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La Educación sobre la Mesa

La Educación sobre la mesa. Hoy: «Aulas, paisaje de aprendizaje»

La Educación sobre la mesa. Hoy: "Aulas, paisaje de aprendizaje"
Por Laura Iglesias (Especial para «La Educación sobre la Mesa»)

Pensar en el aula, nos conduce a figurar en nuestra mente elementos que constituyen un modelo clásico del imaginario colegial. Pero fundamentalmente es un espacio de interacción que nos convoca a aprender construyendo, a transitar recorridos sensoriales a través de nuevos desafíos y experiencias en un marco educativo.

Suena el timbre, y las aulas se llenan de voces, miradas, movimientos, energías ambulantes ávidas de acción, resumiendo estudiantes. Sin ellos no serían aulas. Ellos dan vida a ese espacio signado por un estereotipo, con sus elementos tan propios: bancos, sillas, pizarra, esteras, armarios; enmarcados en sus dimensiones cúbicas, lo que denominamos un aula.

Y entre lección y lección, ejercitaciones, láminas, diálogos, discordias de convivencia, sonrisas y llamados de atención que invitan a la reflexión; se tejen, como atrapa sueños, los procesos de enseñanza aprendizaje. En este paisaje continuista de la escuela de pronto irrumpen y se dan lugar aulas diversas, dinámicas, desestructuradas: lecturas debajo de un árbol, sentados en ronda en el patio escolar para resolver sumas; espacio que al mismo tiempo es taller de arte, un pasillo que se hace laboratorio o sitio de entrevistas; un museo que se convierte en una clase de historia, en fin, tantos ejemplos. Y así, en compañía de esta vista panorámica, llegan a nosotros recuerdos escolares, de experiencias educativas vivenciadas que aún hoy tenemos presentes.

Hay un aula donde hay intención de enseñar

Porque un aula es mucho más que un espacio edilicio. En este sentido se pronuncian Cela y Palau (1997) señalando que la democracia comienza en el aula haciendo que el espacio y el tiempo se organicen en función de las necesidades de los estudiantes y no al revés A través del buen uso de estos elementos, se puede facilitar o dificultar la consecución de los objetivos, contenidos, actitudes, valores… que los centros se propongan (Gairín Sallán, 1995); convirtiéndolo en un agente educativo que invita a ciertas acciones y condiciona un determinado tipo de interacción social (De Pablo y Trueba, 1994; Laorden, C. 2001).

Entendido desde esta perspectiva, el espacio se convierte en factor didáctico puesto que nos ayuda a definir la situación de enseñanza-aprendizaje y nos permite crear un ambiente estimulante para el desarrollo de todas las capacidades de los niños y jóvenes, así como favorecer la autonomía y motivación del equipo de docentes. Cualquier espacio de nuestra escuela es susceptible de ser espacio educativo y, por lo tanto, deberemos organizarlo coherentemente con respecto a nuestros proyectos y programas.

Por su parte, Lledó y Cano (1994) señalan cinco principios para un nuevo ambiente escolar en el aula que enumeramos a continuación: 1) El aula debe ser un lugar de encuentro entre unos y otros. 2) Deben sugerir gran cantidad de acciones. 3) Debe estar abierta al mundo que le rodea. 4) Debe ser un espacio acogedor. 5) Nuestra clase tiene que ser un lugar vivo, un lugar distinto, con personalidad propia.

Aulas diversas porque somos diversos

Se debería promover todo aquello que pueda suponer un empoderamiento y apropiación de los espacios escolares, por parte de los estudiantes ya que esto implica acción, y sentimiento de pertenencia; como también fomento de creatividad y respeto. Lo describimos como “Paisaje de aprendizaje” porque se aprende en toda la escuela, espacio horizontal, diverso y cambiante. Conceptos como flexibilidad cualitativa o intrínseca que hacen referencia a la importancia de tener en cuenta la imaginación, la diversidad de intereses, ritmos de aprendizajes y personalidad de los estudiantes, convertidos en protagonistas del aprendizaje. Nos hacen pensar en la necesidad de potenciar todos los rincones escolares como recursos generadores y posibilitadores de buenas prácticas pedagógicas.

En busca de encontrar aulas posibles en distintos escenarios; de imaginarnos aprendiendo en lugares que resignificamos para reinventarnos, y así suscitar la fluidez genuina, natural y auténtica de las necesidades, intereses e inquietudes de las que son portadores los estudiantes, embarcados en esta labor tan propia del arte de enseñar, me despido hasta el próximo encuentro.

“Estudiar no es el acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas”

Paulo Freire

  ¡Les deseo un feliz domingo en compañía de un lindo paisaje!!!