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Altagracienses por el Mundo

La historia de Julián: es farmacéutico y se instaló en Miami con su familia nómade

La historia de Julián: es farmacéutico y se instaló en Miami con su familia nómade

En esta sección te invitamos a conocer las historias de aquellos altagracienses viviendo en diferentes partes del mundo. AGNoticias dialogó con Julián quien tras recibirse en la UNC y trabajar como farmacéutico, emigró con su familia a Miami. En la nota relató los desafíos de la revalidación profesional, los altos costos de vivienda y el contraste entre el desarraigo y las nuevas oportunidades.

En AGNoticias la sección «Altagracienses por el Mundo» ya es un clásico de nuestro portal informativo. Un espacio dónde les acercamos los lectores historias de vecinos, amigos o familiares que dejaron su ciudad natal y que ahora están viviendo diferentes experiencias alrededor del mundo. En esta oportunidad, conocemos más al altagraciense Julián Seeck.

Cuando el joven habla de su mudanza a Estados Unidos, no lo hace como quien planeó cada paso meticulosamente, sino como quien supo reconocer una oportunidad cuando la vida se la puso enfrente.

“No fue una decisión tan pensada. Hace unos diez años, mi tía y mi abuela empezaron el trámite de la Green Card para que mi mamá pudiera venir a vivir acá, donde ellas ya estaban. Mis hermanos y yo éramos menores y entramos en ese proceso. Cuando se aprobó, simplemente nos mudamos. No podíamos dejar pasar esa chance«.

Así fue como Julián, nacido en Alemania pero criado durante quince años en Alta Gracia, aterrizó en Miami, una ciudad que no se parece en nada a su vida anterior.

Junto a sus hermanos Lucas y Camila, y con una madre viajera que ya había recorrido más de 20 países, creció con una fuerte impronta de apertura cultural. Esa curiosidad por el mundo es parte de su esencia.

Un farmacéutico cordobés en proceso de adaptación

Orgullosamente recibido como farmacéutico en la Universidad Nacional de Córdoba, Julián recordó con cariño sus primeros pasos profesionales en Paraná, Entre Ríos, y sus prácticas en la reconocida farmacia Antonello Vilca 2 de Alta Gracia.

“Fueron etapas fundamentales para mí. En Paraná tuve mi primera experiencia laboral y en Alta Gracia fue donde aprendí a relacionarme con los pacientes, a entender la dinámica de una farmacia desde adentro”.

Hoy, ya instalado en Miami, se encuentra en pleno proceso de reválida de su título para poder ejercer como farmacéutico en Estados Unidos. “Es un camino largo, pero estoy convencido de que vale la pena. Amo mi profesión y quiero seguir ejerciendo, incluso en un sistema tan distinto como este”.

Mientras tanto, trabaja de forma independiente en tareas vinculadas a la salud y se adapta a los ritmos de una ciudad que lo desafía constantemente.

¿Cómo es la realidad de conseguir trabajo y vivienda en el extranjero?

Emigrar en busca de nuevas oportunidades lleva tiempo. La incertidumbre de no saber si se podrá conseguir trabajo y vivir con una mínima seguridad pesa a la hora de tomar la decisión.

Una de las primeras realidades con las que Julián tuvo que enfrentarse al llegar a Miami fue el alto costo de vida, especialmente en lo que respecta a la vivienda.

“Acá los alquileres son muy altos en relación con lo que uno gana. No es fácil encontrar un lugar accesible si estás solo, por eso mucha gente opta por compartir casa o departamento, lo cual termina siendo una buena opción”, contó.

En contraste, conseguir trabajo no parece ser el mayor obstáculo. “Si uno tiene voluntad de salir y buscar, trabajo hay. Hay que estar dispuesto a moverse, a adaptarse y a aprovechar cada oportunidad que aparece. En ese sentido, Miami ofrece posibilidades, sobre todo para quienes no le temen al esfuerzo”.

Esta dinámica —trabajo más accesible, vivienda más costosa— marca el ritmo de la vida para muchos migrantes en el sur de Florida, donde la planificación y la flexibilidad se vuelven claves a la hora de construir una nueva rutina.

