En esta sección te invitamos a conocer las historias de altagracienses que recorren diferentes partes del mundo. AGNoticias dialogó con Nacho quien decidió dejar atrás su profesión para aventurarse en el viejo continente. Radicado en las Islas Canarias, nos relató con lujo de detalles cómo fue su paso por la tierra de sus ancestros en Italia, el desafío de conseguir vivienda y su giro laboral hacia la coctelería y ese sentimiento.
En AGNoticias la sección «Altagracienses por el Mundo» ya es un clásico de nuestro portal informativo. Un espacio dónde les acercamos los lectores historias de vecinos, amigos o familiares que dejaron su ciudad natal y que ahora están viviendo diferentes experiencias alrededor del mundo. En esta oportunidad, conocemos más al altagraciense Ignacio «Nacho» Bertolotti.

Tomar la decisión de armar las valijas y dejar atrás el lugar que nos vio crecer nunca es una tarea sencilla. Requiere valentía, un espíritu aventurero y, muchas veces, un ancla emocional que nos impulse a dar el salto. En el caso de Nacho, ese motor indiscutible fue la sangre.
Dejar Santa Ana y el Valle de Paravachasca no estaba impulsado únicamente por el anhelo de conocer otros horizontes o buscar una diferencia económica, sino por una necesidad mucho más profunda y personal: el reencuentro familiar.

«La verdad que el motivo fueron mis dos hermanos, que se fueron un año y medio antes que yo«, empezó relatando a nuestro medio, dejando en claro que el lazo fraternal fue su brújula.
«Más que nada mi hermano, que me animó a conocer el mundo y poder compartir mucho más con él ese tiempo que de chicos no tuvimos. Básicamente, la decisión de cambiar mi vida fue gracias al apoyo incondicional de ellos«.
Ese fue el punto de partida de una travesía que lo llevaría a recorrer miles de kilómetros, transformando por completo su realidad cotidiana.

Ocho meses en Italia y un mapa europeo por descubrir
El desembarco en Europa no fue directamente en tierras españolas. Su primera gran parada tuvo un profundo significado histórico y personal, ya que decidió instalarse en el país de sus antepasados. Durante ocho meses, Nacho vivió en un pequeño y pintoresco pueblo de Italia, el mismo lugar del cual era originaria su familia.

Esta experiencia inmersiva no solo le permitió tramitar la documentación necesaria y conectar con su historia genealógica. Fue el trampolín perfecto para empaparse de la cultura del viejo continente.
«Pude aprovechar de conocer ciudades increíbles como Roma, Nápoles, Milán y Torino«, detalló sobre su etapa italiana, un tiempo marcado por el asombro arquitectónico y el contraste entre la vida de un pueblo tradicional y el ritmo frenético de las grandes urbes europeas.

Sin embargo, el destino final de su viaje estaba trazado más al sur, en medio del Océano Atlántico. Dejando atrás la bota itálica, voló hacia Tenerife, en las Islas Canarias. Allí se produjo el tan ansiado abrazo familiar. Lo esperaban su hermano, su prima y una figura que resultaría fundamental para su adaptación:
«Una tía abuela que, si no fuera por ella, no hubiera logrado hacer tantos trámites burocráticos que hay en España«, confesó, arrojando luz sobre uno de los aspectos menos romantizados de emigrar, que es la interminable y agobiante burocracia extranjera.
Ya establecido en la isla canaria y con sus papeles en orden, Nacho no perdió la oportunidad de seguir explorando. Su sed de conocer lo llevó a sellar su pasaporte en destinos históricos y turísticos de primer nivel, logrando visitar París y la región de Normandía en Francia, así como también España: Madrid, Valencia, Alicante y Málaga.

La reinvención profesional: De la Educación Física a la coctelería
Uno de los capítulos más fascinantes en la historia de los emigrantes es, sin dudas, el ámbito laboral. En Argentina, tenía una vida profesional consolidada.
Se había recibido de Profesor de Educación Física y su día a día transcurría entre silbatos, cronómetros y rutinas de ejercicio en Santa Ana.
«Allí me desempeñaba como profesor en uno de los gimnasios de la localidad, también me dedicaba al entrenamiento deportivo y trabajaba en el colegio primario«, recordó con cariño sobre sus días enseñando a los niños y vecinos de la zona.

Pero emigrar también es, en muchas ocasiones, sinónimo de reinventarse. Al llegar a Europa, Nacho decidió conscientemente colgar el buzo de profesor y permitirse explorar otras facetas.
«Desde que vivo en Europa, no ejercí por algo más personal, por probar hacer algo nuevo, algo diferente«. Ese «algo diferente» lo llevó a sumergirse en la vibrante industria de la hospitalidad y el entretenimiento nocturno.

«Actualmente trabajo hace más de un año en un Bar de cócteles que a medianoche se convierte en discoteca«. Este giro laboral lo colocó en el epicentro de la movida nocturna de Tenerife, un ambiente dinámico que le exige una constante interacción con turistas de todo el planeta, alejándolo de los patios escolares y acercándolo a las luces de la noche española.

El lado B del sueño europeo: La odisea de conseguir vivienda
Cuando se le preguntó obre el proceso de establecerse materialmente en el extranjero, derribó varios mitos y ofreció una visión realista y cruda de lo que significa emigrar hoy en día.
Respecto al empleo, aseguró que hay oportunidades, pero con condiciones estrictas: «El tema del trabajo en Europa es fácil si tienes todos los papeles y estás en regla, hay demanda de personal. Pero lo que denominamos nosotros ‘trabajar en negro’, por lo menos donde estoy viviendo, es muy complicado».
No obstante, el verdadero desafío titánico que enfrentan los emigrantes no es el trabajo, sino el techo. Nacho fue contundente al respecto: «El tema vivienda, ahí se encuentra el verdadero problema en general».

