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Altagracienses por el Mundo

La historia de Gabriela: viven en Suiza e inspiran a otros a cumplir el sueño de emigrar a través de las redes

La historia de Gabriela: viven en Suiza e inspiran a otros a cumplir el sueño de emigrar a través de las redes

En esta sección te invitamos a conocer las historias de altagracienses que viven en diferentes partes del mundo. AGNoticias dialogó con Gabriela quien desde Lugano, ella y su familia comparten en redes la experiencia de haber dejado todo atrás para comenzar una nueva vida en Suiza. Con empatía y realismo, cuentan el proceso de adaptación y acompañan a quienes sueñan con emigrar.

En AGNoticias la sección «Altagracienses por el Mundo» ya es un clásico de nuestro portal informativo. Un espacio dónde les acercamos los lectores historias de vecinos, amigos o familiares que dejaron su ciudad natal y que ahora están viviendo diferentes experiencias alrededor del mundo. En esta oportunidad, conocemos más a la altagraciense Gabriela Salvidio.

Cuando Gabriela habla de Alta Gracia, su tono cambia. Se le escapa una sonrisa cálida, esa mezcla de orgullo y nostalgia que solo sienten quienes partieron sabiendo que una parte de sí se quedó allá, entre los aromas a sierras, las calles arboladas y los abrazos que ya no están tan cerca.

Su historia comienza tiempo atrás, cuando muy joven decidió dejar su ciudad natal para instalarse en Buenos Aires. Aquella decisión fue el primer paso de muchos. “Me fui con ilusiones, con ganas de probar, de estudiar, de trabajar. Fue ahí donde conocí a Ricardo, mi marido, y donde nacieron nuestros hijos, Thomas y Julia”, rememoró. La capital la recibió con el vértigo de su ritmo, sus distancias y oportunidades.

Durante años, la familia se mudó varias veces dentro del Gran Buenos Aires.Nunca dejamos de viajar a Alta Gracia. Cada tres meses nos hacíamos una escapada. Era como cargar energía, reencontrarme con los míos, con mi abuela, con mis amigos. Siempre tuve esa necesidad de volver”.

En 2019, el destino los volvió a acercar a sus raíces. Una propuesta laboral para Ricardo fue la excusa perfecta para regresar definitivamente a la ciudad donde todo empezó. “Fue hermoso. Ya no era venir de visita, era volver a formar parte del día a día, llevar a los chicos a la escuela, cruzarte con conocidos en la calle. Ese reencuentro fue muy emotivo”.

Pero la pandemia llegó para removerlo todo. Gabriela, como muchos, empezó a cuestionarse el futuro, el ritmo de vida, las oportunidades, y sobre todo, los sueños.

“Después de la pandemia, empezamos a imaginar la posibilidad de irnos. Queríamos hacerlo mientras los chicos todavía fueran chicos, que pudieran adaptarse, aprender otro idioma y vivir la experiencia de emigrar. Queríamos darles —y darnos— la posibilidad de conocer otro país y enfrentarnos al desafío de empezar de cero”.

Así, con una mezcla de ilusión, miedo y determinación, comenzó la planificación de una nueva vida.

De Alta Gracia a Lugano: una travesía con sueños en la valija

El destino elegido fue Suiza, más precisamente el cantón de Ticino, en la ciudad de Lugano, un rincón del país donde se habla italiano y el paisaje combina montañas, lagos cristalinos y una calidad de vida que parece de postal.

No conocíamos Suiza. Nunca habíamos viajado tan lejos. Pero cuando lo hicimos fue con todo: nuestras valijas y nuestros sueños. Sin regreso previsto, solo con la certeza de que queríamos intentarlo”, contó.

Antes de definir el lugar, la familia consideró ir a una zona de habla alemana. “Empezamos a estudiar alemán, pero no estábamos preparados. Era mucho, demasiada carga emocional y práctica en medio de la búsqueda. Hasta que nos decidimos por Ticino, donde se habla italiano”.

Desde Alta Gracia empecé a estudiarlo con Graciela, en el Paseo Nicolasa. Ella fue quien me enseñó las primeras frases. ¡Y qué importante fue eso! Porque llegar sabiendo al menos presentarte, saludar, entender algo, te cambia todo”.

En abril de 2023 aterrizaron en Suiza. El contraste fue inmediato: “Todo era distinto. Las calles limpias, la puntualidad, la tranquilidad… y al mismo tiempo, esa sensación de no pertenecer todavía. Estábamos empezando desde cero, sin red, sin certezas, solo con la convicción de que queríamos crecer”.

Los primeros días: entre la búsqueda y la adaptación

El comienzo, como en toda historia migrante, no fue sencillo. “Estuvimos veinte días viviendo en un B&B (bed and breakfast) mientras buscábamos departamento. No fue nada fácil, porque acá todo se hace con contratos, papeles, referencias… y nosotros recién llegábamos”.

“Cada noche era una mezcla de cansancio y esperanza. Hasta que finalmente conseguimos un lugar que aceptara nuestras condiciones. Ese día lloramos de alegría, confesó.

