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Crónicas al Voleo

Cuando el fútbol le devolvió al pueblo vasco su bandera

Por Germán Tinti

 

La Ikurriña fue izada por primera vez el 14 de julio de 1894 por Ciriaco Iturri. La enseña fue diseñada por los hermanos Luis y Sabino Arana y confeccionada por Juana Irujo. Era Bilbao, era el 22 de la Calle Correo, eran las 6 de la tarde, era la inauguración del local de «Euskeldun Batzokija«, semilla fundacional del Partido Nacionalista Vasco.

La Ikurriña presidió la salida de los equipos, ante el asombro de todos.

Para los pocos que no están familiarizados con el euskera, es necesario aclarar que la palabra ikurriña es un neologismo creado por Sabino, deriva de ikur, que en el idioma vascuense significa símbolo, y actualmente es el estandarte nacional vasco.

Pero no siempre fue así. Inicialmente fue el símbolo de Vizcaya y en 1936 fue adoptada como bandera nacional por el Gobierno Provisional Vasco. Pero el acceso al poder de Francisco Franco la sumió en la clandestinidad. Fue tan férreamente perseguida su exhibición que se convirtió en uno de los grandes símbolos de la resistencia y el independentismo de esa comunidad durante la larga noche del Franquismo, que se extendió por algo así como 40 años en los que las actividades políticas –así como las libertades– fueron clandestinas en todo el territorio español.

“El Caudillo” fue feroz con la excusa de intentar que España sea “Una, grande y libre” según rezaba el escudo del régimen. Buscó arrasar con las características particulares y la identidad cultural de las comunidades regionales. Fue particularmente cruel con el pueblo vasco. Para muestra basta la matanza de Guernika, pueblo que entregó a las bombas de los aviones de Hitler que estaban haciendo pretemporada en España. Prohibió la utilización de los idiomas; hablar vasco, catalán o gallego era delito. Pero también era una forma de rebeldía, como el fútbol. ¿Por qué? Porque los clubes de fútbol españoles son grandes referentes sociales de sus regiones de origen.

Y en el País Vasco los equipos más populares son el Real Sociedad de San Sebastián y el Athletic de Bilbao. Hasta hace algunas décadas ambos clubes compartían una característica: la de fichar exclusivamente jugadores nacidos en el Euskadi, o bien extranjeros descendientes de vascos. En la actualidad solamente los bilbaínos mantienen esa tradición.

¿En dónde se cruzan la Ikurriña con el derbi vasco?

Fue en una edición de este clásico que se exhibió la enseña vasca en un acto público mientras se mantenía vigente el gobierno franquista. Porque si bien cuando esto ocurrió Francisco Franco Bahamonde alimentaba gusanos en el Valle de los Caídos, el régimen mantenía su fiereza, aunque en retroceso. Era lo que se dio en llamar “La Transición”. En aquella época en el Nou Camp habían comenzado a aparecer algunas “Senyeras” entremezcladas con banderas del Barcelona. Pero la bandera catalana era tolerada. Pero la Ikurriña era asociada con ETA, la banda terrorista vasca que desde la década de 1950 venía haciendo volar por los aires a todo aquel que tuviera la mala suerte de estar al alcance de sus bombas. De hecho, quien por entonces era Ministro de Interior y vicepresidente del Gobierno español, Manuel Fraga Iribarne, ante la pregunta de un periodista de por qué se permitía la exhibición de todas las banderas regionales menos la ikurriña, respondió: “Hemos autorizado todas las banderas regionales menos la vasca porque no es una bandera regional, es una bandera separatista. (…) Y es una mala copia de la bandera inglesa; que, por cierto, no es un buen paralelo para un español, trasladar la Union Jack a otros colores. Y esa bandera para muchos vascos es un insulto, y para los españoles, por supuesto que lo es. Hay una diferencia entre una bandera por la cual se ha atentado contra la unidad española, y las banderas regionales como la catalana o la valenciana que están perfectamente limpias.  (…)Y en todo caso, antes de permitir exhibir esa bandera, pasarán sobre mi cadáver”. Sacala a bailar.

Josean De la Hoz Uranga, el mentor de la idea que fue germinando entre los jugadores.

Nada de esto parecía importarle a Josean De La Hoz Uranga, jugador del Real Sociedad y militante de base del nacionalismo vasco que por entonces agitaba abiertamente movidas antifranquistas e independentistas. Hijo de pescadores, Uranga llevaba adelante una promisoria carrera como futbolista profesional y se había recibido de perito mercantil primero y de abogado después, estudiando mientras actuaba como jugador de primera división.

En tempos de ebullición, Uranga vislumbró la idea de dar un fuerte mensaje nacionalista en ocasión del derbi vasco, previsto para el 5 de diciembre de 1976. Comentó la idea con su camarada –de equipo y de ideales– Inaxio Kortabarria. Entre los dos convencieron rápidamente a sus compañeros. El contacto con el plantel del Athletic de Bilbao llegó a través del arquero de los Leones bilbaínos: José Ángel Iribar, el  Chopo, uno de los mejores guardametas españoles de ese momento, titular indiscutido de la Roja hasta que en 1978 formó parte de la Primera Mesa Nacional de Herri Batasuna (Unidad Popular en euskera).

Iribar, por entonces el mejor arquero del fútbol español.

Iribar comentó la idea con sus compañeros y todos estuvieron de acuerdo. Los jugadores de ambos planteles se juramentaron mantener en absoluto secreto la decisión de que los dos equipos salieran juntos al campo de juego de Atoxa, el viejo estadio donde el Real Sociedad hacía las veces de local, portando una bandera nacional vasca.

Aquella fría tarde de un otoño acorralado por el invierno, a espaldas de todos; en medio de un secreto que solamente podía explicarse en el compromiso inquebrantable de los juramentados, 22 hombres enmudecieron a las casi 20.000 personas que colmaban las graderías del Estadio. Los dos equipos salieron formados en dos filas indias encabezadas por Iribar por parte de la visita y Kortabarría por el dueño de casa, portando entre ambos la tan prohibida y tan amada Ikurriña. El árbitro se enteró dentro de la cancha. La temida Guardia Civil reaccionó tarde, y teniendo en cuenta que todos los efectivos eran vascos, no realizó acción alguna.

Inaxio Kortabarria, otro de los que se arriesgaron a todo por su pueblo.

De alguna manera, esa tarde gris de domingo, Francisco Franco terminó de morir. Los jugadores del Real Sociedad: Arconada; Choperena, Kortabarria, Gaztelu, Olaizola; Diego, Murillo, Zamora; Idígoras, Satrústegui y López Ufarte; y del Athletic: Iribar; Lasa, Guisasola, Madariaga, Escalza; Oñaederra, Villar, Churruca; Dani, Carlos y Rojo; echaron las últimas paladas a la tumba del dictador.

Luego del partido, los festejos de la afición del Real Sociedad (había ganado 5 a 0) se transformaron en un mitín nacionalista. La “Benemérita” (así llaman a la Guardia Civil) se vio obligada a meter algunos palos, pero el objetivo estaba cumplido: la Ikurriña fue legalizada algo más de un mes después, y dos años más tarde se convertiría en la bandera oficial de la Comunidad Autónoma Vasca. Si bien Fraga Iribarne murió en 2012, su cadáver estuvo disponible para ser pisoteado 35 años antes.

La histórica bandera de Atoxa hoy es una pieza destacada del Museo del Real Sociedad en San Sebastián.

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