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Crónicas al Voleo

La república de la alegría

La república de la alegría
Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)

Punta Carretas es, en la actualidad, uno de los barrios más paquetes de Montevideo. Con una privilegiada ubicación sobre la costa del Río de la Plata, la tradición oral indica que el nombre del sector se lo pusieron los marinos que, desde cubierta, advertían que los peñascos que invadían el río tenían forma de carreta. 

Pero en 1876, cuando se construyó el faro que aún en nuestros días advierte a los navegantes de las peligrosas rocas que mandaron al fondo del río numerosas embarcaciones, la zona no permitía imaginar su destino de glamour, campos de golf y mansiones señoriales. Se trataba de un lugar casi suburbano, apenas visitado por lavanderas y pescadores.

En 1915 se inauguró el Penal de Punta Carretas, lo que demoró más aún la urbanización de la zona. El centro de detención estuvo activo hasta 1986 cuando, recuperada la democracia en el país, el presidente Julio María Sanguinetti mandó a cerrar sus puertas definitivamente. En sus siete décadas de existencia supo ganarse una oscura fama sembrada de abusos, torturas y dos fugas históricas: la primera fue en 1931, cuando un grupo de anarquistas ganó la calle haciendo un túnel hasta una carbonería vecina. La otra fue en 1971 y en la ocasión se fugó un centenar de miembros de la organización guerrillera Tupamaros, ente ellos el expresidente José «Pepe» Mujica. En 1994 se convirtió en un shopping. Creo que se ganó con el cambio.

Sede original de La República de Parva Domus
República de pescadores

Pues bien, en este acomodado barrio montevideano, frente al siempre verde y armónico campo del Club de Golf de Uruguay, se encuentra La República de Parva Domus Magna Quies, enclavada en una blanca y señorial casona que resiste la invasión de construcciones de altura con volados balcones y una vista de ensueño al río color de león.

Autoproclamada como república independiente, esta micronación cuyo nombre en latín significa «Pequeña casa, gran reposo», fue creada con fines sociales y de entretenimiento. Tiene un «gobierno» con su gabinete ministerial y un cuerpo diplomático. Sus «ciudadanos» utilizan títulos rimbombantes y reciben honores ficticios.

Es que esta simpática nación fue fundada por un grupo de amigos que tenían la afición de ir a pescar, a mediados de la década de 1870, a ese lugar alejado del casco urbano de Montevideo. En uno de los destartalados apartamentos que José «Pepe» Achinelli alquilaba para guardar sus elementos de pesca y que llevaba el número 4 en su puerta, comenzó a reunirse con otros pescadores para cocinar, conversar y divertirse. Como el grupo de asado de los martes de algunos sujetos que yo conozco, o el del fútbol 5 los jueves a la noche, o cualquier excusa que la gente se inventa para reunirse con amigos (amigas, amigues). Con el tiempo Achinelli y sus compañeros compraron esa construcción y otras aledañas. El grupo había crecido y buscaban tener más comodidades.

Constitución

El nombre se le ocurrió al artista Juan Riva-Zuchelli, quien leyó la expresión en una novela francesa de reciente publicación y la escribió con carbón en la puerta del apartamento. La República de Parva Domus Magna Quies quedó oficialmente fundada el 25 de agosto de 1878, fecha que anualmente se celebra como «día de la Independencia». Ese día, a las 4 de la mañana, frente al apartamento número 4, se izó por primera vez la bandera parvense, confeccionada por Gerónimo «Guirumín» Machiavello.

Rubén Darío en su visita a Parva Domus

Como podrá observarse, nuestra república es –en definitiva– una joda que quedó. Algunos fantasean con poner un bar, otros con recorrer la Ruta 40 en motorhome. Pues bien, estos orientales crearon su propia nación.