Esta situación no solo responde a los altos costos de los alquileres en euros, sino también a los insólitos requisitos que imponen los propietarios. «Demandan recibos de sueldo que superen un máximo de años de aporte y demás exigencias que un recién llegado no tiene», detalla.
En el caso específico del sur de Tenerife, la situación se agrava por el modelo económico de la región, volcado casi en un 98% a la industria de los viajes.

«Esta es la gran problemática donde yo vivo. Hay falta de casas o departamentos para residentes por la enorme cantidad de viviendas temporales y vacacionales que hay en la zona», explicó.
¿Cuál es la solución ante este panorama? Adaptarse a nuevas formas de convivencia. «La normalidad en Europa es compartir departamento, ya sea con amigos o absolutos desconocidos. Esa es la forma de afrontar este problema».
Por ello, aconsejó firmemente que «la forma más segura para poder irte a otra ciudad y conseguir casa es teniendo algún amigo o conocido que pueda ayudarte, porque la verdad es que el tema es muy complejo».

La calidez canaria, la barrera del idioma y el inigualable sabor argentino
Vivir en Canarias es una experiencia peculiar. Geográficamente más cerca de las costas africanas que de la península ibérica, el archipiélago goza de un clima envidiable y paisajes de ensueño.
Pero para el joven, el verdadero tesoro de Tenerife es su gente. «Si tengo que destacar algo además de los paisajes y las playas, es la gente canaria«, afirmó.
El choque cultural en este aspecto fue sumamente positivo. «El canario no es tan frío como el europeo promedio. Podes ir caminando por un pueblo canario y la señora te va a saludar con un ‘hola mi niño’ sin conocerte previamente. Son gente muy orgullosa de su cultura y tradición», relató con simpatía.

Sin embargo, en el sur de la isla, el idioma oficial suele quedar relegado. «Acá se habla más inglés que español, te diría, por la cantidad inmensa de personas de todo el mundo que vienen a visitarla«.
Si bien habla italiano por su paso por aquel país y se defiende con el inglés, admitió que estar inmerso en un entorno tan internacional «termina siendo una práctica constante y te ayuda a mejorar mucho«.
Pero si hay un terreno donde la nostalgia golpea con fuerza, es en la mesa. A pesar de estar en un continente famoso por su gastronomía, tiene su veredicto claro.

«La cultura gastronómica de España es muy buena, pero como la nuestra no hay. España tiene muchas salidas al mar y yo del pescado no soy muy fan, así que no la disfruto mucho. La cocina italiana y francesa también son muy buenas y, en mi opinión personal, te diría que mejores que la española«.
Como todo buen argentino, señaló: «comparamos todo el tiempo diciendo ‘esto en Argentina está más rico o está mejor’, jajaja«.
Más allá de la comida, el vacío más grande que siente es por lo siguiente: «Lo que más extraño es la calidad humana que hay en Argentina, y más del cordobés, te diría. Porque en Córdoba, por más que seas de otra provincia u otro país, te integran y te hacen sentir uno más. Creo que no hay ninguna otra parte del mundo en la que pase eso».

Aprender a ser un «extranjero del mundo»
Para aquellos altagracienses que miran con ganas la posibilidad de armar las valijas, ofreció un consejo cargado de madurez y realismo, alejado de las fantasías de las redes sociales.
«Emigrar de Argentina no es fácil. Cuando te vas de tu país, pasas a ser un extranjero del mundo, y si tomas la decisión de irte, tenés que saber que te vas a tener que reinventar», y advirtió que las dinámicas cotidianas, la burocracia y la manera de relacionarse de la gente cambian por completo.

«El que esté dispuesto tiene que saber que va a tener que aprender a querer lo bueno y lo malo de su viaje. Pero también es verdad que vivir en una economía estable te da cosas que, para mí allá, eran lujos, y acá no es tan difícil conseguirlas».
Su advertencia más seria tiene que ver con la planificación: «Lo más importante de todo es tener un plan si van a venir. Personalmente, no recomiendo que vengan ‘a ver qué onda’ e intenten manejarse estando acá«.
Por último insistió en la importancia de viajar con certezas legales. «Si vienen sin papeles y pretenden pasar 3 a 5 años indocumentados hasta tener la ciudadanía, se puede, pero es un camino muchísimo más difícil y hasta un poco sufrido, te diría«.

La eterna crisis existencial: ¿Volver o quedarse?
Sobre el final de la charla, la pregunta obligada se hace presente: ¿Está en los planes regresar a Argentina? La respuesta del joven encapsula a la perfección el dilema perpetuo de quien vive lejos de su tierra natal.
«Regresar de vacaciones sí, y todas las veces que más pueda me gustaría, aunque no es tan fácil por los costos y las distancias. Pero el tema de volver a vivir en Argentina, creo que es la crisis existencial de casi todos los que nos vamos«.
¿Qué es lo que tira tanto como para replantearse dejar la estabilidad europea? Nacho no lo dudó ni un segundo: «Por la gente, nuestra cultura, las comidas, por el simple hecho de escuchar y poder hablar cordobés. Eso… eso es lo que más te hace dejar siempre esa puerta abierta a volver a casa«, concluyó, dejando una reflexión sobre el valor de las raíces y el sentido de pertenencia que todos los cordobeses, llevan consigo a cualquier rincón del planeta.





