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Editorial

Lo que nos dejó el 2020

Lo que nos dejó el 2020

Pareciera ser que un año este 2020 que está terminando, tan lleno de noticias feas, no dejara nada como enseñanza. Pero no. Nada más alejado de la realidad.

El 2020 nos dejó como enseñanzas, por ejemplo, que aquello de la globalización no es verso. El maldito virus nos hizo ver a las claras que cuando uno estornuda en China, le ofrecen un pañuelo en Brasil. El ejemplo, quizás, sea el más adecuado para estas circunstancias, dicho sea de paso.

Aprendimos que el trabajo de médicos, enfermeras y personal de salud es invalorable y casi siempre sub valorado. Que ellos han sido y siguen siendo los grandes héroes de esta historia.

El año nos llevó puestos a todos. Cambiamos nuestras rutinas. Nos encerramos. Nos armamos de paciencia. Nos hartamos. Protestamos, marchamos, nos contagiamos; aguantamos las ganas de reunirnos con amigos o parientes, vimos cómo otros lo hacían sin importarles nada…

2020 pasó volando. Entre estadísticas, testimonios y camas de hospital, tuvimos miedo, fuimos precavidos, cuidamos a los seres queridos, mantuvimos distanciamiento social, suspendimos actividades, postergamos sueños…

Cuando comenzó la pandemia, los programas de televisión nos enseñaron a fabricar barbijos caseros que luego nos dijeron que no eran del todo efectivos. Pasamos de ser testigos a la distancia de lo que pasaba en el mundo, a convertirnos en protagonistas de una historia de enfermedad y muerte.

Nuestro vocabulario se vio enriquecido con palabras que meses antes ni pensábamos en utilizar. Se hicieron pan de cada día vocablos como “barbijo”, “tapaboca”, “protocolo”, “aislamiento”, “distanciamiento social”, “coronavirus”, “nueva normalidad” y tantos otros.

Fuimos testigos de distintas maneras de encarar la pandemia. Desde el aislamiento total hasta la burla social. Al final, todos los países (y sus gobernantes) terminaron sufriendo por igual el maldito virus en sus poblaciones.

Ausencias que duelen

El año que se despide dejó al deporte sin figuras como Kobe Bryant, Amadeo Carrizo, Martillo Roldán, Osvaldo Arduh, Paolo Rossi, Alejandro Sabella y como si ello fuera poco, sin Diego. Y sin el Turco Wehbe para cantar sus goles. También nos dejó Sprinter, mítico periodista de automovilismo deportivo.

La música sufrió el año perdiendo a Kenny Rogers, Luis Eduardo Aute, Little Richard, Ennio Morricone, Horacio Fontova, Eddie Van Halen, Sergio Denis y Armando Manzanero. El cine se despidió de auténticos íconos como Kirk Douglas, Olivia de Havilland, Max Von Sydow o Sean Connery (¡coño! se llevó hasta al mismísimo 007). ¿Incluimos a Pino Solanas en este rubro?. ¿Por qué no?

Las mañanas cordobesas perdieron la voz de Mario Pereyra...

El arte extrañará a personalidades como Albert Uderzo, Marcos Mundstock o al querido Quino, a quien extrañaremos en cada dibujo o reflexión de Mafalda.

En Alta Gracia en esto, tampoco fuimos la excepción a esta regla. Durante este 2020 que se va, lloramos la partida de “Pepe”, se nos fue la “Mecha” a atender un bar en el cielo, Enrique Martín fue a visitar a su amigo Ernestito y despedimos en gira eterna a Coco Gómez y al Bebe Martínez. Otros que nos dejaron tristes con sus partidas fueron Rubén Saieg y Alfredo «Chiche» Laniado.

Muchos, la enorme mayoría de ellos, no fueron víctimas del coronavirus. Claro que eso a la hora del balance anual, poco importa. Duelen sus ausencias, no sus motivos para dejar este valle de lágrimas.

Lo bueno y lo malo

La pandemia sirvió para sacar lo mejor y lo peor de la gente. Desde gestos solidarios que se multiplicaron hasta irresponsabilidades llevadas a grados de imbecilidad total, tuvimos de todo. Merenderos, colectas, ollas populares, campañas, fiestas clandestinas, reuniones ilegales, marchas en contra de vaya uno a saber qué, concentraciones masivas de todos los colores, pañuelos verdes, pañuelos celestes, gastronómicos en pie de guerra, agentes de turismo al borde de la quiebra, comercios que vendieron el alcohol en gel a precio de oro, clientes que compraron papel higiénico como para empapelar la ciudad…

Nos enseñó, poco a poco, que quienes se contagiaban no eran delincuentes, sino enfermos y que poco importaba su nombre, su edad ni su color de identidad. Que no servía de nada señalarlos con el dedo porque tal vez mañana nos tocaba a nosotros.

Evidentemente, aun habiendo sido el peor año de nuestras vidas (al menos que uno tenga registro de memoria), el 2020 nos dejó unas cuantas enseñanzas. Si de esta situación de emergencia surgirá una sociedad mejor, sólo el tiempo lo dirá. Por ahora, no queda más que despedirlo, deseando que no vuelva nunca, pero nunca más.

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