En esta sección te invitamos a conocer las historias de altagracienses que recorren diferentes partes del mundo. AGNoticias dialogó con Anto quien desde chica soñaba con vivir una experiencia en el exterior, pero tenía una condición: que ese viaje también impulsara su carrera. Hoy, la pianista, docente e investigadora realiza una estancia de investigación en España junto a la Universidad de Granada y el Archivo Manuel de Falla, una experiencia que transformó su forma de entender la música, la investigación y el mundo.
En AGNoticias la sección «Altagracienses por el Mundo» ya es un clásico de nuestro portal informativo. Un espacio dónde les acercamos los lectores historias de vecinos, amigos o familiares que dejaron su ciudad natal y que ahora están viviendo diferentes experiencias alrededor del mundo. En esta oportunidad, conocemos más a la altagraciense Anto Vanetti.
En una nueva entrega de nuestra clásica sección digital, esa que nos permite cruzar el Atlántico a través de las pantallas para conectar con nuestros vecinos, nos adentramos en la profunda historia de Antonella.
Ella es una joven altagraciense de 25 años que actualmente reside en Amantea. Un pintoresco pueblito situado en la histórica región de Granada, en la comunidad de Andalucía, al sur de España.
Pianista, docente e investigadora en el área de música, supo hilvanar a la perfección su inquebrantable vocación con un profundo anhelo personal: recorrer el mundo, pero sin poner en pausa su crecimiento profesional.

Cruzar fronteras sin abandonar las raíces académicas
Desde que tiene memoria, Antonella albergaba el sueño de realizar una estancia en el extranjero. Su anhelo no era meramente turístico; buscaba vivir la experiencia de conocer otras culturas, sumergirse en nuevos paisajes y conectar con personas cuyas formas de vida fueran diametralmente opuestas a las suyas.
Sin embargo, tenía una condición innegociable consigo misma: no quería que este viaje significara dejar de lado su carrera y sus estudios universitarios. «Si iba a vivir una experiencia así, quería que también significara un crecimiento en mi formación y en mi profesión», explicó con convicción.
Fue así que, tras años de buscar becas, evaluar opciones y trabajar arduamente para construir esa posibilidad, logró forjar la oportunidad de viajar a España para continuar desarrollándose académicamente.
Al momento de esta entrevista, la joven lleva cuatro meses residiendo en territorio español, un tiempo que ha sabido exprimir al máximo. Durante este período, su espíritu explorador la llevó a viajar tanto dentro como fuera de España.

Uno de los periplos que más la marcó fue su visita a África. Donde tuvo la oportunidad de adentrarse en la inmensidad del Sahara y entrar en contacto con una cultura que describe como «completamente diferente» a la suya. Para ella, este viaje trascendió el turismo tradicional:
«Conocer otras formas de vivir y relacionarse con el mundo también es una manera de cuestionar y ampliar la propia mirada», reflexionó.
Y su itinerario no se detiene; de hecho, respondió a nuestras preguntas desde la sala de espera de un aeropuerto. Aguardando un vuelo para pasar unos días en las Islas Baleares antes de instalarse durante un mes en Roma, Italia, y con planes de recorrer otros países antes de su regreso definitivo a Argentina.

Una vida entera dedicada a la música y un puente directo con Manuel de Falla
La relación de Antonella con su profesión es de una entrega absoluta. Se dedica a la música desde que era muy pequeña. A la temprana edad de 11 años comenzó a prepararse para ingresar al Conservatorio Provincial y, desde ese preciso momento, nunca dejó de formarse.
Sus primeros concursos y conciertos en público llegaron cuando apenas tenía 13 años. Lo que significa que hoy, a sus 25, cuenta con un sólido bagaje de aproximadamente 12 años desarrollándose en el ámbito musical.

Aunque su actividad académica y profesional se desarrolló principalmente en Córdoba Capital, Alta Gracia y el Valle de Paravachasca ocupan un lugar afectivo y profesional muy importante en su recorrido.
Fue en nuestra ciudad donde tuvo el honor de ser recibida por el Museo Manuel de Falla. Un espacio en el que dictó talleres de piano y ofreció diversos conciertos.

Con el paso del tiempo, su perfil de intérprete se fue enriqueciendo al entrelazarse con la docencia y la investigación. Tres áreas que hoy definen su identidad profesional y que dialogan constantemente entre sí.
Es, justamente, la figura del ilustre compositor español Manuel de Falla la que tendió el puente hacia su actual vida en Europa. La estancia que realiza en España forma parte fundamental de su trabajo de tesis para la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).


Durante estos meses, ha estado trabajando en una articulación institucional directa entre la UNC, la Universidad de Granada y el Archivo Manuel de Falla. Dado que su investigación central gira en torno a la obra de este compositor, poder trabajar in situ en su archivo representó un salto de calidad incalculable para su carrera.
Allí ha podido consultar de primera mano materiales históricos y partituras que difícilmente habría podido analizar con esa profundidad desde Argentina.
«Para mí, entonces, no se trata solamente de venir a estudiar a otro país, sino de poder desarrollar mi investigación en contacto directo con los lugares, las fuentes y las personas que están vinculadas con el objeto de estudio«, detalló. Valorando el intercambio académico con investigadores y docentes de la universidad andaluza.

