La noticia de la muerte de Javier Bustos llenó de tristeza a quienes a diario lo conocían por su trabajo de cuidacoches en la segunda cuadra de calle Paraguay.
La tristeza se apoderó de quienes conocieron a este muchacho grandote, tan grandote como bueno que todos los días estaba con su chaleco naranja transitando la cuadra y ganándose una moneda.
El destino quiso que hace un tiempo tuviera que hacerse cargo de sus hermanos, y con lo recaudado cada jornada ponía un plato en la mesa. Sin perder nunca su simpatía ni sus ganas de conversar con los automovilistas o los peatones.
Javier tenía apenas 45 años, y falleció víctima de un golpe eléctrico mientras intentaba arreglar un electrodoméstico en su humilde vivienda de barrio Parque del Virrey.
Que en paz descanses, Javier.




