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Una vindicación de Rocky y sus musas

Una vindicación de Rocky y sus musas
Por Germán Tinti, para Crónicas al Voleo

En los últimos días una conocida plataforma dedicada a la exhibición de películas en streaming agregó a su catálogo la totalidad de ejemplares que integran la franquicia «Rocky». Como es bien sabido la saga se inició con el inolvidable film escrito y protagonizado por Sylvester Stallone y dirigido por John G. Avildsen.

Además de la épica conmovedora de la cinta, las geniales escenas de los combates y la enorme capacidad de Sly de sacarle el jugo a su limitada capacidad actoral y crear un personaje entrañable, Rocky ha quedado en la historia de la pantalla de plata –también– por algunas particularidades que tuvo la realización de la película.

Repasemos: Stallone solamente aceptó vender el guion y los derechos con la condición de ser el protagonista. Lo logró pero apenas obtuvo 350 mil dólares a cambio, una propina para el negocio.  Por el bajo presupuesto algunos extras fueron parientes de Sylvester; en muchas ocasiones los actores y el personal debía llevarse sus propias viandas porque no alcanzaba el dinero para el catering; las escenas callejeras en Filadelfia fueron filmadas clandestinamente porque no podían pagar los permisos. Antes de lograr vender el guion, Stallone debió vender su perro por 25 dólares al no poder alimentarlo. Cuando cobró sus primeros billetes lo recuperó… por 15.000. Butkus (tal el nombre del can) aparece en la peli, enjaulado en el pet shop donde trabaja Adrian.

El origen del Garañón Italiano

A pesar de todas las dificultados Rocky fue, como es sabido, un exitazo desde el estreno. Resultó la película más taquillera del año, aun cuando compitió con tanques como «A star is born» con Barbra Streisand y Kris Kristofferson; «La profecía», «King Kong», «Todos los hombres del Presidente» y «Carrie», basada en la novela homónima de Stephen King. Obtuvo 8 nominaciones al Oscar y ganó dos. Mejor película (dejó atrás nada menos que a «Taxi Driver») y Mejor dirección (imponiéndose sobre próceres como Ingmar Bergman).

Pero más allá de estos datos que lo único que van a conseguir es que esta noche vea la película por enésima vez, detrás aparece la historia de los boxeadores que inspiraron a Sylvester Stallone para su creación más trascendente.

Según contó el mismo Sly, todo empezó cuando el 24 de marzo de 1975 entró en un cine de Los Ángeles para ver por circuito cerrado la pelea en la que Muhamad Alí ponía en juego sus tres coronas mundiales. Fue ante Chuck Wepner, un valeroso boxeador dueño de una carrera mediocre. Se destacaba por haber perdido por nocaut ante los mejores de su época, como George Foreman, Sonny Liston, Joe Bugner y Duane Bobick. Su actitud en los combates era casi suicida y soportaba estoicamente un durísimo castigo que dejaba terribles marcas en su rostro. A lo largo de su carrera recibió más de 300 puntos de sutura, a punto tal que era apodado como «El sangrador de Bayonne».

El sangrador dicta el guion

Ernesto Cherquis Bialo entrevistó a Wepner la noche anterior al combate con Alí. Ante la pregunta del periodista argentino sobre cuáles eran sus expectativas para el enfrentamiento, «El sangrador» contestó con seguridad. «Muhammad ha cometido un grave error, me ha subestimado, está de fiesta en fiesta, no está preparado como siempre y yo estoy mejor que nunca; él creerá que podrá vencerme cuando quiera con un solo golpe y no sabe que para ganarme tendrá que sufrir, yo dejaré la vida en ese ring. Es mi última chance ¿me entiende?».

Casi todo en la historia de la pelea fue recreado en la película: la actitud displicente del campeón invencible y amado por todos, su deficiente preparación; la decisión de alguien que había sido contratado como lo que en la jerga boxística se conoce como un «paquete» de dejar todo en lo que parecía ser su última oportunidad. El combate largo y violentísimo, la conmovedora resistencia del retador dispuesto a morir de pie; el viaje a la lona de Alí en el 9º round a raíz de un certero gancho de derecha de Wepner; el dramático 15º round en el que el defensor de la corona –exhausto– logró un sufridísimo nocaut técnico.

El final del vencido, con el rostro tumefacto, la visita a un hospital para que le agreguen 39 puntos de sutura a su ya numerosa colección. Incluso, uno de los segundos de Wepner es parecido a Paulie.

Antes de la pelea, la revista Sports Illustrated describió a Wepner como «Un ancho bloque de corazón y sueños, uno de los últimos peleadores de clubes, de esos que te dan todo lo que tienen, que convierten al ring en un mar púrpura y siguen pidiendo más». No se equivocaba el cronista.

El primer protagónico de Paul Newman

Mucho antes del combate llevado a cabo en el Cleveland Coliseum de Ritchfield, casi 20 años, se había estrenado «Somebody Up There Likes Me» (conocida en español como «Marcado por el odio») la película biográfica de Thomas Rocco Barbella, conocido en el ambiente boxístico como Rocky Graziano, un púgil que había pasado buena parte de su niñez y adolescencia en las calles de Manhattan integrando pandillas de dedicadas a robos y asaltos. Era ingresado reiteradamente en correccionales y reformatorios. «Fuimos los primeros delincuentes juveniles» recordaría su amigo de entonces, Jack LaMotta. Un día, para variar, entró en un gimnasio y rescató del fondo de su memoria lo aprendido cuando tenía tres años y su padre, un boxeador frustrado, le había enseñado no sin violencia. Rápidamente empezó a llamar la atención en el circuito amateur neoyorquino.

Tras un breve paso por el ejército, del cual fue dado de baja deshonrosamente por ausentarse sin permiso y golpear a su capitán, decide dedicarse al boxeo profesionalmente y salva su vida. En 1945 su carrera despega cuando noqueó al célebre peso mediano Billy Arnold en el tercer round. Y si bien fue suspendido en el estado de Nueva York por, supuestamente, haber arreglado peleas, en 1947 venció por la vía rápida en el sexto round a Tony Zale y se consagró, tras un violentísimo combate, Campeón Mundial de pesos medios, título que perdió un año más tarde a manos de «Sugar» Ray Robinson.

Dato anecdótico y un poco morboso: El protagonista elegido para la película de Graziano era James Dean, pero el rebelde sin causa tuvo la mala idea de estrolarse con su Porsche Spyder 550 y romperse el cuello, dejando su lugar vacante para que Paul Newman haga su primer protagónico.

Rocky Balboa querido

El periodista e historiador Matías Bauso publicó las 88 razones por las que amamos a Rocky, incluso más allá de alguna pretensión fabulística de otorgar al espectador enseñanzas morales. Y tal vez la más abarcativa de todas sea que «es la Cenicienta con guantes de ocho onzas y protector bucal». Rocky Balboa es Sylvester Stallone, que cuando todo parece perdido sube corriendo las escalinatas del Museo de Arte de Filadelfia y entiende que nada puede detener sus sueños.

Cuando se estrenó, el reconocido crítico Roger Ebert, ganador de un premio Pullitzer, escribió en el Chicago Sun-Times: «Es una historia de heroísmo, y de descubrimiento, de aprovechar las oportunidades, de pelear por tu chica. Nos quiebra emocionalmente, nos recuerda la importancia de los compromisos. (…) Es una leyenda, es un relato sobre la gente común». Rocky es el pueblo y el carnaval.

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