Por Raúl Pourtau, exclusivo para AGNoticias
Francisco Fiorentino fue mucho más que una voz del tango: comenzó como bandoneonista, brilló como estribillista y se convirtió en uno de los grandes cantores de orquesta. Su recorrido junto a figuras como Canaro, Troilo y Piazzolla lo consagró como un emblema de la época dorada del género.
Aunque su hermano Vicente era violinista, a pedido de Francisco Fiorentino le regaló un bandoneón. Fue el uruguayo Minoto DeCico —primer fueye de la orquesta de Francisco Canaro durante muchos años— quien lo encaminó en el manejo del instrumento.
Sus primeras presentaciones públicas fueron junto a su hermano Vicente, recorriendo distintos escenarios tanto de la Capital como del interior del país. En 1928 se sumó a la orquesta de Francisco Canaro como bandoneonista, aunque en algunas ocasiones el propio director le permitió actuar como cantor. Esa doble función marcaría su carrera: con diversas agrupaciones se desempeñó como estribillista y llegó a grabar varios temas.
Fiorentino pasó por las orquestas de Juan Carlos Cobián, Roberto Firpo, Pedro Maffia, Juan D’Arienzo y Roberto Zerrillo, entre otros. Pero el tiempo de los estribillistas comenzaba a desvanecerse para dar paso a los cantores de orquesta con nombre propio.
En ese contexto, Aníbal Troilo, decidido a formar su propia agrupación, convocó a Fiorentino para integrar su primera orquesta. El debut fue en el cabaret Marabú en julio de 1937, con Osvaldo Goñi como pianista y director musical. Pichuco, Goñi y Fiorentino fueron el corazón de una formación que alcanzaría un éxito rutilante y marcaría una época dorada del tango.

En marzo de 1944, Fiorentino se desvinculó de la orquesta de Troilo y se sumó al conjunto de Osvaldo Goñi, quien también había decidido alejarse del maestro. Pero no pasaría mucho tiempo hasta que Fiorentino se animara a la independencia. En septiembre de ese mismo año, decidió formar su propio conjunto y convocó nada menos que a Astor Piazzolla para que lo acompañara como director musical.
Ambos artistas, inquietos y decididos, eventualmente siguieron caminos solistas. Pero el registro que dejaron juntos fue significativo: con Piazzolla, Fiorentino grabó 16 temas que hoy forman parte de la historia grande del tango argentino.





