan Carlos Gamero

La discriminación en el fútbol no es algo nuevo. Claro que no por ello deja de ser repudiable y merece tomar las acciones más contundentes que sean necesarias.

La discriminación es una marca de agua que tristemente ostenta la sociedad, y el fútbol, como parte de esa sociedad, mal puede quedar al margen de estas manifestaciones.

Hace unos pocos días, quien resultó víctima de un insulto xenófobo fue el jugador de Talleres Miguel Navarro. De nacionalidad venezolana recibió un durísimo «venezolano muerto de hambre» de parte del paraguayo Damián Bobadilla, jugador del Sao Paulo.

Pero veamos. Es hora de quitarnos la careta, de dejar de tener una doble moral en todo esto. Hay que repudiar con toda el alma este tipo de actos, eso no es negociable. Pero también debemos hacer una autocrítica que propenda a construir, a crecer como sociedad.

Somos una sociedad intolerante. Y en el fútbol, que se mueve con el motor de la pasión, más todavía. La mayoría de los cantos de cancha no resisten una mínima zaranda en este tipo de expresiones. Como tampoco como sociedad lo resistimos. Llamamos «bolitas» a los bolivianos, «paraguas» a los paraguayos, «chilotes» a los chilenos y así podríamos seguir. Eso también es discriminación. Decimos que los jugadores de la selección de Francia son «de Angola» solo por su color de piel, como si eso fuera algo despreciable. Ojo, los alemanes alguna vez nos discriminaron luego de alguna final en copa del mundo y en el 66, para los ingleses éramos «animals». La intolerancia no es sólo patrimonio nuestro.

Pero mal de muchos, consuelo de zonzos. Lo que nos debe ocupar es en mejorar nosotros. Porque hacerlo significaría crecer como sociedad, avanzar como pueblo. Educarnos en convivencia.

Estuvo mal que le hayan dicho lo que le dijeron al jugador de Talleres. También estuvo mal que el colectivo oficial que transportaba al plantel albiazul el último clásico pusiera en uno de sus cristales una bandera de Bolivia en claro gesto de intento discriminatorio cuando circulaba por las calles de Alberdi. Como está mal que la hinchada pirata cante que «vamo a quemar el gallinero» refiriéndose a su archirrival. Como estuvo mal el gesto simiesco de hinchas argentinos cuando su equipo juega frente a un brasileño (Talleres mismo fue sancionado por ello no hace tanto en el partido de ida ante Sao Pablo, por ejemplo).

Vayamos al fútbol cordobés, el de los barrios. Si tu equipo es de un barrio supuestamente marginal, desde la tribuna baja inmediatamente el «negro de m…». Si sos del interior y jugás en Córdoba, pasás a ser «paisano muerto de hambre». Esto lo vemos y lo vivimos cada fin de semana, no estoy inventando nada. Y cuando un equipo de Córdoba capital juega en Buenos Aires… ya sabemos de los cánticos de tribuna. Cuidado: acá también baja del cemento el «porteños… h de p…».

Ejemplos sobran, abundan y asustan. Preocupan. Es hora empezar a ocuparnos de los que nos preocupa, si realmente nos preocupa. Parece un juego de palabras, pero no lo es. Ojalá fuera un juego. Por desgracia no lo es. Es algo malo, horrible, nefasto, condenable.

El día que entendamos todos que el fútbol es el deporte más maravilloso del mundo, pero que es solamente eso: un deporte, iremos avanzando hacia ser una sociedad más tolerante donde le demos el valor que se merecen a los buenos gestos y aislemos cada vez más a quienes no saben convivir con los demás.

Desgraciadamente nos falta mucho. Perdón por el pesimismo. Elijo ser realista.

nakasone