En agosto de 1895, una asamblea extraordinaria designó una comisión constituyente presidida por el fundador José Acninelli, quien estuvo secundado por el Vicepresidente Juan Turenne. La carta magna fue sancionada el 21 de ese mes. A partir de ese momento adquirió el nombre oficial de República Parva Domus Magna Quies (antes se llamaba igual, pero no era oficial ¿se entiende?). La Constitución establece que es una república presidencialista y que su primer mandatario dura cada dos años en sus funciones y es elegido mediante sufragio universal. También indica que la religión oficial del Estado es la alegría.

Mujeres no, masones sí

Cuando la ciudad fue extendiéndose hacia el sur, el municipio expropió los terrenos donde estaba la sede de gobierno de Parva Domus (que además era la totalidad del «territorio soberano») para construir el bulevar Artigas. Con el dinero de la indemnización adquirieron un terreno sobre la nueva avenida y construyeron la sede actual.

La constitución establece que el número de ciudadanos no puede exceder los 250 y para obtener la ciudadanía cada postulante debe ser presentado por un ciudadano (o sea, lo mismo que en casi cualquier club de esta parte del mundo, más difícil es obtener la visa de residencia en Estados Unidos). Solamente se acepta la membresía de hombres. En las reuniones semanales no se permite abordar temas de conversación que puedan generar conflictos. Por esta disposición no se habla de fútbol, política ni religión, aun cuando la sociedad está integrada por blancos y colorados, manyas y bolsos, católicos, judíos y ateos.

Presidente Bartolomé Grillo

«Nos preguntan dos cosas –comenta el Presidente Bartolomé Grillo– por qué no hay mujeres ciudadanas y cuál es nuestro vínculo con la Masonería. En realidad nunca hubo señoras interesadas en integrarse. Además, las esposas están contentísimas de que sus maridos vengan acá, ellas suelen buscarse un plan los miércoles y los sábados».

«Con respecto a la masonería –continúa Grillo– la verdad es que nos llevamos bien con ellos, una vez vino un Gran Maestro y nos dejó un recuerdo que tenemos guardado en el museo. Hay ciudadanos que también son masones, pero son cosas que corren por caminos distintos».

Ciudadanos ilustres

La nación se reúne dos veces por semana: los miércoles a la noche y los sábados al mediodía. Son reuniones gastronómicas en la que se suele contratar un cocinero y que se llevan a cabo en el amplio quincho que la república tiene en el fondo del jardín. Si hay músicos entre los ciudadanos presentes, habrá guitarreada; a veces se invita a algún artista para que amenice la reunión. Se habla de música, de arte, de comida. Se comen buenos platos y se beben excelentes bebidas.

Algunos de los ciudadanos parvenses más conocidos fueron José Irureta Goyena (exdecano de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República de Uruguay), el escritor y diplomático Juan Zorrilla de San Martín (abuelo de la actriz China Zorrilla), el exministro de relaciones exteriores Eduardo Rodríguez Larreta y Juan Campisteguy, presidente uruguayo entre 1927 y 1931, quien, mientras ejercía su mandato, servía las mesas durante los banquetes de los domingos. Entre los visitantes estuvieron el poeta Rubén Darío, el barítono español Ramón Novares y los músicos Arturo Toscanini y Luis Sambucetti.

En 2007 el entonces canciller uruguayo, Reinaldo Gargano, y el embajador argentino Hernán Patiño Mayer compartieron una “tenida” -como los parvenses les llaman a sus eventos-, en medio del conflicto entre ambos países por la instalación de una pastera sobre el río Uruguay. Los ciudadanos recuerdan que cenaron juntos, tomaron vino e incluso el diplomático argentino se atrevió a cantar unos tangos.

Todos tuvimos o tenemos nuestra república, una Parva Domus donde encontrarnos con amigos (amigas, amigues), dejar del otro lado de la frontera los problemas y tomarnos un vino y un recreo de la vida cotidiana. Y si no la tenemos, ya va siendo hora de fundarla.

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