En un escenario nacional marcado por la creciente conflictividad en las aulas y amenazas que ponen en vilo a las comunidades educativas, los alumnos del IPEM 97 de nuestra ciudad lanzaron una valiente iniciativa para transformar el temor en un mensaje de convivencia y esperanza.
En tiempos donde los episodios de violencia en las escuelas se repiten cada vez más tanto en la provincia de Córdoba como en el resto del país, surge una respuesta que invita a la reflexión. Estudiantes del IPEM 97 «Independencia» decidieron no ser meros espectadores y tomaron la palabra para decir «basta».
A través de una potente pieza audiovisual, los jóvenes sentaron una postura clara frente a las recientes amenazas que han afectado a diversos establecimientos. Con una madurez que interpela al mundo adulto, los alumnos desarmaron la lógica del miedo con una frase que ya resuena en toda la ciudad: “Que nuestras paredes hablen de vida y no de miedo”.
Uno de los puntos más firmes del mensaje apunta a desnaturalizar las falsas alarmas de violencia que se han vuelto moneda corriente en algunas instituciones. “Una amenaza de tiroteo no es una broma pesada, es un síntoma de que algo nos está pasando como comunidad”, expresaron. De esta manera, ponen el foco en que estas acciones no son hechos aislados. Sino señales de un tejido social que necesita ser reparado desde la empatía.
El comunicado busca generar conciencia sobre el impacto psicológico que estas «bromas» tienen sobre sus pares y el personal docente. Para los estudiantes, la escuela no puede ser un lugar de zozobra. Por el contrario, reivindican que “la escuela es el lugar que debería ser nuestro hogar”.
La importancia de elegir el diálogo
Frente al ruido de la violencia, el IPEM 97 propone el silencio de la escucha activa. Los alumnos enviaron un mensaje directo a aquellos compañeros que puedan estar atravesando crisis emocionales o situaciones de vulnerabilidad: “Hay otras formas de ser escuchado que no incluyen el miedo o la violencia”. Con este llamado, promueven el diálogo y el pedido de ayuda como las únicas herramientas válidas para canalizar el malestar.
En un contexto donde las malas noticias parecen ganar la partida, este gesto de los estudiantes de Alta Gracia se convierte en «la buena de la semana». Es un recordatorio necesario de que existe una juventud comprometida que entiende que la construcción de un entorno seguro es una responsabilidad compartida.
«La escuela la hacemos entre todos«, concluye el mensaje. Dejando una semilla de esperanza en una comunidad educativa que hoy, más que nunca, necesita de estos gestos de madurez y compromiso colectivo.
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