El desafío de la autogestión: migrar con paciencia y perseverancia
Instalarse en el viejo continente no fue producto de la magia. Sino de un arduo proceso de autogestión que llevó a cabo íntegramente desde Argentina.
Antonella se encargó de tejer los acuerdos entre las universidades, emprender la difícil búsqueda de alojamiento a la distancia y completar toda la burocracia necesaria.


Lejos de romantizar el proceso, admitió que fue una tarea «bastante trabajosa» que le demandó tiempo, esfuerzo y muchísima paciencia, pero hace especial hincapié en que no es imposible.
Considera fundamental transmitir que se puede lograr de manera autónoma, recomendando a quienes deseen seguir sus pasos que comiencen los trámites con mucha anticipación y no se frustren, «porque muchas veces las cosas no salen a la primera».


Desayunos frente a la Alhambra y el valor irremplazable de la tierra propia
Ya establecida, Granada superó todas sus expectativas. Antonella describe a la ciudad como un lugar hermoso, dueño de una mística inagotable. «Creo que hay cosas a las que uno nunca termina de acostumbrarse, como desayunar con vistas a la Alhambra», contó maravillada.
Su rutina de caminatas diarias hacia el Archivo se convirtió en un desfile constante de lugares sorprendentes en una ciudad donde «la historia no solamente se estudia, sino que se ve y se siente todo el tiempo».

A nivel social, la experiencia ha sido inmejorable. Destacó el clima universitario y profundamente internacional de Granada.
Describió noches en bares donde confluyen personas de infinidad de nacionalidades. Creando un ecosistema de voces en distintos idiomas unidos por las ganas de compartir y forjar amistades.


La adaptación diaria fluyó con naturalidad: el trato de la gente local fue siempre cálido, haciéndola sentir recibida y acompañada en todo momento. Además, el clima templado andaluz, muy similar al cordobés, y la ausencia de barreras idiomáticas facilitaron su integración.
No obstante, entre risas, dictaminó que la comida de nuestro país es «irremplazable» y ya les ha advertido a sus seres queridos que le van a tener que cocinar mucho a su regreso.

Porque vivir a miles de kilómetros de casa también trae consigo el peso de la nostalgia. Lo que más extraña, sin dudarlo, es a su familia y a sus amigos de toda la vida.
Antonella confesó que los primeros tiempos fueron difíciles y reflexionó profundamente sobre lo que implica el desarraigo:
«Creo que cuando uno vive afuera no extraña solamente a las personas que quiere, sino también la sensación de estar entre los tuyos, de estar en tu tierra, de moverte en un lugar que sentís propio y donde no necesitás explicar quién sos«. Ser extranjera le hizo tomar real dimensión del valor de la pertenencia.


Aprender a soltar el control y un consejo para los indecisos
Más allá de lo académico, el viaje la transformó en un nivel profundamente personal. Aprendió a disfrutar de estar sola y, sobre todo, a abrazar la espontaneidad.
Cosas que antes le hubieran parecido impensadas, como comprar un pasaje de avión barato sin tener nada organizado para viajar sola el fin de semana o recorrer destinos con personas que conoció horas antes, se volvieron parte de su rutina.
«Aprendí a no necesitar tener todo bajo control para poder hacer algo», afirmó, con el deseo firme de mantener esa capacidad de decir que sí a las oportunidades durante el resto de su vida.


Para aquellos vecinos que sienten el deseo de viajar pero se paralizan ante el miedo o la incertidumbre, Antonella compartió una anécdota reveladora.
Cuando su viaje aún era un mar de dudas económicas y logísticas, una de sus mejores amigas le dio un consejo que se convirtió en su mantra: «Andate. Después las cosas se acomodan».
Hoy comprobó que esa máxima es cierta. Aconsejó no esperar a tener todo perfectamente resuelto para dar el primer paso, amigarse con la incertidumbre y jugársela, recordando siempre que el peor escenario no es el fin del mundo, ya que siempre existe la posibilidad de volver al punto de partida.


El futuro: un horizonte abierto con el corazón en Argentina
El reloj ya marca un tiempo de descuento para su regreso. En el mes de septiembre, Antonella volverá a Argentina para defender su tesis en la UNC y obtener su título.
Su plan inicial es permanecer en el país al menos durante el próximo año para continuar desarrollando sus proyectos. No obstante, la experiencia en Europa cambió su forma de proyectar el futuro.
Siente que se le han abierto enormes puertas profesionales y académicas, y su sueño es seguir realizando estancias de investigación que le permitan conocer otros contextos y seguir nutriéndose.

A pesar de esto, sus raíces tiran con fuerza. A largo plazo, le cuesta imaginar la construcción de una vida alejada de su familia, de las tradiciones y de la Argentina.
Y aunque admitió que aún falta mucho y la vida da sorpresas, su mayor deseo es que este espíritu itinerante siempre encuentre su refugio final: «Tener a Argentina como ese lugar al que vuelvo, donde encuentro a mi gente y puedo estar en casa».




