Pese a la prohibición vigente en Alta Gracia, la venta de pirotecnia sonora continúa activa en redes sociales con precios y direcciones a la vista.
Con la llegada de las fiestas, la escena se repite. A pesar de la vigencia de la Ordenanza Municipal N° 9.900, que prohíbe la venta y el uso de pirotecnia sonora en Alta Gracia, la comercialización informal continúa activa, principalmente a través de redes sociales.
Basta recorrer grupos y publicaciones comunitarias para encontrar consultas directas sobre dónde comprar pirotecnia, acompañadas de respuestas que incluyen precios, direcciones y números de contacto, en muchos casos de forma pública y sin disimulo. Estrellitas, chasquiboom y otros elementos son ofrecidos como si no existiera restricción alguna.

Esta situación expone una doble moral que se repite año tras año: mientras se multiplican las campañas de concientización y los pedidos de respeto, la venta ilegal persiste y se naturaliza, incluso en espacios digitales donde la visibilidad es total.
Desde la fundación ADMA, que impulsa la campaña Pirotecnia Cero, vuelven a alertar sobre las consecuencias que genera el uso de explosivos: animales que se escapan o se pierden, situaciones de pánico en perros, gatos y caballos, y un fuerte impacto en la fauna silvestre.
El problema no se limita solo al bienestar animal. La pirotecnia sonora afecta también a niños, adultos mayores y personas con hipersensibilidad sensorial, para quienes el ruido puede provocar crisis de ansiedad, estrés y profundo malestar.
Aunque la normativa es clara, la realidad muestra que la venta continúa a la vista de todos, dejando en evidencia que el desafío no es solo legal, sino también social y cultural. En un contexto donde la información circula sin filtros, el cumplimiento de la ley parece quedar librado, una vez más, a la responsabilidad individual.

