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WT Stead, el padre del periodismo de investigación

WT Stead, el padre del periodismo de investigación
Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)

«No me falta la esperanza de que se pueda poner algún freno a este vasto tributo de doncellas, involuntario o no, que los vicios de los ricos cobran cada noche en Londres sobre las necesidades de los pobres».

Estas palabras, excesivamente explícitas para la Inglaterra victoriana fueron publicadas en la edición del 6 de julio de 1885 de The Pall Mall Gazette con la firma de William Thomas Stead, bajo el título «El tributo de las doncellas en la moderna Babilonia»; una serie de artículos en los que denunciaba cómo «las pobres hijas del pueblo son engañadas, atrapadas y violadas, bien bajo la influencia de drogas, bien tras una lucha prolongada en una habitación cerrada».

Fan de Shakespeare

WT Stead, como firmaba sus notas, había nacido 36 años antes en el seno de una familia profundamente religiosa en el pequeño poblado de Embleton, ubicado en el sector más boreal de Inglaterra, a tiro de piedra de Escocia. Su primer trabajo fue a los 14 años como ayudante contable en un negocio de Newcastle. Para entonces ya hablaba perfectamente latín y era ávido lector de Shakespeare y del filósofo escocés Thomas Carlyle, sobre quien escribió en su primer artículo que fue publicado en el «Boy’s Own Magazine» (algo así como «La revista de los niños».

En 1865 publicó una nota sobre el asesinato de Abraham Lincoln en el periódico de su pueblo. Desde entonces su actividad periodística fue aumentando y su nombre empezó a aparecer en buena parte de las publicaciones de la región. Hasta que, a los 25 años, fue designado redactor en jefe del Northern Echo de Darlington, convirtiéndose en el hombre más joven en ocupar ese cargo en la historia del periodismo inglés.

Un ascenso sostenido

Un cuarto de siglo después alcanzaba la jefatura de dirección del Pall Mall Gazette; un diario londinense que se había convertido de hecho en el órgano oficial del partido liberal inglés. A partir de entonces el perfil periodístico de la publicación varió radicalmente y sus campañas denunciando injusticias y desigualdades sociales motivaron profundas reformas políticas.

Martin Comboy, historiador de la universidad de Sheffield, explica en una entrevista a la BBC que «su campaña en contra de la prostitución infantil tenía varios objetivos; uno era la corrupción política de hombres muy respetables que iban a zonas muy pobres de Londres para abusar de mujeres jóvenes, y para hacer más difícil esta explotación sexual intentó que el gobierno elevara a 16 años la edad del consentimiento (sexual)».

Investigación periodística

Para obtener testimonios de primera mano, infiltró a voluntarias del Ejército de Salvación en prostíbulos y lenocinios; e incluso llegó a una acción extrema: compró a una niña de 13 años para probar lo fácil que era acceder a la trata de menores.

Según Stead, las víctimas de este infame negocio eran «huérfanas, hijas de padres borrachos o de prostitutas, chicas cuyos amigos están lejos y que no tienen posibilidades de denunciar a sus abusadores. ¿A quién va a acusar? No sabe el nombre de su agresor. Puede que ni siquiera sea capaz de reconocerlo si se lo encuentra en la calle. Incluso si lo hiciera, ¿quién le creería? Una mujer que ha perdido su castidad es siempre un testigo desacreditado. El hecho de que esté en una casa de mala fama podría ser considerado como prueba de su consentimiento. El guardián de la casa y todos los sirvientes jurarían que ella consintió».

Escándalo y cárcel

El escándalo que provocó la publicación de la crónica del proceso de comprar a una menor tuvo dos resultados inmediatos. El Parlamento decidió llevar la edad del consentimiento de los 13 a los 16 años. El periodista fue condenado a tres meses de prisión. La niña protagonista del reportaje, Eliza Armstrong, quedó a cuidado del Ejército de Salvación, cuyo representante, Bramwell Booth, también debió acudir ante los estrados judiciales, aunque fue sobreseído de todos los cargos. Rebecca Jarret, la alcahueta que facilitó la compra de la niña, fue encarcelada por seis meses.

Los artículos de WT Stead tenían títulos provocadores como «La violación de las vírgenes», «Confesiones del dueño de un burdel» o «Chicas compradas y corrompidas». De esta manera logró un inusual interés del público. Y el rechazo del establishment de los medios de prensa que empezó a denominar su estilo despectivamente como «el nuevo periodismo».

Éxito editorial y un nuevo estilo

Cuando el mayor distribuidor de periódicos de Londres se negó a repartir el Pall Mall Gazette, un grupo de voluntarios lo hizo. Debió reimprimir varias veces cada una de las publicaciones y cuando se agotaba, los ejemplares de segunda mano se vendían a un precio 12 veces superior.

Con los años, su estilo periodístico de investigación y denuncia cruzó el canal de la Mancha y el océano Atlántico, inspirando el movimiento conocido como Muckraker (literalmente «removedor de basura»), que agrupaba a periodistas que se dedicaron a denunciar públicamente la corrupción política, la explotación laboral y una serie de abusos, inmoralidades y negocios turbios de personajes e instituciones de la época

Víctima de su propia profecía

En marzo de 1886 Stead había publicado un artículo de ficción titulado «Cómo el crucero de vapor se hundió en mitad del Atlántico, por un superviviente» en el que narraba el derrotero de un barco que, con 916 pasajeros a bordo, chocaba con otro en mitad del Atlántico. Debido a que las regulaciones del momento solo obligaban a llevar botes salvavidas para 390 personas, el choque terminaba en tragedia. Stead terminaba su escrito diciendo: «Esto es exactamente lo que podría pasar, y pasará, si los cruceros zarpan sin botes suficientes».

Veintiséis años después, un 10 de abril de 1912 y con un ticket de primera, WT Stead zarpaba desde el puerto de Southampton a bordo del flamante transatlántico RMS Titanic. Apenas cinco días después, la advertencia publicada un cuarto de siglo antes se hacía realidad. El buque se la pegaba contra un iceberg y, a causa del insuficiente número de botes salvavidas, murieron unas 1.500 personas, entre ellas el periodista, que no tuvo oportunidad de decir que él les había avisado.

La historiadora Gretchen Soderlund sostiene que «de una forma o de otra predijo su muerte en uno de estos cruceros trasatlánticos. Pero la idea de que estos cruceros podían ser peligrosos y que algún día se podía producir un accidente flotaba en el ambiente. Su idea no vino de la nada. Pero es algo interesante, así como la historia de que mientras el Titanic se hundía él permanecía sentado, en calma, como aceptando su destino».

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