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Queríamos tanto a Luchi

El Gordo Luchi. Un muchacho de barrio que hizo un culto de la amistad, y que eligió vivir su vida de la forma que más le gustaba.

Del archivo de COSAS NUESTRAS recordamos la vida de Luchi. Del Gordo Luchi, como lo conoció la ciudad toda.

Luchi fue, fundamentalmente, un buen tipo. Divertido, noctámbulo, bohemio, amigo de sus amigos, un muchacho de barrio que vivió a su manera y transitó sus días de la forma que él eligió hacerlo.

Hablar del “Gordo” Luchi en un par de páginas es intentar resumir en pocas frases una historia de vida repleta de anécdotas, plagada de vivencias, desbordante de amistades.

Una historia con mucha noche, buen vino y excelente mesa.

Luchi fue muchas cosas en vida: futbolista, asador, chef… pero también fue hijo, fue hermano, fue nieto. Y así queremos abordar su vida a modo de recuerdo y homenaje.

Porque el Gordo Luchi, antes de ser el Gordo Luchi, fue Luis Alberto Guzmán, un muchacho de barrio que se comió literalmente la ciudad hasta convertirse en parte de la misma.

Luisito tuvo su primera infancia en barrio Sur, allá donde la barriada se choca con el Oratorio de los Salesianos. Justo frente a la Iglesia, vivía junto a su madre, que cuando salía a trabajar lo dejaba al cuidado de los curas y de quienes trabajaban allí. Por eso, por aquellos años niños, Luis hasta formó parte de los Exploradores de Don Bosco. Así de identificados con aquella zona de la ciudad estuvieron sus primeros años de vida.

Luego, las circunstancias lo fueron llevando a otras calles, a otros barrios. Y allí seguirá su historia…

Año 1956. Escuela 282 Víctor Mercante. Luis en Segundo Grado.
Cuando Luchi era Luis

Luis Alberto Guzmán nació el 26 de octubre de 1946. Fue anotado con el apellido de su abuela, con quien tendría una fluida relación toda su vida.

De niño, como dijimos, vivió frente a los Salesianos, en barrio Sur, en calle Tucumán. Pocos años más tarde, su vida transitaría por el mítico barrio Gallego, junto a su abuela. La casa de Anatole France 255 se convirtió en el punto de referencia de los pibes del barrio, su primer grupo de amigos. Niño, adolescente, se crió en aquellas calles cercanas al Parque del Sierras.

Su primaria -que a duras penas terminó entre cuadernos y pelotas de trapo- la hizo en la Víctor Mercante. Bien de barrio.

De ahí su histórica relación con River, con el mismo Vélez. “Era amigo de todos los chicos y muchachos que jugaban en River, y jugó ahí. También jugó al basquet, en Vélez. Cruzaba el pasaje y salía a la Lucas Córdoba, y de ahí iba al club”, recuerdan Marta y Alicia, sus hermanas.

Eran los tiempos de Luis deportista, un muchacho de buen físico para el fútbol, o para fajarse bajo los tableros.

“Fuimos amigos de siempre, el tiempo que más pasamos juntos  fue cuando estábamos en River, él era marcador central en la reserva y por supuesto con un físico envidiable en esa época para el puesto… un gran cabeceador en las dos áreas”, recuerdó alguna vez el querido Tito Tettamanti.

Vistiendo la camisa del glorioso y perfumado River Plate de barrio Gallego.

Los amigos del barrio lo llevaron a tener su primer trabajo. “No podía estar si no hacía amistades. Jugaban a la pelota en la calle y ahí se hicieron amigos con los Fuentes (Raúl y Carlos sobre todo), y de chico empezó a trabajar con Pepe en el camión rojo del Expreso”, recuerda Marta.

Luis comenzaba de pibe nomás a amar la calle. Su vida pasaba por los amigos, el barrio, el salir temprano y volver tarde. Poco a poco iba convirtiéndose en Luchi, el personaje que toda la ciudad terminó conociendo y queriendo.

Toto López, otro amigo del barrio recuerda: “jugaba bien, de 2 o de 5. Cuando engordó pasó a ser el masajista de la Primera. Recuerdo las reuniones en el almacén de Don Manuel Fuentes. Nos  juntábamos con los grandes, que nos dejaban acercar de a poco. Nos mandaban a comprar vino a lo Martinessi; cuando Don Manuel se enojaba nos echaba a todos”.

Luchi trabajó un tiempo en la textil de Liberali. Pero no duró mucho. No era pájaro para estar encerrado…

En el dialogar con sus hermanas, van saliendo a la luz fotos de Luchi. De explorador. Como futbolista. De cuando decía ser “técnico” de basquet. Fotos de Luchi flaco, de Luchi gordo. Y todas, todas… de Luchi con amigos. Hizo un culto de la amistad, aún cuando muchos no le pagaron de la misma manera.

