Vecinos de la ciudad denuncian la sustracción sistemática de flores, rosarios y ofrendas de los nichos y tumbas de sus seres queridos en el cementerio. Al dolor de la pérdida se suma la impotencia por la inseguridad y reclamos por falta de mantenimiento.
Una situación lamentable y dolorosa se repite en el cementerio de Alta Gracia, generando una creciente ola de indignación entre los vecinos que acuden a visitar a sus familiares fallecidos.
En las últimas horas, un descargo publicado en redes sociales por una vecina damnificada destapó una realidad que, lejos de ser un hecho aislado, parece haberse convertido en una triste costumbre: el robo de ofrendas y objetos de valor sentimental de los nichos.
El reclamo surge a partir de una publicación viralizada recientemente, donde una mujer expresó su enojo tras descubrir que, por segunda vez, habían vandalizado el lugar de descanso de su hermana pequeña.
Según relató, los autores de estos hechos «esperan que uno se vaya para poder sacarle las cosas», aprovechando los momentos de soledad en el predio para sustraer lo que las familias dejan con esfuerzo y cariño.
La denunciante explicó que en una primera instancia robaron un rosario, que ni siquiera era de material valioso, sino meramente simbólico y recientemente se llevaron las flores que habían depositado.
«No saben lo que significa llevarle una florcita, el dolor que generan al ver que le roban las cosas a mi hermana. Ella jamás le hizo daño a nadie, era una criatura sin maldad», manifestó con profundo dolor, agregando que estas acciones no responden a una necesidad económica real, sino a la intención de hacer daño.
Reclamos que se multiplican
La publicación actuó como un disparador para que otros vecinos compartieran experiencias similares, evidenciando que la inseguridad dentro del cementerio es moneda corriente.
Entre los testimonios, otro vecino detalló cómo sufren robos constantes en el nicho de su sobrino: «Se cansan de robarle las flores que sus padres le llevan día por medio. Ni hablar del plástico de los floreros de afuera, con lo que significa eso sentimentalmente y lo que cuestan hoy en día».
El factor económico se mezcla con el emocional. Para muchas familias, comprar una flor o un adorno implica un sacrificio que se ve vulnerado en cuestión de horas.
«Da mucha impotencia, dolor y rabia. Es una mezcla de sentimientos porque encima que vamos con un nudo en la garganta, pasamos bronca», expresó otra madre afectada, quien aseguró estar «cansada» de reponer objetos en la tumba de su hijo para que luego desaparezcan.
Además de los hurtos, se suma la falta de desmalezamiento en ciertos sectores. Una de las damnificadas señaló que muchas veces no dan ganas de ir a limpiar o llevar ofrendas porque el lugar «se llena de yuyos y no los cortan», bajo el argumento de que no pueden intervenir sobre las tumbas, lo que contribuye a una sensación de abandono.
Mientras los vecinos esperan que las autoridades tomen cartas en el asunto, el pedido es unánime: respeto por la memoria de quienes ya no están y seguridad para que el duelo no se vea interrumpido por el vandalismo.
Imagen: A modo ilustrativo. De archivo




