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Tras cinco días perdido en el Champaquí: «Estaba realmente como en un sueño»

AGNoticias dialogó en exclusiva con Marcelo Soler, el hombre que estuvo perdido, solo, sin comida ni agua en el Cerro Champaquí durante casi cinco días.

Con 63 años Marcelo Soler sobrevivió solo durante casi cinco días tras perderse en el Cerro Champaquí. Un historia que sin duda conmueve y genera múltiples sensaciones en uno. AGNoticias dialogó en exclusiva con él quien narró detalladamente lo sucedido.

marcelo soler

La historia que dejó marcado a Marcelo comenzó el 31 de diciembre, con el objetivo de pasar su cumpleaños en la cima del Cerro Champaquí. «El 31 a la mañana subí tempranito» contó.

Él reconoció que había comido mal ese día, sin embargo era la décima vez que subía al Champaquí. Y este punto sería el desencadenante de lo que iba a ocurrir el siguiente día.

Ya en la base del cerro, en un albergue, «me quedaban dos horas y media para cumplir lo que me había propuesto» dijo Marcelo.

Antes de salir el 31 a la mañana bien temprano cargó «un huevo duro, algunos turrones y caramelos y unas galletitas» recordó. Y esos iban a ser sus únicos alimentos que iba a tener durante los próximos días.

Marcelo cumplió su objetivo de subir a la cima del Champaquí y recibir sus 63 años allí. El problema estaba a la vuelta. «Bajo y me sentí raro arriba, me venía una transpiración. Tomaba agua y no me satisfacía» aseguró y reconoció que se debería «haber quedado arriba».

«Como se había empezado a nublar decidí bajar rápido y llegar al albergue a bañarme».

El punto donde comenzó a complicarse

Él contó que antes de volver al albergue quería bajar y pasar a saludar a un conocido que tenía cerca de la zona y aseguró que para llegar allí había un «sendero marcado» que es notorio y difícil de perderse.

«Me faltaba una hora y media en bajada prácticamente», sin embargo al cruzar un arroyo que debía a travesar, «ahí aluciné» indicó.

«Vi unos mochileros raros, es me quedó grabado. Como con una mochila larga caminando cancinamente. Y digo, voy con ellos, los vi lejos, los quería alcanzar y empecé a caminar al sur, es lo que yo deduzco» recordó.

Y aquí se empezó a truncar la vuelta, «en un momento me perdí el sendero, volví, encontré un alambrado y me fui más abajo hacía el sudoeste». La cuestión es que ya había emprendido el rumbo totalmente en oposición hacía donde debía ir realmente que era al noreste. Y para peor había perdido la brújula.

«Empecé a ver espejismos, a alucinar, vi un montón de cosas. Ya había caído la tarde comí algo de lo que tenía y empecé a tomar agua de los arroyos que estaba limpia»

«Estaba yo realmente como en un sueño. No me desesperé nunca» aseguró. «No había comido y ya sin proteínas mi cuerpo no trabajaba bien»

Logró ubicarse con el sol cuando este comenzó a ponerse, y al encarar hacía el este, «me topé con zarzamoras, me caí varias veces y me empecé a lastimar. Decidí dormir ahí esa noche» expresó. «Dormí al lado de un pino sobre el suelo pero no tuve frio»

El comienzo del segundo día

Ya el dos de enero «me levanté raro, sin comida, tomé agua y me olvidé la cantimplora. Arranqué con ímpetu, me olvide las ojotas y un pullover».

«Subí nuevamente y comencé a buscar un sendero, pero estaba en una nube y ahí sí me empecé a dar cuenta que estaba perdido» recordó emocionado.

Antes de quedarse sin batería ese sábado envió un audio a Osvaldo, su amigo, diciendo:

«Osvaldo estoy perdido, ayudame amigo, no sé donde estoy, estoy perdido en el tiempo y en el espacio, no en la montaña, estoy perdido en mi cabeza y no me encuentro yo, ayudame»

Las cosas se truncaban aún más, durante la tarde se levantó «un tormentón» y debió resguardarse como pudo.

«Me dormí como pude, temblaba de frío»

Expresó

Esa misma noche recordó que oyó un desmoronamiento, «sentí una explosión» contó. «Al otro día lo vi, se había caído media montaña al agua».

Y se vino el tercer día

Ya el tercer día en el cerro Marcelo seguía perdido, ya había logrado avisar sobre su situación pero él seguía deambulando.

Por las lluvias, los arroyos se crecieron y el agua venía turbia lo que generó que el agua le comenzara a hacer mal.

A esta altura la poca comida que había llevado, unos caramelos un alfajor y demás ya escaseaba. «Comía el bulbo de la cortadera y zarzamora». Marcelo contaba con la experiencia de haber hecho un curso hace años atrás que le permitió sortear la situación un poco mejor.

