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Tango y Opinión. Hoy: «Rubén Juárez, la aparición tan necesaria»

Tango y Opinión. Hoy: "Rubén Juárez, la aparición tan necesaria"
Por Raúl Pourtau, exclusivo para AGNoticias

En esta hermosa tarea de ir recorriendo historias, trayectorias y performances de los grandes protagonistas del tango, hoy le toca a un cordobés.

Porque el tango nació en los arrabales porteños, pero la calidad musical e interpretativa no ha tenido nunca límites geográficos. Por eso hoy comenzaremos a hablar de Rubén Juárez.

Ya transitando la década del 60 el tango había caído en pozo decadente. Los músicos tradicionales se vieron obligados a disolver sus agrupaciones por la falta de trabajo. Y con ellas, se llevaban a sus cantores, por cierto.

Y como si esto fuera poco, en el año 1964 falleció Julio Sosa, que era la figura predominante por aquel entonces. El golpe era fuerte, y dolía bastante.

Pero volvamos a aquellas orquestas que habían marcado un hito años atrás. La mayoría se disolvieron. La situación para el tango no podía ser peor. Pero algunas quedaban como mojones inamovibles. Quedaba Roberto Goyeneche y algunos solistas que tenían poco menos que mendigar un trabajo para poder subsistir.

Y así, en un panorama que parecía desolador… el milagro se produjo. Una voz nueva aparecería en el ambiente tanguero. Se trataba de Rubén Juárez quien con una excelente voz y una llamativa personalidad hizo reverdecer la esperanza del público tanguero.

Nacido en Ballesteros el 5 de noviembre de 1947, a los 2 años se mudó a Avellaneda llevado por su familia. A los 6 aprendió a tocar el bandoneón y tres años más tarde ingresó a la Orquesta Juvenil del club Independiente. Tuvo un paso fugaz por el rock, pero pronto volvió al tango no sin tomar de cada género, elementos que lo distinguirían.

Años después conoció al guitarrista Héctor Arbello con quien inició giras por el interior del país. A los 22 años, por intermedio de Lucio Demare ingresó a la Boite Caño 14. En ese lugar se consolidó como uno de los más destacados solistas del tango.

Rubén Juárez tuvo el honor que nada menos que Aníbal Troilo se ofreciera como su padrino artístico Y así fue. De esta manera comenzó el segmento más importante de su historia artística. Una rica historia que seguiremos desgranando en próximos capítulos.

Hasta el domingo que viene…

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