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Altagracienses por el Mundo

La historia de Lucía: es farmacéutica y está realizando un posdoctorado en Irlanda del Norte

La historia de Lucía: es farmacéutica y está realizando un posdoctorado en Irlanda del Norte

En esta sección te invitamos a conocer las historias de altagracienses que viven en diferentes partes del mundo. AGNoticias dialogó con Lucía, Farmacéutica y doctora en Ciencias Químicas, quien se radicó en Belfast con una beca posdoctoral en Queens University. A un año de su llegada a Irlanda del Norte, contó cómo fue adaptarse, qué es lo más duro y por qué volver no está en sus planes.

En AGNoticias la sección «Altagracienses por el Mundo» ya es un clásico de nuestro portal informativo. Un espacio dónde les acercamos los lectores historias de vecinos, amigos o familiares que dejaron su ciudad natal y que ahora están viviendo diferentes experiencias alrededor del mundo. En esta oportunidad, conocemos más a la altagraciense Lucía Lopez Vidal.

Lucía siempre tuvo claro que quería dedicarse a la ciencia. En 2019 se recibió de Farmacéutica en la Universidad Nacional de Córdoba y poco después comenzó un doctorado en Ciencias Químicas, respaldado por una beca del CONICET.

Desde sus primeros pasos en los laboratorios de la Facultad de Ciencias Químicas se animó a explorar distintas áreas hasta encontrar su vocación definitiva: la tecnología farmacéutica.

Su trayectoria no se limitó a la investigación: también fue docente universitaria durante cuatro años. “Me encantaba enseñar, pero al mudarme tuve que dejarlo de lado”, expresó.

En 2024, cuando transitaba el tercer año del doctorado, apareció una oportunidad que cambiaría su vida: una posición posdoctoral en Queens University Belfast, institución prestigiosa en el Reino Unido.

“La situación de la ciencia en Argentina estaba muy difícil. Sabía que afuera las oportunidades de crecer profesionalmente iban a ser muchas. Me presenté y la saqué”, contó.

En junio de 2024 aterrizó en Belfast con contrato firmado y una Visa Global Talent que le dio tranquilidad desde el primer momento.

En diciembre volvió brevemente a Argentina para defender su tesis y obtener el título de doctora. Desde entonces, su base está en Irlanda del Norte.

Un nuevo comienzo en Belfast

Llegar a una ciudad desconocida no fue sencillo. “Vine sin hablar prácticamente inglés, me costaba mucho, pero la gente fue muy paciente y siempre me ayudaron”, resaltó.

El acento norirlandés le resultó particularmente desafiante: “Al principio no entendía nada, pero con el tiempo uno se acostumbra”.

Belfast, con poco más de 350 mil habitantes, le resultó amigable por su escala. “Prefiero las ciudades más chicas, como Alta Gracia. Y en ese sentido, Belfast es bastante manejable, nada que ver con Londres”, comparó.

Descubrió además una ciudad segura, con transporte accesible y rodeada de naturaleza: montañas, acantilados y costas que parecen salidas de una postal.

Sin embargo, el clima es la parte más dura de la experiencia. “En invierno se vuelve gris, con pocas horas de luz y mucha lluvia. Puede ser bastante triste”, admitió.

El verano, por el contrario, es amable: temperaturas de 20 o 22 grados, días largos y verdes intensos en cada rincón de Irlanda del Norte.

Conseguir trabajo y vivienda: privilegio y realidades

Lucía reconoció que su situación no es representativa del común de los migrantes. “Yo vine con un contrato y una visa especial, así que estoy en una posición privilegiada. No tuve que salir a buscar trabajo acá”.

Lo mismo ocurrió con la vivienda: consiguió alojamiento en el primer intento, aunque sabe que no siempre es así. “Tengo conocidos que tuvieron que visitar treinta casas hasta encontrar una. Es bastante variable”.

De todas formas, asegura que Belfast ofrece oportunidades laborales, pero advierte que el mayor obstáculo es la visa y sus costos, lo que limita a muchos a la hora de proyectar una estadía en el Reino Unido.

Un lugar amable, con gente cálida

Más allá de lo académico, lo que más la sorprendió fue el trato de la gente. “Son muy amables, pacientes y atentos. Te ayudan todo el tiempo, incluso si tu inglés no es bueno”, señaló. Esa hospitalidad le permitió armar un nuevo círculo de amistades en poco tiempo.

El costo de vida también le parece razonable: “Comparado con los salarios está muy bien. No es barato, pero tampoco es desproporcionado. Se puede vivir tranquila y con seguridad”.

Con los meses, Belfast pasó de ser un destino lejano a convertirse en un lugar que siente propio. “Hoy estoy feliz acá, construí un círculo muy lindo y tengo un trabajo que me gusta. Soy consciente de lo afortunada que soy por eso”, sostuvo.

La otra cara: el desarraigo

La parte más difícil es la distancia. “Extraño casi todo: los abrazos de los amigos, la comida de mis padres, las tardes de mates y criollitos. Creo que son esas pequeñas cosas cotidianas las que más se extrañan”, confesó.

El desarraigo, aseguró Lucía, suele estar romantizado. “A veces se cree que irse afuera es la solución a todos los problemas, y no es tan así. Emigrar es hermoso, pero también es duro. Se extraña muchísimo”.

En su caso, un factor clave para la adaptación fue llegar sin expectativas irreales. “Vine a ver con qué me encontraba, sin pensar que todo iba a ser perfecto. Eso me ayudó a adaptarme más rápido”.

Emigrar: una experiencia que cambia la vida

Con un año y medio de vida en Irlanda del Norte, Lucía explicó que emigrar le abrió la cabeza. “Conocer otra cultura y otro idioma te cambia la manera de ver el mundo. Para mí, eso es invaluable”.

A quienes piensan en dar el salto, les deja un consejo: “Anímense. Siempre hay tiempo de volver, pero la experiencia no te la quita nadie”.

A continuación no lo dudó y subrayó que da miedo, que al principio se sufre, pero insistió en que la ganancia personal es mucho mayor.

De momento, tiene contrato en Queens University hasta 2026. En diciembre viajará a Alta Gracia para reencontrarse con su familia y amigos, aunque no tiene planes de regresar de manera definitiva.

Una vida entre dos orillas

Lucía resumió su experiencia como un balance entre la plenitud profesional y la nostalgia de nuestras tierras.

Mientras crece en un ámbito académico competitivo y de primer nivel, sigue conectada con su ciudad natal y con las tradiciones que extraña a diario.

“Emigrar es difícil, pero vale la pena”, concluyó. Desde Belfast, su historia se suma a la larga lista de altagracienses que construyen su vida en distintas partes del mundo, llevando siempre consigo un pedacito de Alta Gracia.