La vida en Miami: entre lo vibrante y lo inalcanzable

La vida en Miami está lejos de parecerse a la rutina tranquila de Alta Gracia. “Nuestra vida de pueblo acá ya nos toca dejarla de lado”, dice el joven con sinceridad. La ciudad —vibrante, multicultural y de ritmo acelerado— le impuso un nuevo estilo de vida: más movimiento, más estímulos y también más desafíos.

“Tuvimos que acostumbrarnos a vivir en una ciudad grande, lo cual tiene muchos pros, pero también contras. Todo está más lejos, todo es más caro, pero también hay más oportunidades”.

Una de las sorpresas más curiosas, según relató, es que el idioma no representa una barrera: “Acá se habla más español que inglés. Por la cantidad de latinos que viven en Florida, podés vivir años sin dominar el inglés y arreglarte igual. Eso te hace sentir más cerca, aunque estés lejos”.

Lo que sí se extraña —y mucho— es la comida. “Nos cuesta encontrar productos como los que teníamos en Argentina. Desde cosas básicas hasta sabores que para nosotros son cotidianos, acá no existen o son muy caros. La gastronomía es una de las cosas que más nos pegó”, confesó.

Sobre el trato con los locales, no se siente ajeno. “Al argentino lo tratan bien. Existe ese prejuicio de que somos agrandados, pero una vez que te conocen, nuestra simpatía y habilidad para socializar juegan a favor. Somos de hacer amigos rápido”, afirmó.

Y si bien vive en Estados Unidos, no siente que haya aterrizado en una postal clásica del país norteamericano: “Vivir en Miami es como estar en otro país de Latinoamérica. Acá las costumbres, el idioma y la calidez se parecen más a lo que conocemos que a lo que uno se imagina cuando piensa en Estados Unidos”.

La nostalgia, un compañero inevitable

No todo es fácil ni glamoroso. Hay cosas que se extrañan mucho. “La comida, por ejemplo. Acá cuesta conseguir productos como los de Argentina».

«El pan, los lácteos, incluso algunas frutas y verduras no tienen el mismo sabor. Extraño los asados, los mates con amigos, las empanadas de casa. También extraño el handball, que formaba parte de mi rutina allá”.

Y como en muchos migrantes, el desarraigo se siente fuerte: “La vida social que uno tenía allá no se reemplaza fácil. Hacer nuevos amigos lleva tiempo, y aunque acá hay muchos latinos, uno se siente diferente».

«La cultura argentina es muy particular, muy afectiva, y eso no se encuentra tan fácilmente en otros lados”, sostuvo.

Consejos desde la experiencia

Lejos de sentirse en posición de dar consejos, Julián prefiere hablar desde la vivencia personal: “Creo que cada persona tiene su proceso. Yo, particularmente, soy de los que si no me siento cómodo o siento que puedo dar más, voy a moverme para buscar algo mejor. Ese impulso me trajo hasta acá”.

Lo que sí recomienda es no tener miedo a salir de la zona de confort: “Vivir en Alta Gracia era cómodo, lindo, pero salir al mundo te abre la cabeza. Te hace darte cuenta de que hay muchas más posibilidades de las que imaginás. Todo está allá afuera, pero hay que animarse.”

¿Volver a Argentina?

A pesar de que extraña muchas cosas —la comida, los amigos, el handball, los paisajes— no se imagina, al menos por ahora, regresando a vivir a Argentina.

De momento solo pienso en volver de visita. No me veo volviendo a instalarme allá. Eso lo digo hoy, claro… porque nunca cierro puertas. Eso es algo que no me permito, porque la vida da muchas vueltas”.

Sin embargo, el vínculo con su país sigue intacto. “Amo Argentina, amo ser argentino, y se los hago saber a todos acá”, expresó con orgullo. Aunque esté lejos, la identidad y el cariño por sus raíces siguen siendo una parte fundamental de quién es, y de cómo se presenta en el mundo.

La de Julián es una historia de movimiento, de raíces y de reinvención. De alguien que no huyó, sino que decidió animarse a más cuando la oportunidad se presentó.

Desde Miami, con el mate en una mano y los sueños en la otra, sigue construyendo su camino como farmacéutico, mientras lleva consigo lo mejor de Alta Gracia en cada paso. Porque emigrar no siempre es irse: a veces, es abrir nuevas puertas sin cerrar ninguna.


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