Junto a Federico Ferreyra y varios más, en uno de los tantos asados del taller de Parisi.
El amigo ideal

Todos coinciden, a la hora de recordarlo, en que era el compañero ideal para un asado, para una ronda de cervezas, para un café en San Remo o el Petit, o para salir de caravana una noche sin límites de horario. “Era un fenómeno. Estar con él era escuchar una tras otras salidas increíbles, era una máquina de decir cosas que no había forma de no reirse, tenía una chispa distinta a todos”, recuerda Gilfredo Parisi, quien fue su anfitrión en el taller, de inolvidables asados en los que Luchi era mucho más que el asador. “Esa era su vida, la que eligió. La de constante jarana con sus amigos. Vivió feliz así. Lástima que fue corta, aunque intensa”, dice Alicia.

De Talleres y Radical

El Gordo Luchi era radical hasta la médula. Cuentan sus más cercanos, que cuando Eduardo Angeloz venía a Alta Gracia a visitar correligionarios, pedía que el asado lo hiciera Luchi. Fue él quien hizo las vacas con cuero cuando Alfonsín visitó nuestra ciudad. Toto Valdez cuenta: “Cuando vino el Presidente, estuvo en la organización de la recepción en el Deportivo Norte. Se asaron 11 vacas con cuero. Me acuerdo que llovió toda la noche y nos prestaron lonas de camiones para taparlas. Luchi tenía la costumbre de hervir una gallina para ir picando. Esa  noche, por los nervios y la lluvia, se comió dos”.

Allí donde había un radical, Luchi decía presente.

Pero también le tiraban los colores albiazules de Talleres, y le tocó vivir la mejor época de la “T”, los setenta. “A la parrilla caían los jugadores de Talleres, sobre todo el Loco Willington. Eran muy amigos y Luchi obviamente, nunca les cobraba. Al Loco lo traían refugiado cuando estaba en falta y acá se escapaba de la prensa”, cuenta su cuñado el Negro Roldán recordando inolvidables veladas en la Parrilla de la que fuera dueño junto a Luchi.

Luchi y la cocina

Luchi fue un gran asador, un eximio cocinero. Junto a su cuñado y al Gordo López fueron socios en la Parrilla El Patio, en la Lucas V. Córdoba a espaldas de la cancha de Vélez. Por sus mesas pasó la ciudad. Con el tiempo, fue quedando al frente del negocio, para darse cuenta que lo suyo no era manejar comercios.

En Albeniz, junto a los mozos.

Luego, fue a trabajar a Albeniz, un restaurante que hizo historia en Alta Gracia, donde fue el símbolo de la excelente cocina que tenía el lugar. Su dueño, Don Rodolfo, tenía tanta confianza en él, que cuando se iba de vacaciones, lo dejaba a cuidar el restaurante.

“Poco después de los años en barrio Gallego, la historia real de Luchi siguió de noche con amigos que ya no están como el gordo Vázquez o el Gordo Lozano… me acuerdo que se habían adueñado de una mesa en la ventana que daba a la calle en el viejo Petit Colón. Era pasar por ahí y verlos todos los días”, sigue rememorando el “Cabezón Tettamanti”.

Lo cierto es que hasta sus últimos días estuvo cerca del deporte. Ya no jugando, claro; pero colaborando, acompañando, formando parte. Junto al Gordo Vázquez se acercó al Deportivo Norte y se hizo figurita repetida en cada partido. Y por supuesto, en cada asado.

¡Que mesita, papá!
A su manera

Luchi era bueno, bonachón. Tal vez hasta “demasiado” bueno. Nunca quiso nada para él. Cuando tenía, daba. Y cuando no tenía nada, siempre ofrecía una espalda amiga donde apoyarse. Así fue su vida, viviendo el día a día, sin pensar más allá. Nunca se casó ni formó pareja, eligió tener a “sus chicas”. Aquellas que trabajaban en la whiskería que -como un giro del destino- estaba ubicada justo justo frente a su casa cuando Luchi se mudó a calle Mosconi.

Pasaron los años, pero él nunca dejó de ser el tipo simple de barrio. “Nunca se olvidó de aquellos a los que conoció de pibe. Siempre había un saludo y una anécdota que recordar con él”, rememora Toto López, amigo del fútbol y de la vida.

Luchi, Luis Alberto Guzmán, falleció el 14 de julio de 2000. Hace muy poquitos días, se cumplieron 20 años de su partida, y esta nota viene a ser el homenaje adeudado hacia él.

“El, luego de los asados y de recorrer bares y reuniones de amigos, terminaba la noche en la whiskería y tipo siete de la mañana se cruzaba a la casa a acostarse. Así fue su vida”, resume su hermana Marta.

Luis, de joven, junto a Marta y Alicia, sus hermanas.

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