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Editorial

Decir verdades a medias es casi lo mismo que mentir

Decir verdades a medias es casi lo mismo que mentir
Por Juan Carlos Gamero

El año termina con un efecto derrame que mete miedo. La cuarentena obligada por la pandemia, la falta de responsabilidad social, la ausencia de empatía hacia el otro y la mano nunca clara de la política se han combinado para hacer de este cierre de año, un combo extremadamente peligroso.

Las fiestas se multiplican mucho, muchísimo más allá de lo permitido. Porque no es que estén prohibidas, están acotadas. Están delimitadas por normativas surgidas de un estudio realizado desde lo sanitario; acá y en buena parte del mundo mucho más aún.

Porque a la hora de los análisis y las justificaciones, pareciera desviarse el ángulo de la observación. Así, algunos terminan pensando que las restricciones son producto de la mente afiebrada de este gobierno, cuando en realidad el mundo sostiene restricciones que incluso son mucho más férreas que las de nuestro país. Desconocer ello es contar una realidad a medias. Que si uno fuera mal pensado, es casi como mentir.

Quienes salen de fiesta, aducen que lo hacen porque «la noche se nos hace muy corta». Muchos de ellos, paradójicamente identificados con la cultura norteamericana o europea, donde la noche empieza cuando cae el sol y no a las dos de la mañana. ¿Contradictorio, no? Por ahí, si «la noche» la comenzara antes, tal vez no haría falta «estirarla» más allá de los límites de lo permitido.

Antes que comiencen a silbarme los oídos, (quiero expresar que lejos está este periodista de tener sentimientos represores, represivos ni nada parecido). Que siempre he creído más en la educación que en el garrote, en la palabra a tiempo antes que la condena posterior.

Pero tampoco cae simpático que irresponsables pongan en riesgo la salud (o la vida) de los demás. Si son muchos los que han entendido que la pandemia no ha finalizado, que el cuidarse es cuidar a los que más aman… ¿por qué una persona irresponsable a quien nada le importa tiene que poner en riesgo a los demás?

«Son jóvenes, llevan un año encerrados». Mentira. Ni llevan un año encerrados ni se les prohíbe salir. Insisto en este punto: contar verdades a medias es casi lo mismo que mentir.

¿Salir? No está prohibido. ¿Juntarse? Está permitido. ¿Beber con amigos? Perfecto, adelante. ¿Hay horarios? A cumplirlos. ¿Hay protocolos? A cumplirlos. Es así de simple, así de sencillo. Nadie dice que todos se queden en sus casas encerrados cual convento. Solo que tengan respeto por aquellos que hacen del cuidado su forma de vida, y que cumplan lo que la ley manda. Porque no es cuestión de cumplir las leyes solo cuando nos benefician, sino siempre.

De nada sirve crear «espacios sociales controlados» cuando todos sabemos que serán incontrolables las personas que los ocupen. Casualmente muchos de quienes abogan por esta idea, un día marcharon contra la cuarentena. Ah! y al día siguiente hicieron cola y golpearon puertas pidiendo que se los hisopara por las dudas se hubieran contagiado de la enfermedad que 24 horas antes negaban como peligrosa.

Responsabilidad social. Dos palabras que suenan más a utopía y a deseo, que a realidad posible de alcanzar. Ni la pandemia terminó en el mundo, ni las vacunas solucionarán todo de un día para el otro. Si no entendemos todos aquello de la empatía con el otro, este efecto derrame puede tener efectos incontrolables desde lo sanitario, y luego levantaremos la voz para criticar las políticas de Estado que no funcionaron. O sea, volveremos a aquello de decir verdades a medias. Que es casi lo mismo que mentir.

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