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Crónicas al Voleo

Las guerras simias

Las guerras simias
Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)

Las guerras simias. El Parque nacional Gombe Stream está ubicado en la parte occidental de la región de Kigoma, en Tanzania. Es el más pequeño de aquel país, con una superficie de 52 km² y es un exuberante bosque que se extiende lo largo de los cerros de la orilla oriental del lago Tanganica. Se puede llegar a él solamente por barco y ha sido el escenario donde Jane Goodall desarrolló su investigación sobre el comportamiento de las poblaciones de chimpancés. Esta primatóloga británica cambió todo lo que creíamos saber sobre los chimpancés (y sobre los seres humanos) al descubrir que estos monos fabricaban y usaban herramientas; tenían un lenguaje primitivo y eran capaces de entender lo que sus pares pensaban. También advirtió que estas adorables criaturas, romantizadas como personajes de cine y TV, podían ejercer una violencia organizada solamente comparable con sus descendientes, los seres humanos.

Jane Goodball en plena convivencia con la comunidad de chimpancés

La propia Goodball fue testigo del inicio y desarrollo de la primera guerra de chimpancés de la que se tiene registro. Entre las muchas innovaciones que introdujo en la manera de estudiar los comportamientos de los primates, la investigadora decidió que, en lugar de designar a los individuos con números había que ponerles nombre (lo cual facilita mucho la narración de los hechos). Primero notó, en 1970, que la comunidad que estudiaba, llamada Kasakela (porque ocupaban ese sector del parque Gombe) comenzó a dividirse, formándose dos grupos bien definidos: el Kasakela, liderado por el macho alfa Humprey, y una escisión de este que se trasladó al sur y fue designado con el nombre de Kahama. Los cabecillas de esta incipiente comunidad eran los hermanos Hugh y Charlie.

División y recelos

El antropólogo Joseph Feldblum, integrante del equipo de Goodball y profesor de la carrera de Antropología de la Universidad de Michigan, sostiene que «fue una combinación de varios acontecimientos lo que llevó a la división. Sin embargo, los datos muestran que la muerte de un macho mayor (Leakey) en diciembre de 1970 coincidió estrechamente con el aumento de la modularidad a partir de 1971, y poco después hubo una lucha por el poder entre el macho alfa Humphrey (del norte) y dos machos del sur de alto rango, Charlie y Hugh». El grupo separatista consistía en seis machos adultos, tres hembras adultas, y sus crías. Los Kasakela se vieron reducidos a ocho machos adultos, doce hembras adultas, y sus crías.

Pero lo que empezó como una división que de algún modo se explicaba con la muerte del viejo líder y el aumento de la población, derivó en gestos de desconfianza (los líderes de ambas facciones se evitaban evidentemente) y se desbarrancó en la guerra con un gesto inesperado: una emboscada.

Feroz ataque en plena emboscada
La emboscada

El 7 de enero de 1974 Godi, un macho de la comunidad Kahama, se alejó de su grupo y se puso a comer en soledad, sin notar que silenciosamente fue rodeado por 8 chimpancés Kasakela. El procedimiento de los confabulados parecía sacado de una película de guerra: avanzaban en fila india y cada tanto se detenían para prestar atención al olfato y al oído. Finalmente, cuando tuvieron a su víctima al alcance iniciaron un ataque brutal. El joven macho que disfrutaba despreocupadamente su merienda no los vio venir.

Al principio Godi intentó huir, pero sus atacantes –encabezados por Humprey, Figan y Jomeo– lograron derribarlo. Humprey lo inmovilizó sentándose en su cabeza y sujetando sus extremidades, y los restantes miembros del batallón (los ya citados Figan y Jomeo, además de los machos Rodolf, Sherry y Evered y Gigi y una de sus crías adolescentes) le propinaron una brutal paliza.

El ataque duró diez minutos. Después,  Humphrey soltó a su víctima, que quedó inmóvil, gimiendo, durante un largo rato. Todavía tenía el rostro hundido en el barro. En ese momento, Rodolf se acercó hasta el cuerpo dolorido de Godi con una roca entre sus manos y la estampó sobre él.

«Estaba gravemente herido, con grandes cortes en la cara, una pierna y el lado derecho de su pecho, y debía estar seriamente dañado por la tremenda paliza que había recibido. Sin lugar a dudas, murió a causa de estas heridas, porque nunca volvió a ser visto por el equipo que estudiaba el grupo de Kahama», relató Jane Goodall en su libro «A través de la ventana» sintetizando el relato de su colaborador Hilali Matama, atónito testigo del ataque.

Escenas de cine «Gore»

Más que una guerra se trató de una especie de plan de exterminio. Humprey y sus subordinados repitieron el método de la emboscada con los demás miembros masculinos de la colonia Kahama. Así fueron cayendo sucesivamente uno tras otro, todos los machos de la comunidad disidente. A Godi le siguió De, luego Hugh, más tarde el bonachón anciano Golitah y después Charlie. Willy Wally desapareció y nunca fue encontrado. El joven Sniff, el último macho en pie, sobrevivió algo más de un año, pero en 1978 finalmente fue víctima del inaudito y brutal odio de los Kasakela.

La crueldad era inaudita y Goodall describe escenas horrorosas que hubieran impresionado a cualquier director del sangriento subgénero cinematográfico conocido como «Gore»: «Me costó varios años reconciliarme con estos hallazgos –escribió años después la científica–. Me solía despertar de madrugada mientras imágenes horribles aparecían sin restricciones en mi mente; Satán [uno de los simios] usando sus manos para beber de la sangre que brotaba de una gran herida en la cara de Sniff; el viejo Rodolf, normalmente de buen carácter, completamente erguido para lanzar una roca de dos kilos al cuerpo postrado de Godi; Jomeo arrancando una tira de piel del muslo de Dé. Figan, cargando y golpeando sin cesar contra el cuerpo castigado y tembloroso de Goliath, uno de sus héroes de infancia». La primera guerra de los simios terminó con el exterminio de unos de los bandos.

La segunda guerra

La segunda conflagración entre simios se produjo en la comunidad de Ngogo (Uganda) y se desató en 2018, cuando un grupo de chimpancés mató a Erroll, un macho de bajo rango. Al  igual que en Gombé, la colonia había crecido mucho y desde 2015 se notaban tensiones entre sus integrantes que terminaron dividiéndose en tres agrupaciones: la central, la oriental y la occidental.

Algo se rompió definitivamente con la muerte de Erroll. Ya no eran dos subgrupos con roces, era una guerra a muerte. La mayoría de los primatólogos se resisten a llamar “guerra” a estos episodios “porque tiene un significado social y político específico para los humanos”. Pero a muchos otros científicos les gusta usar las agresiones letales de los chimpancés, cooperativa y coordinada, como una forma de imaginar los orígenes evolutivos de la guerra en los humanos. Las hostilidades en Ngogo persisten en estos días.

En su novela «A sus plantas rendido un león» Osvaldo Soriano relata una delirante revolución en Bongwutsi  (un imaginario país africano) conducida por Michael Quomo, que se ponía al frente de un ejército de gorilas (no, no estoy hablando de antiperonistas, hablo de los grandes simios) que derrocan al dictador de turno en medio de un caos generalizado.

No deliraba tanto el gordo Soriano.

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