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Crónicas al Voleo

Doña Clotilde, de la guerra civil al amor secreto

Doña Clotilde, de la guerra civil al amor secreto
Por Germán Tinti (especial para Crónicas al Voleo)

Amor secreto. A la escena la sabíamos de memoria pero no por repetida era menos esperada. A la señora (señorita en realidad) entrada en años y ataviada con un perenne vestido celeste y un sobrero engamado se le iluminaba el rostro y se le encendía la mirada cuando se cruzaba en el patio de la vecindad con el flaco desgarbado que vestía jeans y remeras gastados y un irremplazable gorrito piluso y que pasaba de la desocupación absoluta a emprendimientos delirantes y desprovistos de futuro.

El diálogo entre ambos era tan previsible como efectivo. La dama, que también lucía un peinado anacrónico, le hacía una insinuación de indudable finalidad romántica, disfrazada de invitación a probar algún manjar creado por sus manos; o de recomendaciones para enfrentar al cobrador de la renta. Las proposiciones no eran inocentes y permitían vislumbrar una clara intención de pegarse un revolcón. La respuesta del galán (que en estos días provocaría un repudio casi generalizado) hacía alusión a la discutible belleza de la mujer, su avanzada edad y su supuesta relación con las artes ocultas.

Doña Clotilde sufría en silencio pero no perdía ni la esperanza ni la actitud. Y este es un breve resumen de la personalidad de la actriz que encarnaba uno de los personajes de la memorable serie «El Chavo del 8», de cuya primera emisión se ha cumplido medio siglo hace algunas semanas.

La pequeña guerrillera

Puede decirse que la infancia y adolescencia de María de los Ángeles Fernández Abad (Angelines Fernández para los que ya habíamos nacido cuando la comedia de Roberto Gómez Bolaños –a.k.a. Chespirito– salió al aire) fue por lo menos complicada. Nacida en Madrid en 1924; tenía 12 años cuando Franco apareció en escena, intentado un golpe de estado en contra del gobierno de la Unión Republicana, recientemente elegido en la fugaz Segunda República Española.

Angelines, al centro de la foto.

No demoró mucho María de los Ángeles en unirse a la guerrilla antifranquista, grupos de civiles que huían a las montañas (de allí sus apodos como «los del monte» o «fuxidos») para prepararse para el combate y realizar atentados y sabotajes contra las fuerzas nacionalistas. Cuando se incorporó a las fuerzas irregulares el fusil que le dieron era casi tan alto como ella. Pero ello no le impidió luchar durante toda la guerra civil y formar parte de la resistencia una vez que el dictador se instaló en El Pardo.

«Era de carácter fuerte. Para ella no había medias tintas, era blanco o negro; no podía ser gris. Era una mujer que tenía altos valores y a veces la gente no se los tomaba muy bien; entonces decían que tenía un genio de la fregada» recordaba su hija, Paloma Fernández, en una entrevista de 1999.

El camino del exilio

Pero la presión fue demasiada y, sintiéndose en peligro, decidió poner un océano entre ella y el franquismo y se exilió en México. «Al pertenecer a las guerrillas de España –explica Paloma– mi mamá fue catalogada como antifranquista, entonces ella necesitaba salir de su país natal, considerando que su vida era difícil. Llegó a México en 1947, después vivió en la Habana, mientras arreglaba sus papeles, y regresó para trabajar en las películas de Cantinflas y Arturo de Córdova».

En México fue recibida cálidamente, aunque no tuvo el estatus de refugiada política. Sin embargo, el gobierno de Lázaro Cárdenas había dejado una política de solidaridad y hospitalidad con los exiliados del franquismo.

Por este motivo logró obtener la ciudadanía mexicana con rapidez y dedicarse a actuar en cine, teatro, televisión y radioteatros. Tuvo papeles en unas 30 películas y otra cantidad similar de novelas de TV, pero sin lugar a dudas el personaje que le hizo una celebridad en todo el mundo de habla hispana fue el de Doña Clotilde en la compañía creada por Roberto Gómez Bolaños y el imperio Televisa.

La bonita vecindad

A la audición llegó por consejo de su gran amigo (y secreto amor), Ramón Valdez. El fue quien la recomendó especialmente a Chespirito. Fernández y Valdez se habían conocido en 1968, durante la filmación de «Corona de lágrimas». Desde entonces cultivaron una profunda amistad que se prolongó durante décadas. Si bien nunca hubo demostraciones públicas, amigos y relaciones de la época aseguran que Angelines amaba profundamente a Ramón, y que la fascinación que Rondamón provocaba en la Bruja del 71 no era actuado.

Era reconocida la fama de galán de Ramón Valdez, que estuvo casado algún tiempo con Araceli Julián y luego de la separación mantuvo numerosos romances que en total le reportaron una decena de hijos (peleaba palmo a palmo con el Diego, le faltó tiempo).

Cuando se sumó al staff de «El Chavo del 8» se acercaba a los 50 años. De todos modos hizo falta un gran trabajo de las maquilladoras para al menos tratar de velar un poco la extraordinaria belleza de su rostro, al que la guerra, el exilio y el paso del tiempo apenas pudieron hacerle mella.

Del adiós a Rondamón al adiós

La salida de Ramón Valdez del programa en 1979 por diferencias con Gómez Bolaños, no interrumpió la relación con Angelines. Su muerte (la de Valdez) en 1988 luego de una dolorosa agonía dejó devastada a Fernández. Fue la única integrante del staff de «El Chavo del 8» que asistió a su entierro; y luego de que la multitud que acompañó su último viaje se hubo retirado del cementerio Mausoleos del Ángel, Angelines permaneció llorando de pie junto al sepulcro de su querido amigo «Roro», como ella lo llamaba.

Angelines Fernández mantuvo con vida a La Bruja del 71 por casi 25 años; hasta que finalmente el cáncer la venció cuando tenía –cosas del destino– 71 años. Compartía con Ramón Valdez la adicción al cigarrillo y la enfermedad que los llevó a la tumba. Su última voluntad fue ser enterrada junto a su amado amigo. Ahora Angelinez y Roro descansan juntos.

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