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Crónicas al Voleo

La rebelión del Ron

La rebelión del Ron
Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)

De la Terra Australis Incognita ya había hablado Pomponio Mela, un geógrafo hispanorromano que vivió bajo el imperio de Calígula, medio siglo antes de Cristo. Sin embargo, para la civilización occidental (o sea, europea) los primeros datos firmes los traen navegantes españoles, portugueses y holandeses desde el siglo XVI en adelante. Pero exploradores como Cristovão de Mendonça, Juan Fernández, Manuel Godinho de Erédia, Dirk Hartog o Abel Tasman se habían limitado a explorar las costas de la gigantesca isla desde las cubiertas de sus embarcaciones.

El primero que desembarcó en el continente fue James Cook, al mando de la expedición Endeavour. En 1770, el marino inglés cartografió la costa oriental y puso pie en Botany Bay el 29 de abril, reclamando dicho territorio, al que llamó Nueva Gales del Sur.

Capitán James Cook

Los informes de Cook hicieron pensar que ese novísimo mundo podía convertirse en una solución para el problema de la superpoblación del sistema penitenciario británico. En síntesis, metieron en once barcos a tres grupos de personas: los convictos, los guardias que iban a vigilar a los convictos y los marineros contratados de manera privada que llevarían los buques a Australia para luego volver a casa. Además llevaban 772 vacas.

Una cárcel a cielo abierto

Thomas Townshend, conocido como Lord Sydney, fue quien desarrolló la idea de Nueva Gales del Sur como colonia penal allende los mares. Su idea era algo utópica y completamente moralista. Supuestamente, los convictos no eran enviados al culo del mundo para sufrir, sino a reformarse (y para tenerlos bien lejos y aislados, digamos todo) y el medio de la reforma sería el trabajo duro, el aire fresco y la naturaleza, entre otras cosas vagamente edificantes como esas. No habría alcohol ni dinero, porque sin eso no habría crimen, según el bueno de Lord Sydney.

La primera oposición a este plan surgió antes que partiera la flota desde Plymouth. El reglamento especificaba que los marineros eran los únicos que podían consumir alcohol, lo que provocó la queja de los guardias, que se sintieron profundamente agraviados, toda vez que consideraban que el escabio era «un requerimiento indispensable para la preservación de nuestras vidas, las cuales teniendo en cuenta el cambio de clima y la extrema fatiga… probablemente estén en peligro». Pensar que hay algunos que ponen como excusa que quieren olvidar a una novia que le puso los cuernos. Ante esto, se autorizó a los guardias a consumir alcohol solamente los primeros tres años. Vevó, vee…

Muerta al nacer la «ley seca» australiana, lo cierto es que una vez en el alejado y árido paisaje austral, el ron se convirtió en un objeto de deseo y de trueque. El alcohol seguía prohibido para los convictos/colonos, pero la administración del preciado líquido corría por cuenta del batallón especial que había sido formado para cuidar la nueva colonia: el Cuerpo de Nueva Gales del Sur, que rápidamente se ganó el apodo de Cuerpo del Ron. El gobierno compraba los embarques de ron que llegaban a puerto, supuestamente para administrarlo juiciosamente, pero lo cedía a los soldados que lo vendían a cualquiera que pudiera asegurarles ganancias de hasta el 1.200%.

William Bligh, fallido restaurador de las leyes
Un tipo con experiencia

En poco más de quince años el asunto se había ido de control. Así, la Corona empezó a temer que los colonos/presos se amotinaran; por lo que decidió reemplazar al gobernador Francis Grose, para imponer a alguien que tuviera experiencia en motines y aplicara mano dura. Así fue como en 1806 desembarcó en la lejana colonia/presidio el vicealmirante William Bligh.

Bligh había adquirido fama por haber sido capitán del HMS Bounty. Y si bien el hecho de haber sobrevivido cuando la tripulación amotinada lo dejó a la deriva en un bote en medio del Pacífico junto a puñado de leales es una historia del todo épica, el temita de manejar motines no lo tenía del todo resuelto. Pero ¿cómo podían saberlo en Londres, si faltaban más de 150 años para que se estrene la película con Marlon Brando?

El primer escollo y principal adversario que se encontró Bligh en Australia fue el teniente John Macarthur. Era un militar llegado en la  primera misión, que estaba al frente del Cuerpo del Ron y gracias a ello se había convertido en un terrateniente millonario que, además, destilaba su propio licor. Era evidente que no se iban a entender. El nuevo gobernador pensaba que el cuerpo militar de Nueva Gales del Sur, en el mejor de los casos, era un grupo de «tremendos sodomitas, desgraciados y villanos». Así no es fácil hacer amigos.

John Macarhtur
Asonada militar pro escabio

La diplomacia y la negociación no eran el fuerte de Bligh, como lo demuestra Anthony Hopkins en la película de 1984 (también sobre el motín del Bounty, esa con Mel Gibson y un pendejísimo Liam Neeson). Confisca los alambiques de Macarthur, lo encarcela y lo enjuicia. Literalmente, Macarthur se le cag… se le río en la cara. El jurado estaba compuesto por soldados que obtenían grandes ganancias vendiendo alcohol y colonos que compraban el ron que destilaba Macarthur y no disimulaban su parcialidad. Además, soldados leales al líder del Cuerpo del ron rodearon la corte demostrando su apoyo a su jefe. Bligh pretendió romper la unidad convocando al segundo del regimiento. El mayor George Jonhston, se excusó alegando que la noche anterior se había emborrachado y chocado con su carruaje; lo que vendría a constituir el primer accidente de tráfico causado por ebriedad en la historia de Australia.

Ese mismo día Macarthur fue liberado por soldados leales (a esta altura eran todos) y le presentó a George Johnston una carta con casi 200 firmas pidiéndole que arrestara a Bligh y asumiera el control de la colonia. Al mismo tiempo, unos 300 soldados, luego de una ronda de tragos (probablemente invitados por Macarthur) avanzaron hacia la mansión del gobernador sin encontrar oposición; a excepción de Mary, la hija de Bligh, que pretendió dispersarlos a paraguazos, sin éxito, claro. A Bligh lo encontraron en su cuarto, escondido debajo de la cama (hay un lejano parentesco entre esto y la actitud del Marqués de Sobremonte en las invasiones inglesas).

El mayor George Jonhston, primer golpista australiano.
Epílogo y brindis final

Mark Forsyth, desde su imprescindible libro «Una breve historia de la borrachera» nos regala el epílogo de esta historia:

«El 26 de enero de 1808, veinte años después del desembarco de la primera flota, Australia tuvo su único golpe militar. El día todavía se festeja como el Día de Australia (por el desembarco, no el golpe de Estado); y el evento es históricamente conocido como “La rebelión del ron”.

George Johnston se convirtió en el gobernante de Australia. Había sido el primer soldado en poner pie en el continente. Estuvo allí desde el principio. Incluso se había casado con una convicta, una ladrona de encajes llamada Esther Abrahams, quien era ahora primera dama. Efigies de Bligh fueron quemadas en las calles y los soldados festejaron asando ovejas, porque, tratándose de Australia, todo debe terminar con un asado.

Y bebieron ron».

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