En esta sección te invitamos a conocer las historias de aquellos altagracienses viviendo en diferentes partes del mundo. AGNoticias dialogó con Bruno quien vive en Barcelona hace tres años y ha demostrado que, con trabajo duro y pasión, es posible encontrar nuevas oportunidades. Su camino entre la moda y la gastronomía refleja su capacidad para reinventarse y crecer en cada etapa de su vida.
En AGNoticias la sección «Altagracienses por el Mundo» ya es un clásico de nuestro portal informativo. Un espacio dónde les acercamos los lectores historias de vecinos, amigos o familiares que dejaron su ciudad natal y que ahora están viviendo diferentes experiencias alrededor del mundo. En esta oportunidad, conocemos más al altagraciense Bruno Coscio.
Bruno tiene veintiséis años y nacó en Chaco, Argentina. A los cinco años se mudó con su familia —padre, madre y hermano mayor— a Alta Gracia donde vivió toda su infancia, adolescencia y parte de la juventud, hasta que tomó la decisión de viajar a España. Hoy está hace ya tres años viviendo en Barcelona. “Me atrapó, me gusta, me siento cómodo y lo disfruto”.
La decisión de emigrar no fue impulsiva, sino el resultado de varios factores que facilitaron el camino. “Tenía muchos amigos viviendo en el exterior, tanto en Estados Unidos como en Europa, y eso despertó en mí la curiosidad de experimentar lo mismo”, contó.

El mayor beneficio fue contar con la ciudadanía italiana, tramitada por su abuelo cuando tenía 16 años. “Desde esa edad ya era ciudadano italiano y podía incluso votar en Italia”. Esto le permitió evitar el largo proceso que enfrentan muchos migrantes para obtener la documentación necesaria en Europa.
A diferencia de quienes deben gestionar la ciudadanía una vez instalados, un trámite que puede demorar hasta diez meses, Bruno solo necesitó sacar un turno en el consulado, viajar a España y solicitar el NIE (Número de Identidad de Extranjero), que se obtiene en aproximadamente dos semanas.
Además, tenía un amigo en Barcelona que lo ayudó en sus primeros días. Con el dinero ahorrado y la documentación en regla, la decisión ya estaba tomada. “Solo me faltaba comprar el vuelo, elegir la ciudad y comenzar una nueva etapa en mi vida”.
El arte del buen vestir y el buen servir
Desde pequeño, la comunicación y la expresión fueron parte de su vida. El joven estudió un bachillerato en Comunicación y luego ingresó a la universidad para estudiar Comercio Internacional, ya con la idea de emigrar. No obstante, la carrera no lo convenció, y decidió enfocarse en su verdadero objetivo: viajar.
Para reunir el dinero necesario, trabajó en distintos rubros en Argentina, desde un call center hasta el negocio familiar en el mundo de la moda. Al llegar a Barcelona, el desafío fue otro. “Es una ciudad cara, así que lo primero que necesitaba era conseguir trabajo lo antes posible”.


Bruno empezó como asesor comercial en una inmobiliaria, luego trabajó en una tienda de moda y, finalmente, ingresó al sector gastronómico. “Mi primer trabajo en gastronomía fue en un restaurante argentino, pero la experiencia no fue la mejor”. Después, llegó a un hotel de cuatro estrellas, donde se especializó como bartender y barista. Hoy, trabaja en el prestigioso hotel W Barcelona, donde tiene a su cargo una sección del restaurante y también guía a otros empleados.
A pesar de su estabilidad en la gastronomía, su vínculo con la moda sigue intacto. “Desde que llegué, tuve la oportunidad de dedicarme al modelaje y trabajar como estilista”. Su objetivo a futuro es claro: “Me gustaría convertirlo en mi profesión principal y dejar el trabajo como camarero”.
¿Cómo es la realidad de conseguir trabajo y vivienda en el extranjero?
Conseguir empleo y alojamiento en Barcelona puede ser un reto, pero no imposible. “Si uno tiene ganas y se esfuerza, puede lograrlo”, aseguró. Aunque el joven reconoció que trabajar sin papeles puede ser complicado, señaló que hay sectores, como la albañilería o la plomería, con menos exigencias en cuanto a documentación. Sin embargo, acceder a un empleo formal es más difícil sin un pasaporte europeo.
Él mismo se enfrentó a la búsqueda laboral con un objetivo claro: “No viajé catorce mil kilómetros para estar sentado detrás de una computadora o levantando muros”. Con paciencia y constancia, logró encontrar un trabajo que realmente le gustara.


El acceso a la vivienda es otro tema complejo. “Aquí es muy común compartir piso porque alquilar un lugar para uno solo es muy caro” explicó el altagraciense. Con un sueldo mensual de 1.800 a 1.900 euros, paga 550 euros por una habitación en un departamento compartido con otras tres personas. “Tengo la suerte de que mi cuarto tiene un balcón con vista a la Sagrada Familia, pero no todos corren con la misma fortuna”.
En Barcelona, alquilar un departamento entero implica requisitos exigentes y costos elevados, por lo que la opción más accesible es compartir vivienda. “Por suerte, siempre llegué a los lugares gracias a recomendaciones, lo que me permitió evitar situaciones incómodas”, dijo. Como Bruno, muchos jóvenes optan por este modelo de convivencia, una alternativa más viable en una ciudad con precios altos en relación con los sueldos.
Barcelona: entre el turismo, la multiculturalidad y la fiebre por los argentinos
Para quienes emigran, encontrar un lugar donde sentirse bien recibido es clave. Y Barcelona, con su marcada multiculturalidad, parece ofrecer justo eso para el joven. “Es una ciudad que te acoge y te hace sentir bienvenido”.
La capital catalana es hogar de diversas comunidades extranjeras, entre ellas una numerosa presencia argentina. “Cuando llegás sin conocer mucho, siempre hay alguien dispuesto a darte una mano”, destacó Bruno sobre la solidaridad entre compatriotas.