En Suiza decidió buscar en ambos rubros: “Mandé currículums para todo lo que sabía hacer, sin demasiadas expectativas, con la idea de que algo iba a aparecer. Y apareció. Me llamaron para trabajar en un spa de cinco estrellas. No lo podía creer. Era un sueño: trabajar como masajista, mirando los Alpes suizos desde la ventana. Fue muy emocionante”.

Actualmente continúa formándose en Suiza como masajista terapéutica, adaptándose al sistema local y perfeccionando el idioma. “El diseño quedó un poco de lado, pero no lo abandono. Es parte de mí, y sé que en algún momento lo voy a retomar”.

Una nueva vida entre lagos, montañas y silencio

Lugano, donde vive la familia, parece sacado de una pintura. Las montañas abrazan la ciudad, el lago refleja los tonos del cielo y las calles parecen siempre en calma.

“Acá la vida transcurre de otra forma. La gente disfruta mucho del aire libre, del contacto con la naturaleza. Los fines de semana se camina por los senderos, se anda en bici, se hacen picnics. Todo está muy cuidado, y la seguridad es algo que te da paz. Vivir sin miedo es impagable”, sostuvo.

El clima, a diferencia de otras zonas de Suiza, es más amable. Tenemos más días de sol que en el norte, como en Zúrich. No es un invierno tan duro, y eso nos ayudó mucho a adaptarnos”, explicó.

Pero no todo es perfecto. La nostalgia aparece en los detalles. “Extraño el abrazo con mi abuela Idelma, sus cafecitos con torta de nuez. Extraño esas tardes con amigos, los asados, poner música y bailar en casa. Acá la gente es más reservada. El trato es correcto, pero distante. No hay besos, no hay abrazos. Y eso, al principio, cuesta mucho”.

Aun así, la vida se fue acomodando. Gabriela y su familia encontraron en un grupo de argentinos, en su mayoría cordobeses, un refugio emocional. “Somos varios los que vivimos en Ticino. Nos reunimos, compartimos comidas, charlas, y siempre aparece esa complicidad del acento. Te sentís en casa por un rato”.

Una ventana abierta al mundo: contar la vida sin filtros

De ese proceso de adaptación nació @vamospasuiza, la cuenta de Instagram y canal de YouTube que Gabriela creó junto a su familia para compartir su vida cotidiana, las curiosidades de la cultura suiza y los desafíos del día a día.

“La idea fue mostrar la realidad tal cual es, sin filtros. Lo lindo, lo difícil, lo cotidiano. Nos sorprendió la cantidad de gente que se sintió identificada. Hoy tenemos más de 20 mil personas que nos siguen, y cada día nos escriben argentinos que sueñan con emigrar o que ya lo hicieron y se ven reflejados señaló.

En su canal, Gabriela entrevista a otras personas que viven en Suiza: emprendedores, mamás que tuvieron a sus hijos allá, especialistas en seguros o educación.

“Queremos crear una comunidad que acompañe, que ayude a quienes están en ese proceso. Emigrar no es fácil, no es todo color de rosa, y muchas veces mostrar lo difícil es lo que más ayuda”, aseguró.

Su último gran logro fue grabar en italiano una entrevista con una profesional del sistema médico suizo. “Fue todo un desafío. Me animé a hacerlo a pesar del miedo. Mis hijos me corrigen el vocabulario todo el tiempo, pero me sentí cómoda, y tuvo muy buena repercusión. Me hace feliz pensar que cada paso que doy suma a esta nueva versión de mí misma”.

Consejos desde la experiencia

Gabriela recibe a diario consultas de personas interesadas en emigrar. “Hay mucha ilusión, pero también mucha desinformación. Yo trato de ser muy honesta. No vendo un sueño perfecto. A veces la gente piensa que emigrar es escapar, y no: emigrar es reconstruirse”.

“Requiere esfuerzo, preparación, idiomas y, sobre todo, claridad en los motivos. Saber por qué querés hacerlo te sostiene cuando llegan los momentos difíciles, expresó.

Por eso, antes de orientar a alguien, la altagraciense les pide que completen un formulario con preguntas concretas. “Ahí entiendo sus motivaciones, su situación familiar, económica, laboral. Y en base a eso, los guío. Pero siempre con la verdad”.

Argentina siempre está presente: “La merienda es sagrada”

A pesar de la distancia, mantiene vivas las costumbres argentinas. “Argentina siempre está. En cada mate, en cada recuerdo, en cada video. Los que me conocen saben que para mí la merienda es sagrada”, declaró entre risas.

“Acá no se merienda, se cena a las siete de la tarde. Yo todavía no me acostumbro. A veces preparo un mate y algo dulce, solo por sentirme un poquito más cerca de casa.

Esa casa que ahora es doble: una en el corazón de las sierras y otra entre los Alpes. Dos mundos unidos por una historia de coraje, amor y reinvención.

“Si tuviera que resumirlo —comentó—, diría que emigrar fue una de las decisiones más difíciles y hermosas de mi vida. Me cambió, me hizo más fuerte, más consciente. No sé qué vendrá después, pero sé que este camino valió la pena”.

Desde Lugano, Gabriela sigue escribiendo su historia. Una historia de sueños que cruzaron fronteras, de raíces que siguen vivas y de una altagraciense que, aun entre montañas nevadas, lleva siempre el calor de su tierra en el corazón.

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