«Me patinaba en las piedras porque estaban mojadas, me caí y me golpeé la cabeza»

Las alucinaciones seguían, «vi casas, fui a un lugar que creía que era una casa con corral y era una formación de piedra». «Yo veía figuras».

«Me metí a la zarzamora y ahí cometí el peor error, me destrocé, pisé las plantas y no tenía machete».

Ya con los matorrales tapándolo, cayó a un pozo del que no pudo salir. «Caí de espaldas con la mochila y no podía salir».

«Me di vuelta como pude, me desprendí la mochila y empezó a llover y me venció el cansancio, me dormí mojado».

El clima nuevamente le jugaba en contra

El agua también escaseaba y su campera de polar empapada la utilizaba para hidratarse. «La estrujaba y la chupaba y esa agua me parecía un manjar».

«Una sola vez le pedí a Dios que me ayudara, no soy muy creyente pero le pedí que me ayudara»

Ya siendo cuatro de enero y cinco días en el cerro

Ya habían pasado cinco días desde que Marcelo Soler se adentró al Champaquí, su comida se había acabado y se hacía más complejo tomar agua.

Las intensas lluvias hizo que crezcan los ríos y el preciado líquido era imposible de tomar.

«Quería tomar agua del río pero venía marrón, todo crecido»

«Empecé a bajar para buscar el río y vi una piedra. Y digo, me voy a poner acá para ver si me ve alguien» expresó. También, contó que todo el tiempo silbaba para ver si lo oían y lo encontraran.

«Yo no soy místico, pero sentía que iba con alguien. Sentía que alguien llevaba»

Recordó

Además, destacó que en ningún momento sintió desesperación, «no me puse nervioso» expresó.

El momento del renacimiento de Marcelo

Ya en la piedra, agotado, con mucha sed él ya estaba entregado. Y lo que no se imaginaba es que un silbatazo que escucharía iba a significar su salvación.

«Sentí un silbato, levanté la vista, lo vi a Diego y no lo podía creer, era uno de los guías» recordó emocionado Marcelo.

Era tal la sorpresa y emoción que no lo podía creer y hasta por un momento creyó que se trataba de una ilusión. «Se me caían las lágrimas de la emoción» expresó

Pero no terminaba todo ahí, el terreno no era favorable y el rescate estaba por gestarse pero necesitaban montar el operativo para sacarlo.

«Tenemos que dar toda la vuelta» le dijeron a Marcelo. Tras preguntarle cuanto iban a demorar la sorpresa fue que debía esperar dos horas más.

«Como a las dos horas siento un silbato y veo que bajan por la ladera y ahí si me quebré»

Contó Marcelo Soler
Comenzaba la extracción

Ya habían llegado el personal que lo sacaría del cerro, lo curaron, le dieron un poco de comida y agua y lo atendió personal médico para comprobar signos vitales.

Con un arnés sacaron a Marcelo del Champaquí y entre alientos lo pudieron sacar. «Tardamos en salir más o menos 40 minutos» expresó.

Arriba había más bomberos que lo esperaban. «Conté más o menos 30 personas». Todo lastimado fue complicado el traslado ya que «era un dolor tremendo» contó.

Ya sobre la ambulancia comenzaba el traslado a Yacanto para la atención médica.

El traslado hacía el nosocomio

Marcelo ya estaba fuera del cerro, cinco días adentrado en medio de la naturaleza hostil lo dejaron debilitado y había que asistirlo para comprobar como se encontraba.

Contó que sintió mucho alivio al ver la ciudad. En el Hospital de Yacanto le dieron suero y su primer «manjar» después de días. «Me dieron un te con dos pancitos y me pareció un manjar». «Era lo primero que tomaba caliente y sólido después de cinco días».

Todo esto ocurrió ya el cuatro de enero Marcelo Soler fue atendido en distintos hospitales donde se le hicieron diversos estudios que por suerte todos salieron bien. El golpe en la cabeza y en el pecho que sufrió solo fueron golpes y no complicó nada.

Una historia que sin duda conmueve y en palabras de él «fue como haber vuelto a nacer». Muy agradecido con todo el personal que colaboró en su atención y rescate Marcelo asegura que tiene como meta volver a encontrarse con cada uno de ellos y agradecerles personalmente.

Actualmente él ya se encuentra en recuperación, si bien sigue lastimado está con curaciones por los múltiples cortes y escoriaciones que sufrió pero de a poco vuelve a su ritmo normal. Además indicó que se va a tomar un tiempo con sus aventuras para dedicarse a su familia y corregir algunos aspectos de su vida.

Nunca sintió temor y lo considera como una lección de vida que le enseñó a valorar más a quienes tiene y a sí mismo.

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