Por Raúl Pourtau, exclusivo para AGNoticias
En esta columna semanal, seguimos repasando historias que viven en la historia del tango. La semana pasada comenzamos a contar sobre la vida y la obra de Juan D´Arienzo, y prometimos continuarla, así que en eso estamos este domingo…
Al hablar de tango, es imposible no hacer referencia a D´Arienzo. El «Rey del Compás» marcó una época y significó mucho para los amantes del 2 x 4. Pero continuemos contando su historia…
Habíamos dicho que su agrupación estaba compuesta por Juan Carlos Howard en el piano. Francisco Fiorentino como bandoneonista quien ocasionalmente actuaba como estribillista grabando en esta última condición en 1929 una serie de versiones. La orquesta se completaba con Ciriaco Ortiz como primer bandoneón, Vicente Gorrese en piano, Juan Puglisi en bajo y Carlos Dante en los cantables.

Si bien D´Arienzo logró progresar con su orquesta, no podía ser ajeno a la crisis que trajo aparejada lo que se llamó política y socialmente la «Década Infame». Un período de nuestra historia política que comenzara con el golpe encabezado por el General José Félix Uriburu deponiendo al gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen en los albores de los años treinta.
En lo que al tango se refiere, y para ir encuadrando y contextualizando la historia, en este período sucedió el trágico episodio que terminó con la vida de Carlos Gardel. por su parte, en el ámbito del séptimo arte, ya había comenzado a instalarse el cine sonoro, y todo ello trajo consigo consecuencias de las buenas y de las otras.
En estos años que relatamos, las oportunidades laborales se hicieron cada vez más escasas, y el ámbito del tango no fue la excepción. Sus protagonistas sufrían a diario estos avatares negativos.
Sin embargo, un hecho que produjo la orquesta de Juan D´Arienzo habría de cambiar la situación y paradójicamente, le abriría las puertas a lo que dio en llamarse la «Década de Oro del tango». Algo revolucionaría el ambiente y lo cambiaría para siempre.

Todos a bailar
Lo contamos. D´Arienzo, director de la orquesta, con la colaboración del pianista del conjunto, Rodolfo Biagi comenzaron a implementar un estilo bailable que impulsaría al público tanguero de una manera diferente. Lo invitaría a concurrir a los salones bailables. El tango no solo fue para ser escuchado, sino también bailado masivamente con un estilo muy particular.
Este cambio fue seguido por sus colegas, aunque vale aclarar que con el paso del tiempo, cada orquesta iría adoptando el estilo que le iban imponiendo sus directores.
Pero el público ya le había tomado el gusto al baile como factor importante de su habitual distracción. Y eso fue un revulsivo más que suficiente para que la música ciudadana resurgiera y creciera. Pero esa historia la seguiremos contando el domingo que viene…