Uno de los aspectos que más lo enamoró fue la cercanía con la naturaleza. “En quince minutos en tren llego a la montaña, y en cinco minutos en bicicleta estoy en la playa”. Vivir tan cerca del mar fue una experiencia nueva y transformadora.
Si bien reconoció que las relaciones entre las personas han cambiado con el tiempo, sigue disfrutando cada día de lo que Barcelona tiene para ofrecer. “Me siento afortunado de vivir esta experiencia”.
Por otro lado, comentó que es una ciudad vibrante, donde el turismo nunca se detiene. En verano, la ciudad cobra un ritmo frenético: “Todo pasa muy rápido y hay una sensación de libertad total. Si quieres hacer algo en Barcelona, seguro que puedes”. La cercanía del mar, la montaña y la posibilidad de viajar a otros países en pocas horas son algunos de los atractivos que lo atraparon.


El idioma fue una de las preocupaciones iniciales de Bruno, pero pronto entendió que el español es ampliamente hablado, aunque el catalán sigue presente, especialmente entre la gente mayor. “Aprendí a manejarlo con actitud, mostrándome abierto a entenderlo, y eso generó buena predisposición en la gente”.
La gastronomía mediterránea también es un punto fuerte. Aunque admitió que no es fanático del pescado, reconoce la calidad de los productos del mar y la charcutería. “El jamón es una locura”, afirmó. En cuanto al clima, lo comparó con Córdoba: “Hace mucho calor y, en verano, la ciudad colapsa de turistas. Pero es la época en la que más se factura, y en hostelería se pueden recibir propinas muy altas”.
Un aspecto que mencionó que ha cambiado en los últimos tiempos es la percepción sobre los argentinos en la ciudad. “Después del Mundial, parece que hay una fiebre de amor por los argentinos. Antes pasábamos más desapercibidos, pero ahora, cuando dices que eres de Argentina, la gente se interesa, te cuenta anécdotas o menciona amigos argentinos”, relató el joven.


Asimismo, recalcó que los argentinos son valorados por su energía y ética de trabajo: “Los españoles suelen ser más relajados, mientras que nosotros llegamos con ganas de progresar. Eso se nota y se aprecia”.
Experiencias personales y consejos para aquellos que están pensando en vivir en otro país
Sobre lo que más lo ha marcado y le ha dado felicidad es cruzarse o ver a alguien conocido de Alta Gracia. “Verlo acá es como guau, es muy loco que sea tan lejos y que sea una persona que se crio en el mismo lugar que yo y que extrañemos las mismas cosas. Es algo muy loco”.
Por otro lado, brindó un mensaje para quienes plantean dar este paso tan importante: “Un consejo para quienes están pensando en irse y todavía tienen dudas es que, antes de decidirse, se pregunten por qué no irse”.


Para él, la clave está en prepararse: investigar el destino, conocer las oportunidades y, sobre todo, mejorar el inglés antes de viajar. “En Argentina se enseña inglés, pero hay pocos espacios para practicarlo. Cuando llegué, me di cuenta de que no hablaba tan bien como creía.
“Crecí en todos los sentidos: aprendí idiomas, perdí miedos y gané mucha confianza en mí mismo”. La experiencia de vivir en el exterior lo ayudó a expresarse con más libertad, algo que, según él, en ciudades pequeñas puede ser más difícil.
Por último, el joven advirtió que no todo es fácil: “Habrá nostalgia y momentos difíciles, pero también experiencias increíbles. Es un camino de altibajos hasta encontrar el equilibrio”. A pesar de ello, manifestó que vale la pena: “Una vez que logras adaptarte, puedes vivir la vida con la que siempre soñaste, como me pasó a mí”.

¿Volver a Argentina?
Toda persona que emprende un viaje para irse a vivir a otro país lejano y ajeno, lleva consigo en su memoria los recuerdos de los seres queridos que dejó atrás. Bruno aseguró que lo que más extraña de Argentina es la calidez de la gente.
«Soy sociable, me gusta saludar y charlar. Al principio, me sorprendía ir al kiosco todos los días y que el encargado ni me respondiera el saludo. Extraño esa cercanía, de caminar un par de cuadras y cruzarme con el panadero, el kiosquero o el vecino«.
Finalmente, tenía planeado regresar a Argentina en febrero, pero nuevas metas y proyectos lo llevaron a postergar el viaje. Su idea ahora es volver a finales de año. «Volvería una y mil veces para visitar a mi familia y amigos. En Argentina está mi todo». No obstante, declaró que, por el momento, su vida y su crecimiento personal están del otro lado del océano.


«Si hoy, con 26 años, me preguntan si volvería a vivir en Argentina, la respuesta es no. No porque no ame mi país, sino porque estoy en proceso de formación«. Pero no descarta en el futuro, con otra perspectiva y prioridades, la respuesta sea distinta. «Tal vez, con 35 o 40 años, me den ganas de regresar a una vida más tranquila».
Pese a la distancia, su amor por Argentina sigue intacto: «Tenemos un país alucinante, con todos los climas y paisajes. Amo mi país, amo a su gente, amo cómo nos ve el mundo. Pero hoy, mi camino está acá».

